Aunque es ahora muy actual, recuerdo mis quince años y una de mis clases de ética del instituto donde debatimos con pros y contras, con exordios (primera parte del discurso oratorio, cuyo objetivo es atraer la atención y preparar el ánimo de los oyentes), exposiciones, refutaciones y conclusiones, la polémica eutanasia. De esto hace ya más de dos veces quince, y a día de hoy, el tema sigue siendo tan actual y polémico como lo fue entonces…

 Descansa en paz, María José Carrasco.

Eutanasia, según la RAE:

  1. f. Intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura.
  2. f. Med. Muerte sin sufrimiento físico.

 

Eutanasia, desde el punto de vista legal:

Sólo Holanda, Bélgica, Canadá, Colombia, Luxemburgo, Victoria (estado australiano) y algunos estados de Estados Unidos de América han legalizado la eutanasia, lo que quiere decir que, en España, cualquier persona que ayude a la víctima a cometer suicidio podrá ser castigada con una pena de entre dos y diez años. Condena que puede disminuir si existiera petición expresa de colaboración en el hecho por parte de la víctima y si esta padeciera una enfermedad grave, según reza, no de forma literal, el Código Penal.

El caso más conocido en España fue el de Ramón Sampedro, llevado a la gran pantalla  en 2004 por Alejandro Amenábar en su Mar adentro.

Han pasado más de veinte años desde la despedida de Ramón, quien, sabiendo las consecuencias legales que el hecho tendría, urdió una trama que hizo imposible relacionar a nadie como colaborador directo en su “adiós”, involucrando a un número elevado de personas y dejando pistas confusas que dificultaban la investigación.

Supongo, y esto son conjeturas, que analizaría la situación y pensaría lo injusto que sería irse sabiendo que la persona a quien pidió ayuda para liberarse del sufrimiento y que tan generosa fue en dejarle marchar, se quedara, además de con el dolor de su ausencia, con una pena de cárcel y un estigma social por el hecho de haberle ayudado a descansar.

Porque, seamos sinceros, ¿qué duele más en la vida que dejar ir a quien se quiere?

Ángel, vive en paz

Alternativas para que la ayuda prestada no convierta a alguien en asesino

Quizás para evitar poner en este brete a familiares y/o amigos, la opción de la Declaración de Voluntades Anticipadas, más conocida como testamento vital, sea una opción a considerar para evitar situaciones como la que el marido de María José, Ángel, vive en este momento.

En el testamento vital se detallan, de forma anticipada, instrucciones relativas a la salud tales como los cuidados y asistencia sanitaria que se querría, o no, recibir si la situación impidiera al paciente comunicarlo personalmente al personal sanitario, cuidadores y/o familiares, ayudando a estos a tomar decisiones clínicas definitivas.

Va en contra de nuestra religión

Seguramente muchos de vosotros estaréis pensando que la eutanasia es antinatural, que va en contra de vuestra religión, sea cual sea, y que no debería permitirse…

Poco tiene que ver la religión en la decisión de una persona que no puede soportar, como en los casos que hemos mencionado, un día más de dolor, un día más de no ser quien era, un día más de desesperación ante una medicación que no funciona y una prolongación de un sufrimiento innecesario…

Poco tiene que ver la religión en la elección libre de la eutanasia como último recurso en la vida de los enfermos, y es muy fácil, disfrutando de buena salud, juzgar a los que barajan esa opción como el alivio del sufrimiento de su vida, aunque ese alivio signifique acabar con su existencia.

Hay que estar en los zapatos del otro para, con todas las circunstancias, el mismo ánimo y pensamiento, analizar la situación y opinar. Quizás entonces la decisión, la opinión que tendríamos, sería muy distinta a la que se pronunciaba «detrás de la barrera».

Tan lícito es estar a favor como en contra de la eutanasia. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar las decisiones y opiniones de los demás?

Yo no me atrevo, ni lo haré, a juzgar o criminalizar no solo a quien pide la eutanasia, sino a quien de buena fe, sin interés lucrativo, ayude a quien se lo pida a alcanzar la paz.

No todo es para todos, ni todos recurrimos a todo. Son nuestras circunstancias en la vida las que nos hacen tomar decisiones y elegir caminos, incluso los más dolorosos, en ciertos momentos. Suficiente es responder ante uno mismo para tener que justificarse ante los demás.

Y mientras leemos esto, cuánta gente pide ayuda, cuánta gente quiere paz tras meses o años, de dolores insoportables, de ninguna calidad de vida, de tratamientos que no funcionan, de días tras días faltos de esperanza en encontrar una cura milagrosa, o simplemente una alternativa  que funcione… Cuánta gente puede estar diciendo ahora «adiós».

¿Acaso queremos el sufrimiento de los demás?

Por supuesto que no, y menos de un ser cercano, pero ¿a cuánta gente habéis oído decir alguna vez: «menos mal que Dios se l@ ha llevado, estaba muy malit@, solo sufría…»?

Y  yo pregunto: si ese Dios no llega, ¿por qué permitir que alguien siga sufriendo si, en plenas facultades y voluntariamente, pidió no sufrir más?

 

Descansad en paz todos aquellos a los que se os concedió la eutanasia en todos los lugares del mundo, incluso en los que no está legalizada, y vivid en paz todos aquellos familiares y amigos que fuisteis en contra de vuestros propios sentimientos, dando alas y paz a los que queríais que permanecieran con vosotros.

 

No todo es para todos y no todos recurrimos a todo, pero quizás sí deberían existir opciones para todos.

https://derechoamorir.org/