Aunque lo quise evitar, no lo logré: otra vez me agarraron las prisas de la última hora. ¿También te sucede? Entonces este es tu artículo, descubre qué pasa en nuestra mente, la mente de los maestros en la procrastinación.

La procrastinación

Como buena posponedora, he estado toda la semana aplazando la redacción de este artículo. Lunes organicé un cronograma semanal para avanzar sin estrés en la confección de estas líneas. La cosa quedaba bien repartida: entre martes y viernes escribiría un poco cada día, el sábado lo revisaría y el domingo de relax. Es sábado y aún no he escrito ni una línea. ¿Se te hace familiar esta situación?

Tim Urban, maestro en el arte de posponer, ha analizado cómo funciona la mente de los procrastinadores y nos comparte sus análisis y reflexiones en una conferencia titulada “Dentro de la mente de un maestro de la procrastinación” (Inside the mind of a master procrastinator). En ella, Tim nos habla de forma amena e irónica de la procrastinación, de cómo funciona y de lo que este sistema de dilación implica a nivel personal. Este artículo y sus imágenes se basan en dicha conferencia, la cual pueden encontrar y disfrutar en el siguiente enlace:

La mente de un procrastinador

Podemos dividirnos el trabajo por tareas, elaborar cronogramas, prometernos cumplir con la programación estipulada, pero no lo podemos evitar: siempre acabamos corriendo a última hora. ¿Por qué? ¿Por qué nuestras distraídas neuronas solo logran concentrarse cuando tenemos el agua al cuello? ¿Qué provoca que nuestro rendimiento se multiplique inversamente proporcional a la proximidad de la fecha de entrega?

Para analizar qué pasa en la mente de un procrastinador, partimos de un elemento que está presente en la mente de todas las personas: el/la tomador/a de decisiones racional.

Como su nombre indica, esta voz es la que se encarga de tomar las decisiones de una forma racional. Es quien guía nuestra vida, quien lleva el timón, programa las tareas y elabora los cronogramas. En mi caso, mi tomadora de decisiones racional programó la semana para elaborar este artículo de a poquito: de martes a viernes escribiría un apartado diario y el sábado lo dedicaría a la revisión.

No obstante, la realidad es otra y cuando nos damos cuenta, quedan tres días para la entrega y no hemos escrito ni una sola palabra. ¿Qué *** sucedió? La respuesta es sencilla: entró en escena un elemento altamente distorsionador, el mono de la gratificación instantánea.

El mono de la gratificación instantánea

El mono de la gratificación instantánea suele aparecer cuando nos disponemos a avanzar en nuestra tarea, nos distrae con necesidades inimaginables y nos desvía de nuestro propósito.

Antes, cuando aún no disponíamos de internet en casa, nos dedicábamos a analizar el vuelo de las moscas, las manchas que habían aparecido en la pared o la forma que tomaban las nubes al otro lado de la ventana. Ahora, la red nos ayuda a resolver esas dudas existenciales que precisamos consultar antes de ponernos a hacer la tarea programada. Y es que cuando nos sentamos delante la computadora y abrimos el documento de trabajo, de golpe nos agarra la necesidad imperiosa de consultar, por enésima vez, nuestras redes sociales, de buscar las propiedades de la alcachofa o de averiguar qué mensaje profundo se oculta detrás de la canción que está sonando.

Al mono de la gratificación instantánea le gusta lo fácil y divertido, el ocio inmediato, los resultados a corto plazo y cuando caemos en sus garras, coge el timón y se nos van las horas en rumbos tan improductivos como aleatorios. ¿Lo reconoces?

Por suerte, hay un elemento más en este sistema de dilación: el monstruo del pánico.

El monstruo del pánico

El monstruo del pánico despierta cuando se acerca la fecha límite y es el único elemento que el mono teme.

Cuando el monstruo del pánico aparece, el mono huye y podemos volver a agarrar el timón. Entonces empiezan las carreras de última hora y lo que habíamos programado desarrollar durante varios días, lo conseguimos hacer en unas pocas horas. Evidentemente, tanto nuestra salud como la calidad del trabajo se ven afectadas pero, por lo menos, logramos recuperar el timón y concentrarnos en nuestro propósito.

¿Identificaste los elementos del proceso?

¿Hay solución?

Lo siento, debo confesar que no tengo ningún remedio contra el mono de la gratificación instantánea, pero saber cómo actúa es un buen inicio para intentar no caer en sus garras.

Sin embargo, quisiera compartir la reflexión que Tim Urban hace al final de su conferencia y que da significado a todas estas líneas. Podemos dividir las tareas en dos tipos: las que tienen fecha de entrega y las que no. En el primer caso, aunque el mono haga de las suyas, en algún momento el monstruo del pánico despertará y vendrá a nuestro socorro, ahuyentará al mono y nos permitirá cumplir con el propósito. Pero, ¿qué sucede en el segundo caso, en las tareas que creemos «NO» tienen fecha límite? ¿Cuántas tareas, proyectos o sueños estamos aplazando interminablemente?

La vida es demasiada corta para seguir posponiendo aquello que nos mueve, terminamos convirtiéndonos en espectadores de nuestra propia vida y esto nos genera frustración. Desenmascarado el mono, llegó el momento de plantarle cara y retomar el timón de nuestra vida.

 

¡Vamos a por nuestros sueños!