Las personas muchas veces nos desanimamos cuando algo no nos sale bien.

En esta sociedad en la que vivimos, donde todo ocurre de forma vertiginosa y rápida. Donde priman los valores del consumismo y la competencia.

Este modo de vida en el cual muchas veces debemos olvidarnos de hacer lo que nos gusta, con el sólo fin de ganar dinero y poder sobrevivir en esta “jungla de asfalto”.

 

Tenemos un sistema educativo en el cual se privilegian como valiosas sólo ciertas áreas de la educación. Consideramos sobresalientes a quienes son buenos en matemáticas, en literatura o en geografía. Dejando de lado este modelo de enseñanza las disciplinas como el arte plástico, los deportes, la danza y la pintura, entre otros.

 

Quedan afuera de este modelo, además, los que aprenden más despacio. Los que son más lentos en resolver un problema.

Los que no se adaptan a las herramientas de enseñanza actuales y aprenden mejor a través de las imágenes o utilizando música, por ejemplo.

Ya no vemos al individuo como alguien único, con sus propias capacidades y particularidades. Esta sociedad “moderna”, nos hace vestir a todos igual, trabajar a todos de lo mismo, amar de la misma forma, aprender todos al mismo ritmo, pensar todos de forma similar.

Quién resulta ser diferente al patrón social establecido, es considerado raro, excéntrico y a veces, inferior.

 

Considerando todas estas cuestiones, resulta imposible pensar que quienes sean o actúen diferente al modo de vida cultural y social establecido, puedan tener éxito o aceptación por parte de los demás.

Cargando con ese gran rechazo a cuestas, lo más probable es que transcurran sus vidas con baja autoestima y alejados de las demás personas.

 

Síndromes y capacidades diferentes.

Luego de leer todo lo anterior, ¿te imaginas cómo es la vida en esta sociedad actual de un niño con Síndrome de Down o Autista?

Estos niños aprenden y tienen necesidades muy distintas a lo que estamos acostumbrados. La mayoría de las veces, no hay lugar para ellos en las escuelas, no son aceptados.

Son discriminados por parte de otros niños, por ser diferentes y llevar un modo de vida distinto al convencional.

En ocasiones se los aísla y ni siquiera se les permite compartir espacios con los niños que no sufren estos diagnósticos.

 

Los niños con Síndrome de Down padecen cardiopatías congénitas en el 50 % de los casos. Esto les provoca una menor resistencia física, lo que repercute en sus habilidades para enfrentarse a las tareas académicas. Además, suelen sufrir alteraciones de visión y de la audición.

Presentan hipotonía muscular y laxitud, lo que repercute en sus habilidades motrices y de coordinación.

Les cuesta mantener la atención por largos períodos de tiempo, ya que tienden a distraerse ante estímulos diversos o novedosos, Lo que les genera problemas a la hora de aprender en clase.

 

Sería imposible pensar que existan personas con estos síntomas que llegaran a ser Gimnastas o Atletas ganadores de medallas y reconocidos Nacionalmente ¿Verdad?

Inclusión.

 

Lector, te presento a Sara Martin, de Alicante. Ella es una atleta con Síndrome de Down, que lleva ganadas 5 medallas de oro en los Trisome Games.

 

Como verás, su discapacidad no le impidió a Sara el poder cumplir su sueño de desempeñarse en Gimnasia Rítmica. Su afán de superación es admirable.

El camino que transitó fue arduo y no sin esfuerzo.

Entrena desde los 3 años y se ejercita todos los días. Pero más allá del esfuerzo físico, Sara debió luchar, además, contra la incomprensión de muchas personas.

Hubo quienes le pusieron trabas, otros expresaban su rechazo. Algunos padres no querían inscribir a sus hijos en el mismo equipo que Sara. Pensaban que la práctica “no sería seria” ni se “avanzaría mucho” al tener que entrenar a la par de alguien con Síndrome de Down.

La entrenadora de esta joven, expresó que ella no tenía experiencia en enseñanza a chicos con este Síndrome. Sin embargo, igualmente decidió aceptar a Sara en el equipo y prepararla. Abriendo su mente con aceptación, y creando un ambiente de enseñanza integral e inclusivo.

Sara se adaptó como una más. Entrenando en un ambiente no terapéutico, sino competitivo, junto a otras gimnastas que no padecían este Síndrome.

La madre de Sara nunca pensó que su hija llegaría a proclamarse 9 años consecutivos campeona de España de gimnasia rítmica.

Ni siquiera se atrevía a soñar con que llegara a practicar algún deporte. Y expresa: “Los médicos me dijeron que las personas con síndrome de Down son hipotónicos, que apenas tienen musculatura…”

No te desanimes.

Cuando sientas que ya no puedes más y que todo está perdido. Cuando creas que nada más puedes hacer y estés cansado de seguir adelante.

Cuando pienses que nada va a cambiar para mejor: Recuerda a Sara Martin.

Ella superó todo pronóstico médico. Salió adelante pese al rechazo y a las críticas. Cumplió su sueño y llegó a hacer lo que le apasiona.

Pero no olvides,  no lo hizo sola. Tuvo gente que creyó en ella y que le dio una oportunidad. La oportunidad de salir de la “etiqueta social”, de poder sentirse “una más en el grupo”. Gente que le recordó que ella es más que su Síntoma. Que es una persona valiosa y que puede hacer lo que se proponga.

 

Lector, ayuda a lograr un mundo más inclusivo. En dónde valoremos a las personas por lo que son y no por lo que tienen. Difunde ánimo,  no estás solo y  aún no es tarde para conseguir lo que quieres.

 

Recuerda que nada es imposible cuando aceptamos, comprendemos y entendemos a los demás.