—¿Edad?— Pregunto el doctor.
—35— Contesto la paciente.
—¿Hijos?
—3.
—¿Parto natural o cesárea?
—Parto natural.
—¿Qué edad tenía en su primer parto?
—28.
—¿Los amamantó?
—Si.
—¿Antecedentes familiares de cáncer de mama?
—No.
—¿Usó anticonceptivos o reemplazo hormonal?
—No.
—Llamativo— dijo el doctor —Usted no tiene antecedentes de riesgo.

Todas las campañas de prevención del cáncer de mama hacen hincapié en los antecedentes de riesgo, pero ¿qué pasa con aquellas mujeres que no tenemos antecedentes de riesgo?, pues nos relajamos, creemos que pertenecemos a ese privilegiado grupo del “A mi NO me va a suceder”. Y cuando ocurre, nadie nos preparó, nadie nos dijo, -tú también puedes engrosar esa estadística de mujeres con cáncer de mama-, y entras en shock y piensas ¿Por qué a mí?.

Luego del estupor inicial, del miedo que paraliza, de ver pasar toda tu vida frente a ti en apenas segundos, surge una nueva pregunta.

¿Y ahora qué?

Y lo que sigue no es grato, es una batería de estudios, mamografía, ecografía, tomografía, resonancia, analítica, todo ello para confirmar el diagnóstico. Luego una nueva cita, ahora el cirujano, es quien te dice que te tiene que extirpar los dos pechos, -que si todo va bien, pondrá unos implantes-, -que si todo va bien, en poco tiempo retomaras tu vida normal-, conducir un coche, un mes, coger en brazos a tu niña de apenas 9 meses (¿cómo le explicas a una bebé de nueve meses que no la puedes coger en brazos?), dos meses, fregar los pisos de tu casa, dos meses, cuidarte y controlarte toda tu vida.

En mi caso todo fue bien, la biopsia tardó demasiado, treinta días esperando para saber si era necesario la quimioterapia o la radioterapia, o si ya todo había acabado. Pero nunca acaba, porque luego tienes que cuidarte y controlarte más que antes, y siempre vuelve la angustia, cada seis meses, ante los resultados, y respiras aliviado al ver que todo “por ahora” marcha bien.

¿Vivir o sobrevivir?

La personas te dicen que debes estar agradecida de que todo fue bien, que disfrutes la vida, que todo marcha bien. Uno aprende a vivir de otra manera, uno aprende que sobrevivir al cáncer es una nueva oportunidad que te da la vida para que aprendamos a vivirla de otra forma, que no somos infalibles y que no es lo mismo vivir que sobrevivir.

Y al final de cuentas de eso se trata esta historia de vivir, estar vivos hasta en nuestra última célula, aun en aquellas que son malignas, vivos de verdad, tratando de disfrutar cada día, de sentir el sol del verano en la piel, o el frío del invierno en los huesos, dejar que el viento te despeine, que te duela la barriga de tanto reír o los ojos de tanto llorar, mirar al que va a nuestro lado en el autobús y regalarle una sonrisa, escuchar un momento a esa vecina anciana que vive sola en el piso de arriba, dejar el móvil, la tableta y el ordenador y salir a jugar al parque como cuando éramos niños con nuestros hijos.

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Hoy no voy por el mundo con la misma actitud, hoy veo las cosas desde otra óptica, no me fío de las campañas publicitarias, yo NO tenía antecedentes de riesgo, simplemente fui un número más que engrosa la estadística pero pude sobrevivir para contarlo y ahora trato de VIVIR.