Para comenzar, os sugiero que leáis este artículo en silencio, no sólo para evitar todo lo perjudicial que el exceso de ruido produce en nuestro organismo de acuerdo a lo que os contamos hace unas semanas, en nuestro artículo «El ruido. Un asesino nada silencioso que pasa desapercibido», sino para que empecéis a beneficiaros de lo que este gran aliado de la salud, os puede aportar.

El silencio es ese gran amigo que disminuye el estrés, reduce la hipertensión, los riesgos cardiovasculares y por lo tanto el riesgo de ictus. Es ese buen amigo que regula nuestras hormonas, refuerza nuestro sistema inmunitario, potencia nuestra creatividad, nuestra concentración y nuestra inteligencia. Es ese amigo que nos ayuda a dormir mejor, a que nuestro ciclo de sueño profundo sea más largo y de mejor calidad y que además, favorece la neurogénesis.

¿Qué es la neurogénesis? La neurogénesis es la creación de nuevas neuronas. La regeneración de nuestro cerebro.

El investigador italiano, Luciano Bernardi, en un estudio realizado sobre cómo afectan los distintos tipos de música a nuestro organismo, sometía a los voluntarios que participaban en la investigación a diferentes estilos musicales realizando una pausa de unos dos minutos entre ellos y se dio cuenta de que los picos más intensos de relajación muscular se producían en los silencios. Este resultado, no sólo nos dice que el silencio es mejor que cualquier tipo de estimulo auditivo, aunque sea la mejor obra de música clásica que se haya compuesto, sino que además nos dice, que silencio no significa falta de actividad en el cerebro, sólo, que es ésta es distinta y parecida a la que realiza cuando dormimos.

Cuando dormimos, el cerebro carente de los estímulos que recibe cuando estamos en estado de vigilia, realiza una labor vital de gran impacto en nuestro «yo» consciente. Esta función se podría considerar de reestructuración o de «poda» de conocimiento y es cuando el cerebro afianza los comportamientos reiterados, borra los que no están en nuestro día a día y graba lo que considera nuestra realidad diaria, que denominaremos, «realidad interna». Como esa realidad interna está siempre en nuestro cerebro, y éste nunca cesa su actividad, se pueden dar situaciones tan curiosas y que tanto nos sorprenden como la resolución de un problema mientras dormimos, o la visualización de una nueva perspectiva de algo que nos preocupa, y es que nuestro «yo consciente» no existe al dormir, pero nuestro cerebro trabaja sobre todo lo que nos sucede, las 24 horas del día.

 

Para conocer más sobre los beneficios del silencio se han realizado múltiples estudios, entre ellos, cabe destacar, un experimento alemán realizado en ratones los cuales fueron sometidos a 2 horas de silencio al día y que obtuvo como resultado un aumento considerable del número de células en el hipocampo.

El hipocampo es el «espacio» del cerebro donde se realizan las funciones de aprendizaje y memoria. 

Actualmente, hay varias enfermedades degenerativas neuronales que afectan particularmente a nuestra memoria, entre ellas el tan temido alzhéimer. A día de hoy, se aplica el silencio como parte de la terapia de tratamiento de dicha enfermedad con el fin de provocar la creación de células en el hipocampo y potenciar así la memoria. Quién sabe si algo tan sencillo, llegará a ser parte de la cura final de esta enfermedad tan devastadora.

Eso sí, si estáis buscando una excusa para libraros de familiares y amigos y convertiros en seres más sanos y listos, lamento informaros que el retiro absoluto no es necesario. Es más, el silencio absoluto prolongado es insoportable para nuestro cerebro que siempre busca estímulos. En tests científicos donde se simulan las condiciones de «no estímulo», en las llamadas cámaras de privación sensorial, se ha comprobado que el cerebro soporta un tiempo limitado esas condiciones llegando a usar su propia realidad, la que definimos anteriormente como «realidad interna«, para evitar el estrés que esa situación le produce.

No puedo imaginar como lograron sobrevivir los presos de Alcatraz que eran castigados en el «Agujero».

Instauremos en nuestro día a día y en nuestro entorno momentos de silencio, y eduquemos a los nuestros para que los valoren. Sus beneficios, bien merecen la pena.

Por nuestra salud, «Shhhh…»