-«¿Hasta qué punto se había deshumanizado?»

-«Hasta el punto de considerar que tenía derecho a matar a todo el mundo.»

Fragmento de entrevista al exyihadista David Vallat

 

En la primera parte de «Desarmando la mente de un yihadista», hicimos un breve repaso por algunos conceptos clave que ayudaron a discernir la definición del yihadismo. También se habló del proceso de reclutamiento y de algunos factores predisponentes.

Pero ahora cambiaremos de perspectiva. Tratemos de profundizar y de ponernos en la piel del yihadista que da su vida para arrebatársela a otros, el «yihadista suicida«.

YIHADISMO SUICIDA

¿Qué es?

Acto por el cual el combatiente se convierte en un mártir, en su búsqueda de la recompensa prometida, cumpliendo su obligación con el sacrificio (Castro, 2016: Mi cuerpo es un arma). El yihadista suicida no es un suicida. Su fin último es dejar este mundo siendo un mártir.  El suicidio «a secas» está prohibido por el Islam, solo está recompensado en situación de yihad contra los enemigos de los creyentes.

La escalofriante explicación que ofrecen sobre los atentados suicidas: Querer vencer al enemigo, causando las mínimas bajas propias a cambio del máximo número de muertes de inocentes. Por otro lado también argumentan que, si pudieran acabar con el mismo número de personas de otra manera, no se inmolarían.

 

Según la Sunna de Al-Bukhari (1988): El mártir tiene a los ojos de Dios seis premios:

  • Todo se le perdona
  • Ve inmediatamente el puesto asignado en el paraíso
  • Se encuentra libre de castigo de la tumba y del gran terror
  • Se le otorga la diadema de la veneración
  • Se le desposa con setenta y dos novias
  • Él intercede a favor de setenta y dos de sus parientes

(Castro, 2016)

Barajando causas

Erróneamente se ha atribuido la pobreza y los bajos niveles educativos como una causa fehaciente. Pero estudios recientes indican lo contrario: El mayor apoyo al terrorismo proviene de hombres y mujeres con niveles altos de estudios y con una situación económica ventajosa. (Luis Miguel Ariza: «En la mente del terrorista». El País).

Pero indaguemos un poco más en las motivaciones personales encubiertas. Normalmente hay una falta de cohesión con su grupo de referencia, ya sea familia o la sociedad circundante. Esta circunstancia hace que encuentren en el yihadismo un grupo al que pertenecer, una familia unida y con una meta común. Es por esto, que acaban deshaciéndose de sus pensamientos propios para incorporar los de «sus nuevos hermanos».

Cuando este lazo de unión es lo suficientemente fuerte como para no quebrarse, es cuando aparece en escena el siguiente movimiento: Morir por Alá. Puede que busquen en este acto, aprobación por parte de su grupo, por parte de Alá o la constatación de su heroicidad al morir.

Sea como fuere, esta desconexión de su anterior vida seguramente nace de un brebaje, que puede llevar como ingrediente la falta de apego seguro en la infancia. Esto puede conducirlo de adulto a buscar aprobación y un grupo que le proporcione la cicatrización de su autoestima y del vacío en algunos aspectos de su vidas.

Diferencias entre la motivación de mujeres y hombres

 

Las mujeres van aumentando su participación en atentados yihadistas de carácter suicida, aunque hasta ahora habían representado un papel pasivo (reproducción y educación de los hijos siguiendo las doctrinas del yihadismo).

Sin embargo, siguen siendo para los hombres «un nivel inferior», ya que solo son usadas como armas en los atentados en los que los hombres no pueden obtener un mejor resultado (las mujeres son registradas con menor frecuencia, y pueden acceder a lugares limitados para los hombres por los controles de seguridad). Además, las familias de las mujeres suicidas reciben una recompensa económica muy inferior a la de las familias de hombres suicidas.

Las mujeres son impulsadas en su mayoría por motivaciones personales, a diferencia de los hombres, que actúan por motivos religiosos, nacionalistas o deseo de pertenencia a un grupo. Pero también tienen razones ideológicas y religiosas. Esto las hace combatientes insuperables, ya que, si entre sus causas se suman fuertes ideales y motivaciones personales, buscarán la muerte de manera más ansiada que los hombres (Baños, 2008).

Entre las motivaciones que impulsan a las mujeres encontramos:

  • Venganza, desesperación.
  • Recuperación del honor perdido
  • Subordinación y dependencia psicológica del hombre
  • Mejora de la situación familiar (Ayuda económica a su familia al morir)
  • Capacidad de movilizar a más personas (Al ser un acto cometido por una mujer, puede que otras empaticen más con la causa que si fuera al contrario)

Según O’Rourke (2008), la motivación principal compartida entre hombres y mujeres es la lealtad a su comunidad, cuyo objetivo es luchar con fuerzas ocupantes extranjeras.

DESRADICALIZACIÓN

 

¿Se puede «resetear» la mente de un yihadista?

En respuesta a esta pregunta, encontramos respuestas contrapuestas. Algunos exyihadistas creen que sí, otros piensan que puede rehabilitarse, aunque en el fondo no pueden despojarse de esa persona que un día acabó con la vida de otra.

Es primordial impulsar programas de prevención de reclutamiento para jóvenes y sus familias, incidiendo en sus armas propagandísticas. Antes, se necesitaban años para preparar un atentado; ahora apenas se necesitan semanas gracias a Internet y a la gran cantidad de personas a las que puedes llegar sin apenas medios.

Buscar ayuda en exyihadistas como instructores y tutores, para intentar desarmar al yihadismo desde dentro; podría iluminarnos en la tenebrosidad que irradian estos terrenos tan desconocidos. Una contribución que podría impulsar la transformación de su capacidad de reclutar y persuadir en la capacidad de desradicalizar.

Los programas de choque llevados a cabo en las prisiones españolas muestran que la efectividad de estos en el abandono de la violencia depende del grado de cohesión que tenga con el grupo de pertenencia y su vinculación al terrorismo. Según estos, debe pasar un periodo mínimo de 5 años, para que comiencen a tener una repercusión duradera (pudiéndose extender a 10 años).

Los testimonios de ex-yihadistas deberían servirnos (como refleja el documental) para mejorar las técnicas y para tomar perspectiva sobre los diferentes enfoques. Deberíamos nutrirnos de su introspección, reflexionar acerca de cómo podemos ofrecerles un nuevo grupo de referencia que les sirva de apoyo. Pero agruparlos en las prisiones, es quebrar cualquier tallo que pueda brotar de arrepentimiento y de cambio.

¿Cómo podemos contribuir?

Agruparlos es contraproducente, si lo que estamos persiguiendo es la reinserción en la sociedad que los vio crecer. Deberíamos convertirnos (una vez rehabilitados) en su nueva familia, como una vez lo fue el yihadismo.

Si cometiéramos un fallo catastrófico en nuestras vidas, nos gustaría poder rectificar y tener una segunda oportunidad. Pongámonos en su piel por un momento, y seamos un refugio seguro para aquellos que se arrepienten de tal manera que solo ven alivio en la muerte. A aquellos que realmente han llegado a un estado de catarsis y arrepentimiento, o aquellos a los que les empiezan a surgir dudas sobre su alianza al yihadismo… ¿No deberíamos ofrecerles un salvavidas que los lleve por fin a la superficie? ¿Que les ayude a afrontar sus errores y a iniciar el cambio?

Os dejo con un extraordinario documental en el que dos exyihadistas intentan mostrar lo que el yihadismo les arrebató.

 

Tienes que asimilarlo, si me matan será un honor para él (Dios)[…] Ten paciencia… tengo una cita en el paraíso.»

 Mustafá Mohamed Layachi a su esposa (conversación telefónica días antes de  perpetrar un  atentado suicida)