Tal como dice Bernardo Stamateas en su libro, «Ser tóxico es una forma de vivir, de pensar y de actuar; es una manera de funcionar». Todos tenemos rasgos tóxicos y podemos comportarnos en ocasiones de manera inadecuada, incluso egoísta. Pero, según el autor, «mientras todos tratamos de eliminar los rasgos tóxicos que percibimos en nosotros mismos, el tóxico no los reconoce y vive culpando a los demás, robando su energía. Los tóxicos son adictos emocionales que para sentirse bien necesitan hacer sentir mal al otro. Son los que van en dirección contraria por la calle y dicen: «¡Qué mal conducen esos idiotas!».

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Tipos de personas tóxicas

Ya sea en nuestras relaciones laborales, en nuestra familia, con nuestro grupo de amigos, o con nuestra pareja, todos corremos el riesgo de convivir con una persona tóxica y no darnos cuenta. Una posible explicación es que, en muchas ocasiones, su manipulación o trato se manifiesta de manera muy sutil, mientras que en otras, directamente, preferimos no enterarnos. Otra explicación es que las personas tóxicas no siguen un patrón rígido, sino que los expertos distinguen hasta siete tipos diferentes de personas tóxicas:

 

  • Los victimistas. Son aquellas personas que «nunca tienen responsabilidad en nada», por lo que siempre culpan a los demás. Deforman la realidad para hacer ver que, aunque «ellos siempre lo hacen todo bien», son los que acaban saliendo perjudicados. Siempre tienen una excusa, y esperan una disculpa. Se lamentan constantemente por su mala suerte, por lo mal que se porta el mundo con ellos y por la poca atención que reciben a pesar de ello.
  • Los envidiosos. Individuos para los que sus logros solo tienen valor si superan los de los demás.  En el fondo tienen baja autoestima, por lo que necesitan compararse continuamente para asegurarse de que a otras personas les va peor. Se sienten frustrados por lo que otros tienen y ellos no pueden conseguir y, por tanto, son personas que desean el mal a los demás.
  • Los que critican y descalifican las acciones de los demás. Pueden mostrarse muy simpáticos contigo, parecer interesados en tus cosas… pero solo para tener material que utilizar en tu contra. Son personas que disfrutan criticando todo lo que haces, y no desaprovechan la ocasión de ridiculizarte ante los demás. Conseguirán desestabilizar a su víctima de tal forma que será ella misma la que los busque, tratando de conseguir aprobación.

 

  • Los autoritarios. Podrás encontrártelo en el famoso «jefe déspota» que todos hemos visto en las películas, y quizá también sufrido en la vida real. Son personas inseguras, que necesitan aprovechar su posición para menospreciar a los demás, y hacer ver que ellos tienen el poder. Sus herramientas son la humillación, las amenazas y el miedo.
  • Los manipuladores. Están entre los más peligrosos porque juegan tan sutilmente que pueden pasar desapercibidos durante mucho tiempo. Son personas inseguras, pero que tratan de dar la imagen opuesta. Una vez descubran tu punto débil, atacarán. Suelen comportarse de un modo egoísta, utilizar la mentira y la oratoria para conseguir que hagas lo que desean.
  • Los narcisistas. Son personas con egoísmo exagerado y falta de empatía. Lo importante son ellos y sus cosas, mientras que los demás son solo objetos que están a su alrededor y pueden utilizar de vez en cuando. Los individuos narcisistas se dan una importancia excesiva, creen que son únicos y especiales. Necesitan continuamente atención y sentirse admirados por los demás.
  • Los pesimistas. «Si siempre todo me sale mal, ¿para qué intentarlo?». Son personas que siempre ven el lado negativo de las cosas, y se quejan continuamente de lo que pasa alrededor. Si les cuentas una idea, ellos te dirán por qué no va a salir bien. Consiguen desmoralizarte y extender su pobre punto de vista a los demás.

¿Cómo enfrentarse a una persona tóxica?

Lo primero es darte cuenta de sus estrategias, saber cuándo están tratando de manipularte. Puedes intentar el diálogo, hacerlos creer que te tienen en sus redes. No intentes resistirte de forma muy obvia, lo que podría suponer un conflicto, sino utilizar sus mismas armas. Hazles ver que estás de su lado, a la vez que tratas de cuidarte. Como ya hemos dicho, son personas que necesitan atención: en este caso, acostúmbralos a que esto no va a ser siempre así, no les sigas el juego.

En ocasiones podemos tratar de hacerles ver cómo son, tratar de que cambien, incluso a veces nos culpamos.  El problema es que en muchas ocasiones no pueden hacer nada por cambiar cómo son, y acaban arrastrándonos. Lo importante es que mantengas tus ideas y tus límites, y no comiences a comportarte como ellos. Si ves que la situación es insostenible, no hay otra opción: aléjate.

 

 

¿Tengo la culpa?

En todo caso, debes tener siempre presente que el problema no lo tienes tú, sino ellos. No solo se comportan así contigo, sino que necesitan tener el control y son así en todos los ámbitos de su vida. Puedes tratar de ayudarles, pero no cargarte con la culpa.

«Solo eres responsable de tus decisiones, no de las ajenas» (Bernardo Stamateas).