El 16 de abril es el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil. Esto tiene su origen en la historia de Iqbal Masih. Iqbal Masih fue vendido por su padre al propietario de una fábrica de alfombras, donde era explotado y maltratado. A la edad de diez años consiguió escapar y llegó a denunciar la situación de esclavitud infantil que se daba en su país. Gracias a él, la fábrica fue cerrada y los compañeros de Iqbal liberados. No solo se encargaron de la fábrica, sino que continuaron luchando contra la situación de muchos niños. Por desgracia, Iqbal fue asesinado a tiros a los trece años, mientras montaba en bicicleta.

 

Su historia se cuenta en el libro Iqbal Masih: Lágrimas, sorpresas y coraje.

¿Cómo sería la vida de un niño en esta situación?

Recuerda tu infancia. Si has tenido suerte, un día normal para ti habría sido levantarte, desayunar, pasar la mañana con tus amigos en el colegio, volver, comer, salir a jugar, etc.

Ahora piensa si en vez de eso te hubieran despertado a golpes y a gritos. Que hubieses tenido que ir a trabajar a una fábrica prácticamente sin medidas de seguridad, a hacer un trabajo que resultaría duro incluso para un adulto. Trabajo por el que no recibirás más beneficio que unas cuantas sobras para comer. Donde deberías permanecer unas doce horas con el miedo a hacerlo mal y a sufrir el castigo que sabes que vendrá.

 

Esta es la realidad que viven millones de niños alrededor del mundo. Obligados a trabajar de manera ilegal en condiciones degradantes o peligrosas. Realizando trabajos forzosos en minas, en la agricultura, o con productos tóxicos.

Sin embargo, no solo encontramos esclavitud en fábricas o minas, sino que en algunos casos los menores son víctimas de la trata, vendidos como esclavos sexuales, obligados a casarse o convertidos en niños soldado.

Causas de la esclavitud infantil

Muchos niños son empujados por sus propias familias a trabajar. Si bien la pobreza es el factor más determinante, no es el único (los niños deben aportar a la economía familiar, y a menudo es más fácil encontrar un trabajo para ellos que para sus padres).  En ocasiones, es la propia cultura en la que viven la que espera de ellos que comiencen a trabajar a temprana edad. Encontramos, además, factores influyentes ajenos al círculo cercano del niño, como su familia o su entorno inmediato. Entre estos factores están la falta de medidas reguladoras por parte de los estados o la falta de acceso a la educación. También el género determinará que sean obligados a trabajar o no, así como el tipo de objetivos que les adjudiquen.

 

Consecuencias de la esclavitud infantil

Consecuencias físicas

Entre las consecuencias físicas o problemas de salud, encontramos el desarrollo de enfermedades crónicas, retrasos en el crecimiento, agotamiento, intoxicaciones, amputaciones, quemaduras, deformaciones, etc. Muchos acaban muriendo debido a las duras condiciones laborales.

Consecuencias sociales-psicológicas

Se les priva de una infancia normal, del juego y la educación (derechos fundamentales de cualquier niño), se les somete a maltrato psicológico y estrés desde edades muy tempranas, ambientes hostiles, y se ven sometidos a un forzado proceso de maduración. Esto en muchas ocasiones genera traumas, dificultad de adaptación social, etc.

Podrían encontrarse otras subconsecuencias, como la pérdida de oportunidades laborales mejores por falta de educación, por incapacidad… lo que perpetuaría esta situación de pobreza a la que ya han estado sometidos desde niños.

 

¿Cómo luchar contra la esclavitud infantil?

Desgraciadamente, la mayoría no somos capaces desde nuestra posición de cambiar las condiciones de estos niños repartidos por todo el mundo. En este caso, el cambio debe venir desde los gobiernos y organizaciones. La implantación de leyes de protección al menor y regulación del trabajo: el acceso de los niños a una educación de calidad, y de los padres a empleos mejor remunerados, serían los primeros pasos para un largo camino.

«La única riqueza en este mundo son los niños, más que todo el dinero y el poder», Mario Puzo.