La poesía es una hermosa y potente herramienta transformadora. Expresa el lenguaje del alma a través de la palabra y, a diferencia de lo que pueda parecer, no tiene absolutamente nada que ver con la composición métrica. Es emoción, verdad, puro sentir. Quizás sea una de las formas de expresión más infravaloradas, porque se suele asociar a la vulnerabilidad, a una energía más pasiva, receptiva, latente y sensible. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

La poesía es transformación, movimiento, cambio. Es un agente creador con un poder inmenso. No sabe de rima, métrica, normas. Es libertad. Es liberadora.

A través de ella, podemos acceder a lo más profundo de nuestro sentir, a nuestros miedos, frustraciones, tristezas, pero también a nuestros deseos, ilusiones, momentos de felicidad y expansión. La poesía nos ayuda a estructurar nuestro mundo interior, a darle forma.

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Leyendo poesía, conectamos con el corazón del que escribe. Aquello que nos remueve dice más de nosotros mismos que del propio autor. Porque lo maravilloso de la poesía, y del arte en todas sus variantes, es que no pertenece a nadie. Porque las emociones son el lenguaje más puro y más universal que existe y el poema las recoge de una forma fácilmente accesible. Es un legado de la humanidad para la humanidad.

Poesía para sanar

Lo maravilloso del arte es que nos permite mostrar y compartir lo que existe en nuestro interior y esto, en el sentido más estricto, está al alcance de todos. Escribir un poema, por ejemplo, no trata de rimar, contar sílabas o buscar la figura literaria perfecta, si no más bien de autoexplorarnos, de dejarnos sentir y fluir.

Escribir nos ayuda a estructurar lo que pensamos y por ende lo que sentimos, porque ambas funciones se regulan mutuamente. Además, exteriorizar nuestro mundo emocional y darle forma nos permite observarlo con perspectiva. Nos convertimos en espectadores, cogemos distancia y es precisamente esa posición más alejada y quizás un poco menos incómoda la que nos permite un reprocesamiento más natural y orgánico de aquello que experimentamos.

Por eso es sanadora.

Es como hablarse a uno mismo. Y reelerse, es hablar contigo mismo pero a la vez con alguien distinto, alguien que fuiste, que ya no eres, o que quizás vuelvas a ser en otro momento. Dinamismo. Flexibilidad. De eso está hecha la sanación, la superación, la aceptación. La felicidad, también.

Poesía y reivindicación

Este vídeo de Split This Rock, una comunidad que reivindica el papel de la poesía en la sociedad moderna como forma de protesta, es un grito a la vida, a la salvación a través del verso. Comienza así:

“El arte ha salvado mi vida. Sé dónde me encontraba antes de escribir un poema en concreto y sé que ese poema fue la puerta para aceptarme de un modo en el que nunca lo había hecho antes, para perdonarme por algo que había hecho y para ser capaz de salir adelante.”

Y el resto, mejor verlo. Mucha verdad en 4 minutos y medio:

“Cuando cojas un lápiz para escribir una nota de suicidio, escribe un poema en su lugar. Sobre todas las cosas que amas y que te aman. Escribe un poema y transforma el dolor en prosa y observa cómo el final se convierte en un nuevo principio. Escribe un poema como si tu vida dependiera de ello, porque muchas veces sí depende.”

Poesía y libertad

En esta charla TED, Cristina Domenech, escritora y filósofa, comparte su experiencia impartiendo talleres de escritura poética para presidiarios de la Unidad Penitenciaria 48 del Centro Universitario San Martín (Buenos Aires):

“Recuerdo un verso de un enorme poeta, un gran poeta, de la Unidad 48 de nuestro taller, Nicolás Dorado:

Tengo que conseguir un hilo infinito para coser esta gran lastimadura.

La poesía hace eso. Cose las lastimaduras de la exclusión. Abre puertas. La poesía hace de espejo. Inventa un espejo, que es el poema. Ellos se reconocen, se miran en el poema y escriben desde lo que son y son desde lo que escriben.”

 

Y para ti, ¿qué significa la poesía?