Si se te da bien sentarte en una silla por largos periodos de tiempo y eres capaz de analizar, estructurar y memorizar información rápidamente, ¡enhorabuena! tienes todos los talentos que encajan en el sistema educativo actual. Sino, no te preocupes, podrías ser el nuevo Einstein.

Año tras año, España se queda a la cola del informe PISA junto con miles de niños y jóvenes que se ven atrapados en un sistema educativo mal diseñado, obsoleto, variable e ideologizado. A estos niños que no responden de la manera requerida se les da el temido diagnóstico: “Usted padece de dificultad en el aprendizaje”.  A Einstein le dijeron que nunca llegaría a ningún sitio, a Winston Churchill que su trabajo escolar era un insulto a la inteligencia, a Balzac que era indisciplinado y distraído, Unamuno suspendió la asignatura de literatura y a Bill Gates tenían que pagarle para estimularlo al estudio.

Resulta que estas dificultades son solo una descripción de un comportamiento que irrita a los profesores pero ni mucho menos son una sentencia de fracaso. Desgraciadamente, el sistema escolar está diseñado para una gama muy limitada de talentos y no permite el desarrollo de la creatividad, del aprendizaje vivencial y diverso, de la educación emocional y de la atención a las necesidades individuales.

Ya desde la educación infantil se aprecian los primeros problemas:

  • La separación temprana de las figuras de apego.
  • La mala adaptación.
  • La obligación de seguir normas que impiden al niño su actividad natural de juego y experimentación.

En la primaria estos problemas se agravan:

  •  Fomento de la estandarización y la memorización
  • Cantidad excesiva de deberes.
  • Exámenes que no valoran la creatividad y la curiosidad.

Así, los alumnos llegan a la secundaria sin capacidad de preguntarse sobre ellos mismos, sobre lo que les gusta o lo que se les da bien y sin capacidad de pensamiento crítico.

Ante esta situación aparecen las pedagogías alternativas que permiten que los estudiantes sientan pasión por el aprendizaje, trabajando con la idea de que no todos deben aprender lo mismo a la vez. Mireia Long creadora, junto con Azucena Caballero, de la Pedagogía Blanca, propone:

“Un sistema en el que se fomentara el placer por leer, cada uno a su ritmo. Que ofreciera una verdadera enseñanza personalizada, orientada a las áreas de interés del alumno y a sus necesidades reales. Que aprovechara las horas lectivas y no precisara dos o tres horas de trabajo adicional en casa. Que permitiera aprender sin memorizar libros de texto. Que consiguiera que los niños disfrutaran aprendiendo y lo hicieran, sobre todo, mediante la experimentación, la vida y el juego.”

Por su parte, Alicia López, fundadora y directora del Centro de Psicología López de Fez, en Valencia declara:

“Lo deseable sería adaptar los criterios de enseñanza al estudiante. La práctica demuestra que en grupos reducidos de alumnos, con atención individualizada, estos aprenden más y están más motivados. Esto requiere recursos y profesionales motivados y formados en altas capacidades. El sistema escolar debería contemplar, además de la adquisición de conocimientos académicos, la educación emocional de los alumnos y el desarrollo de sus habilidades sociales (enseñándoles a ser asertivos) para fortalecer su voluntad e introducir hábitos de esfuerzo, autodisciplina y automotivación.»

Todas las personas tienen una dosis de talento, si miramos a los niños basándonos en sus fuerzas, sus posibilidades y sus deseos de crecer en la dirección de sus ambiciones y aspiraciones, los llevaremos a una motivación por el desarrollo de sus habilidades personales que puede resultar en el nacimiento del próximo genio de nuestra generación.

 “La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado lo que aprendió en la escuela.” Albert Einstein.