«Ni tu peor enemigo puede dañarte tanto como tus propios sentimientos»

Buda

La terapia de aceptación y compromiso (ACT) está ganando cada vez más terreno en las consultas privadas y públicas. Además de contar con un número imponente de estudios que asientan sus cimientos. Ahora bien, ¿qué es lo que la diferencia de las demás?

 

Terapia de aceptación y compromiso: Historia y Definición

Investiguemos un poco en sus orígenes…

Fue concebida allá por los 80′ por Steven Hayes, Kelly Wilson y Kirk Strosah. Hayes sufrió durante años (como relata el vídeo) ataques de pánico severos. Las experiencias que vivió lo condujeron a «tocar fondo» y a replantearse su manera de afrontar la vida. El golpe final le sirvió para construir una nueva etapa en la que se enfrentaría a las causas que lo guiaron hasta ese punto. Pero decidió no enfrentarse a ello de una manera defensiva, sino de una manera pacífica, reconciliándose con todos los pensamientos y emociones que surgían de sus vivencias experienciales.

¿En qué consiste?

Uno de los objetivos que persigue es conseguir liberarnos del daño que  nos autoinfligimos mediante los pensamientos destructivos.  Esa capacidad en la que algunos somos increíblemente hábiles: El autosabotaje.

Según Hayes (1999), «El sufrimiento psicológico es debido, en gran parte, a la intromisión del lenguaje simbólico en áreas de la vida donde no es funcionalmente útil«.

Otro de sus propósitos es promover la flexibilidad psicológica a través de la aceptación de todas los componentes que integran nuestra forma de ser. Pero, ¿qué mecanismos propone para conseguirlo?

Herramientas

  • Aceptación- Otras terapias de corte cognitivo se centran en transformar el diálogo interno que nos lleva a atribuir a nuestros pensamientos, una veracidad incuestionable. Pero la ACT, trata de que admitamos que el sufrimiento y las experiencias negativas van a formar parte de nuestra vida inevitablemente. La clave está en aceptarlo y «soportarlas» con un nivel de malestar que no interfiera en nuestra vida significativamente.
  • Defusión cognitivaNuestros pensamientos negativos NO son verdades absolutas, SOLO SON PENSAMIENTOS. Cuando permitimos que invadan la mayor parte de nuestro tiempo, es cuando se vuelven intrusivos y comienzan a provocarnos emociones que nos paralizan. ¿Y cómo echar el freno? Pues observando como un espectador, sin juzgar las emociones o las causas que las provocan. Dejarlas pasar y no abrirle la puerta a la hiperreflexibidad que ningún bien nos hace. En este enlace podéis acceder a los ejercicios detallados.

 

  • Eliminar la evitación experiencial-  La sociedad en la que vivimos promueve la dictadura de la felicidad, y nos ha hecho interiorizar ese sentimiento de tener que ser felices la mayor parte del tiempo, evitando a toda costa sentir otras emociones como la ira o la tristeza. Debemos sentir con la misma apertura emocional la tristeza y la alegría (sin juicios valorativos).  Aquí es donde interviene la evitación experiencial, que no es más que la evitación activa de recuerdos, emociones, pensamientos o experiencias que no deseamos experimentar porque las consideramos dolorosas o negativas. Al poner sobre la parrilla todos nuestros esfuerzos en evitarlos, recibimos un refuerzo inmediato porque escapamos de la situación (pero no dura mucho). Si esta manera de afrontar los problemas la extrapolamos a todos los niveles de nuestra vida y la convertimos en una estrategia habitual, estaremos alimentando un círculo vicioso que nos puede dañar profundamente.
  • Investigar introspectivamente en nuestro interior para poder encontrar qué nos motiva realmente y detallar un plan de actuación para conseguir nuestros objetivos.

Aplicaciones

¿A quién puede beneficiar?

Es realmente útil en personas que sufren ansiedad, depresión, trastorno obsesivo compulsivo, personas que sufran problemas de adicciones y en trastornos de la conducta alimentaria y de estrés postraumático. Aunque cualquier persona que quiera mejorar su estilo de afrontamiento para dejar a un lado las rumiaciones, puede beneficiarse. La llave está en nuestro interior, aunque necesitamos ayuda para aprender a utilizarla.

Los últimos estudios también han probado su eficacia en pacientes con cáncer, demostrando que se consigue una disminución moderada de la sintomatología de ansiedad, depresión y distrés mejorando su calidad  de vida y expectativas ante la vida (García y Tamayo, 2018).

También es eficaz en personas que sufren dolor crónico y epilepsia.

 

¿Cuándo se comienzan a ver los resultados?

Ninguna terapia es mágica por sí misma, ni promete resultados inmediatos sin esfuerzo continuado. Toda una vida dejándonos manipular por esa voz interna que nos limita y nos doblega, no se pulveriza en unos minutos.

Cada persona, es un mundo. Y la efectividad depende de muchos factores (nuestra perseverancia en incorporar las herramientas a nuestro repertorio habitual, la comorbilidad con algunos trastornos). Pero si incorporamos en nuestro día a día estos sencillos ejercicios con la ayuda del terapeuta (hasta que logremos no atribuir más poder del que tienen los pensamientos), nuestra forma de afrontar la vida puede cambiar a mejor en un periodo de tiempo relativamente corto.