Ha sido de gran importancia el reconocimiento y protección de los Derechos Humanos con grandes acuerdos dirigidos a la solución de los problemas del mundo. Para ello, la ONU en 1948 crea la Declaración Universal de Derechos Humanos.

 

Eleonor Roosevelt presidió el comité con personalidades de diferentes nacionalidades, religiones e ideas políticas que consensuaron hacer de la declaración un documento que representara a toda la humanidad.

Como resultado, la Declaración Universal de los Derechos Humanos se compone de:

  • Un preámbulo
  • Treinta artículos con derechos de carácter: civil, político, social, económico y cultural

Ahora bien, cuánto hay entre lo escrito y su práctica si cada año nacen 20 millones de niños con desnutrición, más de mil millones de personas no tienen acceso al agua potable, siguen muriendo mujeres lapidadas en países como Irán.

Del mismo modo, Amnistía Internacional estima que entre 18.000 y 27.000 personas en el mundo aun están condenadas a pena capital, entre 600.000 y 800.000 personas son sometidas al tráfico en fronteras internacionales.

¿Hay más?

Si, además de lo antes mencionado, en 45 países aún permanecen encarcelados presos de conciencia, hay persecución a homosexuales en 70 países y ACNUR estima que 15 millones de personas en el mundo están en condición de apátridas.

Estas son algunas pruebas de la distancia existente entre lo escrito y la práctica en Derechos Humanos; otros ejemplos son la corrupción, la impunidad de los agentes de Estado y las desigualdades sociales.

Con esto, es interesante reflexionar sobre ¿Los grandes acuerdos resuelven los grandes problemas?

¿Cómo ayudamos?

Es importante impulsar la construcción de valores, el cooperativismo y la suma de voluntades para alcanzar las sociedades que soñamos y deseamos dejar a las generaciones futuras. «Seamos parte del cambio».

 

“Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos.” – Albert Einstein