Una persona que pierde a su cónyuge es una viuda o viudo, una persona que pierde a sus padres es huérfana o huérfano pero, ¿cómo se define a una madre o a un padre que ha perdido a su hija o hijo? La “Federación Española de Padres de Niños con Cáncer” recoge firmas en la plataforma Change.org para que la RAE incluya esta definición como «Huérfilos».

Con este post y con todo mi respeto, cariño y admiración por vosotros me permito el atrevimiento de escribir sobre un tema mayormente tratado como tabú y difícil de nombrar, la situación de las madres y padres que pierden a un hijo.

Por desgracia llevo siete años viendo lo que nadie querríamos que ocurriera. El fallecimiento de un hijo es una situación insoslayable, marca un antes y un después.

Tenemos arraigado que los hijos deben sobrevivir a los padres, hay que verlos crecer, estudiar y formar una familia, la situación contraria se considera anti-natura, es por ello que resulta muy complicado sobreponerse a una pérdida así como madre o padre. ¿Es posible prepararse para ello?.

No sólo pierden sus presencia física sino sus sueños, expectativas de futuro o proyectos que tenían en mente incluso antes de su nacimiento. El planteamiento de si la vida sigue teniendo sentido les ronda.

Es frecuente que entre los progenitores se de el sentimiento de culpa pensando si podían haber hecho algo para evitarlo, de haberles fallado, de haber incluso fracasado como padres, el distanciamiento en la pareja por la dificultad para expresar sus sentimientos a menudo es un obstáculo a superar.

En el caso de tener más hijos, éstos pueden a ayudar a tratar de sobreponerse al “obligar” a la vuelta a la rutina y a ser fuertes por ellos aunque éstos también deben pasar su duelo y entender la situación. Con ellos se tiende a la sobreprotección.

Llegan las primeras veces sin ellos, la primera Navidad, el primer día de clase, el primer día de la madre, del padre, cumpleaños…

El duelo consiste en aprender a sobrellevar el dolor permanente cuando un hijo fallece, ya sea de forma accidental o por enfermedad.

Son varias fases las que se atraviesan para tratar de encajar la pérdida y cada persona lo sobrelleva de una forma completamente diferente a otra y esto es algo que no debe ser juzgado sino comprendido.

Muchas veces no sabemos cómo tratarlos y actuamos mal, evitar frases como “sé cómo te sientes”, “sé valiente”, “pasará pronto”….no hay forma de ponernos en su lugar a no ser que hayamos pasado lo mismo así que mejor expresar que no sabemos qué decir.

El dolor incluso les impide realizar tareas cotidianas, el sistema inmune puede debilitarse y aparecer trastornos del sueño, de alimentación, la desgana, agotamiento físico, opresión en el pecho…

Los primeros meses incluso se pueden tener alucinaciones visuales, auditivas y olfativas.

Debemos darles su espacio y a la vez hacerles saber de nuestro apoyo incondicional cuando lo necesiten, cuando quieran desahogarse o expresar sus sentimientos. Pueden sentir rabia, frustración e incluso pagarlo con las personas más cercanas pero tenemos que tener paciencia y comprensión.

No hay plazos para el duelo, habrá días calmados y días de mayor tristeza pero esto no significa un paso atrás.

Siento profunda admiración por vosotras madres y vosotros padres, porque no bajáis los brazos, porque colaboráis con entidades solidarias, porque ayudáis en la recaudación de fondos para la investigación de las enfermedades que se los llevan, porque no dejáis de honrar su memoria y es por ello que nunca se irán del todo, porque mientras les recordemos vivirán en nosotros.

Recordad que son ángeles con un breve paso por el mundo que dejan una enorme huella, en su corta vida dejan incluso más huella que personas con una larga vida.

El amor incondicional y los momentos vividos formarán parte de vosotros eternamente.

«Lágrimas en el cielo» fue compuesta por el cantante Eric Clapton cuando su hijo Connor falleció con tan sólo cuatro años.