Hace poco he hecho un curso donde una de las ponencias era sobre Personas Sin Hogar, una de las primeras cosas que nos pidieron fue que durante la hora y media que iba a durar participásemos con libertad sin miedo a ser juzgados por nuestra opinión. En ese momento la ponente nos lanzo una pregunta: «¿Qué os viene a la cabeza al oír Personas Sin Hogar?«, en ese momento de forma espontánea la gente fue diciendo: «borrachos», «mendigos», «sucios», «indigentes», «ladrones»,… De esta forma vimos como todos tenemos una visión negativa de las personas sin hogar.

Después lanzó tres preguntas más: Si alguna vez habíamos visto una persona viviendo en la calle, todos levantamos la mano; después si habíamos hablado con alguna de estas personas, las manos levantadas fueron muchas menos y cuando nos pregunto si alguno conocíamos el nombre de alguno prácticamente nadie levanto la mano. Al final las personas que están en situación de calle o que piden en el metro, tren o en el centro de nuestras ciudades, han pasado a ser un adorno más que preferimos no mirar y eso es algo que deberíamos tratar de cambiar.

Para empezar hay que distinguir entre personas sin hogar y personas en situación de calle. El termino hogar hace referencia: «al sitio donde vivimos y en el que experimentamos una sensación de seguridad, confort, pertenencia y calma, un sitio en el cual estar en familia»; por ello las personas sin hogar no son sólo aquellas que viven en la calle, también son las que viven en viviendas inadecuadas o en las que no existe seguridad, siguiendo este enlace podéis encontrar una definición más extensa. Cerca de 40.000 personas no tienen un hogar en el que vivir, los lugares en los que viven son: viviendas inseguras (pendientes de desahucio), infraviviendas (chabolas), centros (albergues) o en la calle. Durante el año 2016 se atendieron diariamente una media de unas 16.400 personas en los centros de acogida según datos del INE.

¿Qué podemos hacer?

No nos podemos quedar en conocer los datos de arriba o en dar una limosna a la persona que nos pide por la calle, porque son PERSONAS y no debemos quitarles su dignidad y convertirles en adornos o estadísticas; si tenéis tiempo no les deis una moneda de 20 céntimos o un euro y a seguir andando, mírales a los ojos, salúdales, quién sabe incluso puedes invitarles a un café, hay asociaciones que reparten bocadillos y bebidas calientes en invierno, pero eso sólo es la escusa para conocerles y hablar con ellos, darles la dignidad que se merecen.