Todos pasamos por experiencias difíciles que hacen que nuestro mundo, nuestra estabilidad y nuestra paz interior se desequilibren. Sin embargo, respondemos con estilos de afrontamiento diferentes. Pero, ¿qué diferencia a las personas que no se dejan vencer por esas situaciones adversas, de las que sí?

 

«Lo que no me destruye,  sólo me hace más fuerte». Friedrich Nietzsche

Pues bien, una palabra que puede ayudarnos a encontrar algo de luz en las tinieblas es RESILIENCIA. Esta puede definirse como «la capacidad para enfrentar, sobreponerse y salir fortalecido de experiencias adversas». Según Michael Rutter, no debe entenderse como la negación de las experiencias difíciles de la vida; más bien, como la habilidad para continuar a pesar de ello«.

Ser Persona Resilientes

¿Puedo mejorar mi manera de afrontar situaciones, o sencillamente hay gente que sabe afrontarlas y gente que no?

Pues sí se puede mejorar, aunque hay personas que ante estas situaciones desafiantes responden mejor que otras; todos podemos mejorar nuestra capacidad para afrontarlas trabajando en los siguientes puntos:

  • Autocontrol: Capacidad consciente de regular nuestros impulsos para poder alcanzar un equilibrio.
  • Autoestima: Capacidad de valorarnos y aceptarnos.
  • Autoeficacia: Confianza en las propias capacidades para hacer frente a situaciones adversas.
  • Optimismo: Predisposición a analizar la realidad desde su aspecto más positivo.

Ahí está la clave…¡Genial!… ¿Pero cómo?

1. Mejorar nuestro autocontrol

  • Aprender a autoobservarnos: Observar cómo reaccionamos a las situaciones, corrigiendo las reacciones exageradas o negativas y autorreforzándonos cuando logramos controlar nuestras emociones y respuestas.
  • Practicar Mindfulness:  Ser consciente del momento presente, atender plenamente a nuestras sensaciones, sentimientos y pensamientos. Por ejemplo, mantener nuestra atención en cómo entra el aire al respirar por nuestras fosas nasales, cómo se dirige hacia nuestros pulmones… Si llegan pensamientos intrusivos a nuestra mente, intentar no juzgarlos ni intentar darles respuesta; simplemente los apartamos, volviendo a poner nuestro foco de atención en la respiración. Si la practicamos regularmente, percibiremos mejoras en la memoria operativa, en los niveles de ansiedad, en nuestra capacidad de autorregulación emocional y en nuestro bienestar. 
  • Respiración diafragmática: Realizar inhalaciones y exhalaciones profundas llevando el aire a nuestro abdomen y no a nuestro tórax. Este tipo de respiración activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de la relajación.  
  • Relajación muscular progresiva: Consiste en poner en tensión durante unos segundos los diferentes grupos musculares por orden, sostener esa tensión, y relajarlos lentamente. Finalmente, terminamos visualizando un lugar pacífico y tranquilo (por ejemplo, imaginarnos en una playa, sintiendo el calor del sol en nuestra cara, la brisa, escuchando los pájaros y las olas…). Con un uso continuado, podemos observar un incremento en nuestra autoestima, en autocontrol, concentración,  en la habilidad para confrontar situaciones de miedo y una reducción en la ocurrencia de ataques de pánico ( si sufrimos ataques de ansiedad).

2. Mejorar nuestra autoestima y autoeficacia

  • Observa cómo te hablas a tí mismo, cuando fracasas y cuando consigues tus objetivos.
  • Transforma los juicios negativos de autoculpa, en juicios constructivos. La capacidad de autocrítica se debe aprovechar para mejorar. Cuando cometas fallos, no generalices ( por ejemplo: Cambia «siempre lo hago todo mal», por «este trabajo podría haberlo hecho mejor»). ¡Recuerda que debes ser tu mejor amigo/a!.
  • En las ocasiones que no salgas airoso/a de esas situaciones, recuérdate los logros que has conseguido, las situaciones difíciles que afrontaste con éxito en el pasado.

3. Mejorar nuestro optimismo

  • Debate las diferentes alternativas de la situación contigo mismo, busca la interpretación más positiva. Cambia de perspectiva y míralo como una oportunidad para aprender de los errores y sacar algo positivo de ello.
  • ¡No al catastrofismo! Nuestros pensamientos influyen directamente en nuestros sentimientos. Analiza la situación detenidamente, date tiempo para digerirla; y comienza a discernir las posibles soluciones, los aspectos positivos de haberte topado con esta piedra en tu camino…
  • ¡Deja de rumiar! La auto-reflexión es muy acertada cuando el resultado es aprender o crecer con esa adversidad. Pero el problema llega cuando el resultado de esta auto-reflexión es lograr un estado anímico más angustioso, pensamientos obsesivos y repetitivos, cuyo desenlace es dañino. No utilices tu tiempo en darle vueltas una y otra vez a un problema sin buscar solución. Imagina qué le dirías a un amigo en esa circunstancia, baraja los consejos de tu red de apoyo si tus auto-consejos se quedaron inmersos en la rumiación.
  • Por último, realizar ejercicio físico, ser personas altruistas, la fé y el apoyo social también tienen efectos positivos y protectores de la resiliencia (Quiceno, Vinaccia, 2011).

Debemos reconocer que hay situaciones que son incontrolables y que no está en nuestra mano evitar. Hay que aprender a aceptarlas reevaluándolas e intentando redirigir nuestra atención a aspectos que sí podamos controlar.

Sólo me queda invitaros a vivir el presente, aprendiendo del pasado para triunfar en el futuro.

» El mundo puede ser un lugar terrible, y por muy duro que seas, es capaz de arrodillarte a golpes y tenerte sometido permanentemente si tú no se lo impides. Nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que puedas golpear, sino lo fuerte que pueden golpearte. Hay que soportar, sin dejar de avanzar,  ¡ASÍ ES COMO SE GANA!»  Rocky Balboa