No sé como, y me sorprende, hemos llegado a este punto. Este punto de olvidar lo esencial del comportamiento humano que garantiza una convivencia armónica. Este punto de olvidar lo esencial e imprescindible de nuestra moral social, que nos hace fríos y distantes ante lo malo que les pasa a los demás y envidiosos ante lo bueno que a otros les ocurre.

Estamos perdiendo, aunque haya gestos que aún nos den esperanza, la tolerancia, la empatía, la solidaridad y ese corazón social indispensable…Estamos perdiendo valores. Aunque quizás por otro camino, aunque sea el opuesto, podamos recuperarlos.

Suena contradictorio pero no lo es, quizás este EGOISMO que se ha convertido en bandera de muchos sea parte de la solución. Es simple, tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran y evitar hacer daño, tanto en abstracto como en concreto, para que no nos lo hagan.

El resultado de un acto más generoso o más egoísta nos lleva al mismo fin, el de tener un comportamiento mejor, y eso repercutirá en nosotros y en los demás.

Me sorprende, quizás soy muy impresionable, la agresividad con la que la gente entra en un transporte público para coger sitio y sentarse. Me sorprende, que en esos trayectos por los que algunos empujan para ir sentados, aunque sea solo una parada, nos convirtamos en ávidos lectores para pretender que no vemos a esa persona que necesita el asiento más que el resto. Me sorprende cuando alguien pide el asiento para otra persona y que los que se dan por aludidos contesten «este asiento no es de esos»... Me sorprende y me horroriza. La pegatina indica que esos asientos son de uso preferente para ciertas personas pero desde luego, no son los únicos.

Me sorprende cuando la gente no respeta el espacio vital de los demás. Me sorprende los que llegan los últimos y se quieren poner los primeros, incluso en la playa. Me sorprende cuando una bicicleta va por la acera y no por la calzada, poniendo en peligro la integridad física del peatón. Me sorprende, por otro lado, aunque nos desvíe un segundo del tema principal del artículo, que puedan ir sin casco. Me sorprende cuando la gente no da los «buenos días»,  las «gracias» o dice «por favor». Me sorprende que no se ceda el paso. Me sorprende que muchos conductores no usen los intermitentes y que otros pidan perdón cuando por un segundo que ganan al reloj, han podido atropellar a alguien al saltarse un paso de cebra. Me sorprende que unos pongan los pies donde otros se sientan y me sorprende que unos obliguen a escuchar su música preferida a otro montón ensimismado en su lectura, aunque sea falsa.

Me sorprende que fuera hace solo dos o tres generaciones, la de nuestros padres y/o abuelos, la  que se conociera como la generación del «sandwich». Aquella que tuvo que sacar hacia adelante no solo a las familias que formaron en sus nuevos destinos si no, a las que dejaban en sus ciudades, y en muchos casos, país de origen, a base de capacidad de trabajo, de sacrificio, y de solidaridad, virtudes que hoy parecen haber desaparecido.

Desde esa generación hasta la de ahora, hemos pasado por generación «x», «y», «z», por los «centenials», los «baby boomers» y ahora los «milenials» y en cada generación añadida a la historia, hemos perdido un valor.

Me sorprende la frialdad moral de muchos que abusan sin pudor de otros, niños de niños, adultos de niños, niños de viejos, hombres de mujeres y cualquier otra combinación posible. Me asombra que se viole, que se viole en grupo, que se robe, que se robe con violencia, me sorprende, me entristece y me repugna todo comportamiento humano que este movido por el egoísmo, por el abuso, por la superioridad, … y lo que más me sorprende, me entristece y me aterra es que nos hayamos acostumbrado a todo esto en tan poco tiempo.

No nos duele el sufrimiento ajeno, incluso aunque nos toque de cerca, parece que nos hacemos más duros más insensibles y más fríos con las penas de los demás. ..»si yo pasé por lo que he pasado también lo podrás pasar tú», parece que pesamos…

Quiero sorprenderme porque nuestro comportamiento social cambie. Quiero sorprenderme porque aunque sea desde el egoísmo más absoluto, para recibir lo que demos, pensemos antes de actuar y escuchemos antes de hablar.

 

Recuperemos lo esencial