«No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad». Estas sabias palabras pronunciadas por Gabriel García Márquez expresan una realidad. Nuestra actitud influye en el estado de ánimo de quienes nos rodean. Incluso algunas investigaciones han demostrado que la felicidad es un estado mental contagioso y que relacionarse con personas animadas puede ayudar a quienes sufren depresión.

 

Los investigadores James Fowler y Nicholas Christakis de la Universidad de California y de la escuela de medicina de Harvard respectivamente, publicaron en el British Medical Journal lo siguiente: “Al examinar las redes sociales encontramos que la gente feliz tiende a estar conectada con otras personas felices”, explicaron. Según sus estudios la probabilidad de que una persona sea feliz aumenta en un 15,3% si está conectado directamente con alguien que es feliz. Incluso una persona con la que se tenga contacto solo indirectamente influye casi un 9% en nuestra felicidad.

Por otra parte, por cada persona feliz a nuestro alrededor, la probabilidad de contagiarnos con esa felicidad aumenta en un 9%, y por cada persona que no es feliz, nuestra felicidad decrece en un 7%. “Este modelo muestra que las personas felices influyen más en nuestra felicidad que las infelices”, apuntaron los científicos.

Seamos fuentes de energía positiva

Conociendo lo anterior es común que estemos decididos a buscar personas que influyan positivamente en nuestro estado de ánimo. La verdad es que todos queremos estar cerca de personas que nos ayuden a mantener una sonrisa en nuestro rostro y eso no es malo. Pero más importante aún es analizar qué clase de persona somos nosotros y resolvernos a ser quienes transmitan felicidad a quienes nos rodean.

Una simple sonrisa y algunas palabras amables pueden hacer la diferencia. Claro está que no podemos fingir algo que verdaderamente no sentimos, así que primero debemos empezar a identificar y reflexionar los aspectos positivos de nuestra vida. Aprender a valorarnos por quienes somos y desarrollar paz interior. Así podremos manifestar en nuestro exterior lo que sentimos por dentro.

 

Es momento de que decidamos ser entes de cambio y contribuyamos a contagiar de energía positiva a los demás. No solo con palabras sino también donando de nuestro tiempo y recursos. Pensando en maneras en la cual podemos obtener una sonrisa en los demás y en cómo una pequeña acción de nuestra parte puede provocar grandes cambios en la vida de alguien. Así no solo haremos felices a los demás, sino que disfrutaremos de la satisfacción que produce ayudar a otros.

 

Aprendamos a transmitir felicidad

Una sonrisa sincera es una herramienta muy eficaz para evitar decir las cosas de forma no ofensiva. Además, una sonrisa y una respuesta calmada nos ayuda a que una persona que esté muy enojada baje el tono.

Además, si esa actitud corresponde a una sensación real (sonrío sinceramente porque soy feliz), esa energía se contagiará, será lo que emanes, lo que reciban los demás.