«Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso»

Mario Vargas Llosa

 

¿Alguna vez te has preguntado qué lleva a una persona a colocarse un cinturón de explosivos, para acabar con la vida de personas inocentes y con la suya propia? ¿Cómo logran que el mundo entero logre estremecerse en cuestión de segundos? ¿Sienten algún tipo de arrepentimiento o son psicópatas envueltos en ideales?

El adoctrinamiento fanático, los ha despojado de emociones para convertirlos en máquinas deshumanizadas de matar.

Según el informe de CSIS de noviembre,  se estima que hay entre 100.000 y 230.000 yihadistas en el mundo. Cifra que se ha cuadruplicado desde 2001. Estas cifras los proclaman como uno de los «cánceres» más dañinos de nuestro siglo.

Pero, ¿poseemos las herramientas apropiadas para desarmarlo?

Conceptos claves

Para comprender el yihadismo, debemos tener claros algunos conceptos para no incurrir en problemas de sobregeneralización a la población musulmana.

Islam: Religión monoteísta practicada por los musulmanes. Su dios es Alá, su profeta es Mahoma y su libro sagrado el Corán.

Musulmán: Toda persona que practica el Islam.

Islamismo: Ideología política cuyo fin último, es construir sobre la base del Islam la vida social, cultural y económica. El islamismo, aunque se rija sobre aspectos absolutos y autoritarios, en sí mismo no es violento. Ahora bien, dentro de sus vertientes, encontramos el islamismo moderado, el radical y el violento.

Islamista: Promueve la aplicación a la vida política de los preceptos de la religión musulmana.

Islamismo radical: Proclamado por los yihadistas (uno de los grupos más radicales y violentos inmersos en el islam político). Utilizan la violencia, para imponer su ideología y religión, en nombre de la yihad. 

Yihad: Comúnmente comprendida como sinónimo de «lucha«, aunque los  yihadistas-salafistas la entiendan por «guerra». Hay dos tipos:

–  La yihad menor, adopta una interpretación bélica. El objetivo es luchar contra los que no pertenecen al Islam, sirve de excusa para utilizar la agresión y la crueldad.

–  La yihad mayor, que se entiende desde una interpretación espiritual. La lucha contra uno mismo, todo creyente debe esforzarse para alcanzar la plenitud como persona.

 

 

¿Cómo se crea un Yihadista?

 

Fases del reclutamiento

Como si de un manual se tratase, los que contribuyen a captar nuevos militantes; se sirven del proceso de reclutamiento. El fin es pisotear la identidad propia e individual, para forjar una inquebrantable identidad grupal. ¿En qué consiste?

Hay seis fases que lo componen (Moyano y Trujillo 2013; Trujillo 2009; 2015):

1- Identificación del potencial terrorista en función de la vulnerabilidad psicológica

2- Captación

3- Sometimiento anímico

4- Adoctrinamiento ideológico-religioso

5- Desinhibición violenta mediante estrategias de legitimación

6- Adiestramiento y provisión de un mínimo de recursos logísticos para llevar a cabo la acción violenta

Modus Operandi

¿Cómo se captan nuevos yihadistas? Muchos de los investigadores de este fenómeno, comparan al Daesh con «una secta que realiza graves atentados terroristas» (Hassan, 2015). Actualmente hay muchas maneras de conseguir «online» nuevos adeptos (redes sociales, páginas web, foros islamistas con contenido multimedia, canales de comunicación, etc). Por otra parte, los lugares preferidos para alienar y captar, son las mezquitas, prisiones, teterías y otros centros de reunión; centros de acogida y centros de enseñanza.

Se sirven de técnicas como la reforma del pensamiento, lavado de cerebro, control mental, abuso psicológico grupal y técnicas de persuasión coercitiva.

Profundicemos un poco en las dimensiones más importantes de reforma del pensamiento de Lifton, (Trujillo, Alonso, Cuevas y Moyano, 2017):

1- Control del entorno Se disminuye la autonomía personal, controlando lo que se escucha, se escribe o se lee. El objetivo es triturar el «yo» para construir un «nosotros». También se cortan las relaciones con la familia no convertida, que a partir de ahora serán llamados «infieles» (en lugar de papá o mamá).

2- Manipulación mística Sugestión, esa es la clave. Se inducen estados emocionales y nuevos razonamientos de forma encubierta en la persona «objetivo», de manera que esta crea que nacen en ella espontáneamente. Con relativa facilidad, tu hija/o que hasta ahora tenía pósters en su pared de Justin Bieber, los cambia por un burka y banderas yihadistas.

3- PurezaDiscernir entre lo bueno y lo malo son claves en este paso. Aunque la semilla que dicta qué es lo bueno y qué es lo malo, ya ha sido plantada disimuladamente por el reclutador. Siendo puro, el endogrupo y su ideología; e impuro, cualquier exogrupo y sus creencias.

4- Confesión- El adoctrinador inculca en el adoctrinado, la necesidad y obsesión por confesar cualquier acto o pensamiento imperfecto o impuro. Únicamente así, se logrará el sentimiento de purificación. El mecanismo que logra que esto se lleve a cabo, es la culpa y la vergüenza.

5- La ciencia sagrada- Queda prohibido cuestionar la ideología o los preceptos que la definen. Esto supone una verdad absoluta, que el seguidor deberá propagar y difundir.

¿Quién será el objetivo más probable a «modelar»?

 

 

También debemos preguntarnos quiénes son los más vulnerables de caer en la manipulación psicológica gratuita.

El público predilecto elegido, está compuesto por jóvenes varones (entre 16 y 28 años), con un fanatismo luchador en cuanto a ideales, carentes de experiencia y en situaciones de exclusión y pobreza. También se busca la inestabilidad y periodos de agotamiento psicológico y físico producido por niveles altos de estrés continuado. Esto se encuentra frecuentemente en personas que acaban de emigrar a otro país, se sienten solas y desubicadas en el proceso de buscar alguna mano que les brinde apoyo.

En definitiva, se busca cualquier signo que muestre vulnerabilidad y estrategias de afrontamiento mermadas. El caldo de cultivo perfecto para germinar su adoctrinamiento.

Estos buscarán en el grupo el sentimiento de pertenencia, el desarrollo de la dependencia endogrupal, la aceptación social, la admiración y la trascendencia mística (entre otros). (Jordán, 2004)

¿Qué hace diferente la mente de un Yihadista?

 

 

Aunque no hay un perfil determinado común en los yihadistas, sí que comparten algunos rasgos con los psicópatas. Esto no implica que sean psicópatas, pero comparten con estos la desconexión emocional y el disfrute con el dolor ajeno (Miguel Perlado, psicólogo especialista en derivas sectarias). El fenómeno que mejor explicaría el funcionamiento mental de un yihadista es el llamado disociación de la personalidadEste permitiría fragmentar la mente en una parte que trama un atentado, mientras que otro fragmento permite llevar a cabo una vida normal.

Hay estudios que ponen el foco de atención en algunos trastornos de personalidad (antisocial, trastorno límite y comportamientos antisociales) (Jordán, 2004). Pero son conjeturas vagas, ya que no hay un porcentaje significativo de yihadistas que sufren estos trastornos. Es más, otros estudios arrojan que el trastorno es la consecuencia y no el antecedente.

Como factores comunes predisponentes, sí que podemos hablar de frustración, fanatismo e idealismo. Uno de los posibles detonantes es el sentimiento de frustración por no conseguir los objetivos implantados en un corto periodo de tiempo, lo que puede llevar a una radicalización express.

Otro de los ingredientes explosivos es el fanatismo, que ciega al individuo y entierra cualquier atisbo de razón. Es fácil desarrollar este fanatismo si se tiene una baja autoestima.

Por último, cobran especial importancia el entorno y las experiencias vividas que cimientan la personalidad. Desde el estilo de apego que se ha desarrollado hasta las situaciones de violencia continuas que se hayan vivido en el entorno familiar/social, tendrán una influencia directa en la conversión de cualquier persona al yihadismo.

 

 

«Los infieles, aunque se llamen papá y mamá, ya no son más que obstáculos en su camino»

 Anna Erelle, «En la piel de una yihadista»