No suelo ver la televisión, y cuando ese milagro ocurre, intento ver las noticias para saber qué pasa en el mundo aunque termino viendo, lo confieso, tras mucho zapping, algún programa de reformas del hogar, programas de «cómo se hacen las cosas», de cocina, o el día que estoy más intelectual, de curiosidades científicas,… No me juzguéis.

Lo que últimamente hago, aunque intento espaciarlo en el tiempo, es ver series.  No puedo ver una serie actual. El goteo de episodios semanales y las eternas temporadas, hacen que mi interés desaparezca pronto por mucho que me haya gustado el capítulo que me reveló su existencia. No suelo recordar el canal, día u hora en que vi el episodio, y mi cerebro, para que negarlo, tiene una capacidad finita, por lo que no malgasto energía ocupando espacio con información no vital, así que veo series antiguas con todas sus temporadas y episodios disponibles.

Dicen que las series «enganchan» porque tienen algo con lo que el espectador se siente identificado o porque despiertan algún interés en él. La verdad es que poco tengo que ver con los guiones de series americanas que veo, las cuales, he de decir, siguen haciendo uso de los estereotipos de hace años pese a la evolución social de las últimas décadas. Véase, negros adictos al crack, asistentas latinoamericanas, policías, blancos guapérrimos y sensibles que se enamoran de la chica guapa del instituto, y los malos, pues los de siempre, con el estereotipo de siempre.

Estas cosas no pasan en el cine y la televisión española…

… ¿y por qué no pasan?

Es  verdad que el fenómeno migratorio en España, y me refiero a este país como destino migratorio no como punto de partida, es relativamente reciente en comparación con otros países, pero ha pasado ya el tiempo suficiente como para que de esos primeros emigrantes que se instalaron en España hayan nacido segundas y terceras generaciones, hijos y nietos de nacionalidad española que parecen no existir, en cuanto a cine y televisión se refiere.

Según el portal de estadísitica, statista.com, la España de 2018 es el hogar de todas estas nacionalidades:

Extranjeros residiendo en España

La multiculturalidad que representa el cuadro anterior y que se puede apreciar en las calles, colegios, comercios de toda España, no está representada ni en nuestro cine ni en nuestras pantallas, ni si quiera con estereotipos.

¿Cuál es nuestra actitud?

Hoy en día, seguimos preguntando a un chino, a un  negro, o a un musulmán de donde es, aunque la probabilidad de que nos diga que es español, sea alta. Es más, incluso nos sorprenderá y le diremos, ¡qué bien hablas español! porque no asimilamos que pueda ser su lengua materna.

No digamos lo raro y cómico que nos resulta, cuando por circunstancias geográficas el español descendiente de inmigrantes de nacionalidad china, por ejemplo, nos habla con algún tipo de acento,…Esos niños nacidos, crecidos y educados en España, de padres rusos, polacos, árabes, chinos o latinoamericanos, que han estudiado sus carreras, que están accediendo al mercado laboral y que no tienen un hueco en nuestras series de adolescentes de instituto, de universitarios o de series de barrio, parecen no existir. Al parecer no hay mujeres, ni negros, ni chinos, ni polacos, que hayan estudiado periodismo, política, economía o ciencias como para que participen y colaboren en todo tipo de programas de televisión. No hay personas de etnias distintas con formación suficiente como para que tengan presencia en series de televisión, películas de cine o programas de televisión distintos a las series, que reflejen la realidad social de nuestro país.

España es más y es muy distinta a la España de hace 40 años. ¿Por qué no hay presentadores que no sean sólo blancos, contertulios de programas de actualidad que no sean sólo blancos, humoristas que no sean sólo blancos, o presentadores infantiles que no sean sólo blancos en nuestra televisión?(Honrosa excepción la de Lucrecia y los Lunnis).

No nos engañemos, la televisión tiene un gran poder, ya lo vimos en el artículo sobre la manipulación mediática publicado hace unos meses. Lo usan políticos, periodistas, empresas, por nombrar solo algunos,  para llegar a todos, para comunicar, para divulgar, para vender,…y sí, escuchamos todos, aprendemos todos, consumimos todos, pero no todos los segmentos y comunidades de la población estamos representados, lo cual debería ser una obligación para facilitar la inserción, para acabar con los estigmas y para fomentar la igualdad. A ver si entre todos, aunque sea poco a poco, acabamos con los estereotipos y con la discriminación.