Todos conocemos a alguna persona que padece la temida enfermedad que ataca a nuestra memoria, a nuestro pensamiento y a nuestro comportamiento. Aquella enfermedad que nos intenta quitar lo que somos y cada uno de nuestros recuerdos, aquella que nos hace retroceder en el tiempo hasta volver a ser como niños, aquella por la que tantas personas dejan de reconocer a sus familiares, amigos, vecinos…, aquella que nos intenta quitar todo lo que somos y queremos seguir siendo.

«La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia: se calcula que representa entre un 60% y un 70% de los casos» (OMS, 2017).

Esta enfermedad conocida como Alzheimer afecta a miles de familias que intentan comprender el motivo por el que su padre, su abuela, su tía, su madre, su amigo…con el que han compartido tantos buenos momentos juntos no los consigue recordar y saben que, posiblemente, jamás volverán a reconocer sus rostros.

El hecho de que una de las personas de tu entorno más próximo padezca esta enfermedad implica entrar en una compleja situación que, en ocasiones, provoca que se nos caiga el mundo encima y nos comencemos a preguntar «¿y porqué él?», «¿y porqué a nosotros?», «¿qué mal hemos hecho para que nos suceda esto?»

Esto nos enseña a que hemos de aprovechar nuestro día a día junto con todas aquellas personas a las que queremos para que en el día de mañana no podamos decir «y si nos hubiéramos ido de vacaciones», «y si nos hubiéramos quedado un rato más», «y si nos hubiéramos abrazado», «y si nos hubiéramos ido de acampada», etc.

Y así, poder recordar los momentos que pasamos juntos con alegría porque aunque él o ella quizás ya no lo puedan recordar; nosotros sabemos lo fantástico que fue pasar un día juntos y nos acordaremos de todas y cada una de las risas que pudimos compartir.

Sin embargo, el hecho de que un ser querido padezca Alzheimer no significa que dejemos de hacer cosas con ellos sino que podemos continuar construyendo nuevos recuerdos que podremos rememorar cuando no podamos volver a verlos.

Disfrutemos de todos y cada uno de los instantes que nos da la vida para poder ser nosotros mismos con las personas que queremos y, de esta manera, conseguiremos poder recordar nuestro pasado con una gran sonrisa, porque ¿la vida sin felicidad es vida?

Podemos continuar riendo y soñando junto con esta enfermedad siendo conscientes que la persona que la padece no es la misma en su plenitud debido a que no puede llevar a cabo la vida diaria que antes tenía, o bien, podemos dejar de soñar y desvanecernos.

Podemos ser felices conviviendo con el Alzheimer o dejar que este nos gane y dejar de crear nuevos instantes de felicidad que jamás podremos recuperar. Nosotros somos los únicos que decidimos ya que disponemos del control de nuestras vidas y hemos de sentirnos libres de escoger el camino que queremos: ganar recuerdos o dejar de disfrutar de nuevos instantes junto con ellos.

Sé que es duro ver como él o ella ha cambiado y observar que la persona a la que quieres no te reconoce pero hemos de ser fuertes tanto por nosotros como por ellos y preguntarnos ¿de qué me arrepentiría en un futuro si ya no le tuviera? Y eso, eso que has pensado es lo que quieres hacer. Así que, !Hazlo¡ Todavía estás a tiempo, aún no es tarde.

Dicho esto, CARPE DIEM.