¿Alguna vez te has parado a pensar cómo sería tu vida si, en vez de haber nacido en España o Europa, hubieses nacido en un país categorizado como “tercermundista”?

 

Donde la satisfacción de tus necesidades básicas (y las de tus hijos) dependieran de la voluntad de un grupo de políticos corruptos. Donde tus derechos como ser humano (y los de tus hijos) se tambalean frágilmente en función de intereses económicos. O incluso donde tu vida y las de tus hijos corrieran serio peligro por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual… ¿Sientes la impotencia?

¿Cómo afrontarías, tu día a día? ¿Serías lo suficientemente fuerte para seguir caminando?

Imagina que te armas de valor y decides huir de esa pesadilla. Dejando atrás tu hogar, tu vida social, tu familia, tu cultura. Abandonando toda tu vida para comenzar una nueva en otro lugar, en otro contexto totalmente desconocido para ti.

 

En el hipotético caso de que consiguieras finalizar con éxito el peligroso proceso migratorio, ¿Cómo te gustaría que te recibieran?, ¿Como a un intruso?, o  ¿Como un héroe que ha conseguido escapar de la cara más oscura del ser humano?

Sentados cómodamente en el sofá de casa, los medios de comunicación nos bombardean con noticias acerca de la llegada de inmigrantes a nuestro territorio. Desde nuestro confortable sofá, aceptamos sin resistencia el discurso mediático, la mayoría de las veces cargado de odio y racismo. Es lo que queremos oír. El camino fácil para hacer frente a esta situación: Culpabilizar al prójimo y nunca cuestionarnos a nosotros mismos

Centramos la mirada e incluso nos permitimos juzgar siempre a las personas que vienen, pero… ¿Qué hay de nosotros como sociedad? ¿Cuál es el papel que debemos adoptar en esta situación? ¿Queremos realmente que se integren y pasen a formar parte de nuestra comunidad? 

¿Cómo te gustaría a ti que te tratasen si tuvieras que huir y empezar una vida desde cero?

Como seres humanos, nos encontramos en un momento evolutivo paradójico, hipócrita e injusto. Hemos logrado un desarrollo tecnológico sin precedentes y la ciencia evoluciona a paso de gigante. Tenemos medios y conocimientos para garantizar la vida digna de todos los seres humanos que habitamos el planeta. Sin embargo, un porcentaje muy alto de la población mundial no tiene cubiertas sus necesidades básicas.

 

Como consecuencia de este desequilibrio, se está produciendo un flujo migratorio de seres humanos sin precedentes. Como podemos aventurar, existe una relación de causa-efecto entre el hiperdesarrollo primermundista y los flujos migratorios de seres humanos que están aconteciendo en todo el mundo. Entre nuestros excesos como residentes de países desarrollados y la violación de derechos humanos en países subdesarrollados.

 

La humanidad está inmersa en un preocupante proceso de deshumanización. Provocado por el constante bombardeo de información por parte de los medios de comunicación.

 

¿Ya no sientes nada cuando ves una imagen como esta?

 

No podemos seguir volviendo la mirada hacia otro lado. Escuchemos la verdadera historia completa y seamos críticos con la información que recibimos. Tenemos una responsabilidad social, humana, que nos obliga a adoptar una actitud activa en la acogida de personas que buscan refugio en nuestro país. Estamos obligados a preocuparnos por ellos.

 

Es hora de hacer un ejercicio de empatía, de ser justos y comportarnos como verdaderos seres humanos.