Un anciano puede perder la batalla contra el tiempo y la memoria;   

          … Una sociedad nunca

                                                                                                                                                                                                                              José Urbano Rodríguez

 

La frecuencia de nuevos casos de maltrato a nuestros mayores va en aumento. Los que sufren un mayor grado de dependencia son más vulnerables, convirtiéndose en el objetivo perfecto para los cuidadores y enfermeros con una frialdad emocional que los deshumaniza. Pero una vez más la empatía hace clic en el interior de muchos de nosotros, impulsandonos a involucrarnos activamente en la prevención y la denuncia del maltrato. ¿Y tú, te apuntas?

Definamos y delimitemos el maltrato

La OMS define el maltrato sufrido por los ancianos como un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza.

No hablamos solo del maltrato en un contexto institucionalizado, también abarca el maltrato que ejercen los cuidadores y familiares en el hogar en el que resida el anciano.

Tipos

Las distintas modalidades contemplan (Colomar, 2018)):

  • Maltrato físico: Consiste en provocar dolor o restricción física con medicamentos
  • Maltrato psíquico y emocional: Provocar angustia mental o emocional
  • Maltrato sexual: Contacto de cualquier tipo no consentido
  • Abuso de confianza en cuestiones económicas: Uso ilegal del patrimonio
  • Negligencia: Rechazo o fallo, intencionado o no, en el cumplimiento de la obligación de cuidado

 

¿Cuál es el perfil del maltratador?

En el 75% de los casos denunciados, el perpetrador de los malos tratos es un familiar o conocido de la víctima.

Normalmente posee baja autoestima, antecedentes de violencia familiar, problemas de alcohol/drogas, rechazo de la responsabilidad que tiene a su cargo, carácter impulsivo, relaciones sociales escasas y sentimientos de que está siendo explotado (Colomar, 2018).

Comencemos con los datos

Según las previsiones del INE, en 2066 la población anciana duplicará su actual porcentaje (de 18,8% a 34,6%). Hay más de un millón de personas de personas mayores que padecen situaciones de dependencia grave o muy grave en España. Solo un 7% de ellos reciben recursos sociales profesionales (Moya y Barbero, 2005).

Los siguientes datos  proceden de la revisión de sentencias judiciales españolas relacionadas con el maltrato a ancianos entre 2000 a 2013 (Colomar, 2018). Los actos delictivos contra personas mayores más frecuentes recogidos en sentencias fueron: robo o estafa, homicidio o asesinato, violencia doméstica y lesiones, amenazas o coacciones.

El 67% de los casos recogidos en esta revisión se produjeron en el domicilio, frente al 13% en residencias. Además se ha concluido que el sexo del 78,1% de los casos es el femenino .

Estos datos invitan a la reflexión, NO son una minoría, NO son casos aislados; sin embargo, las medidas disponibles NO son suficientes.

Medidas para luchar contra la vulneración de sus derechos

La insuficiencia de medios y recursos es una de las causas que fomentan indirectamente este problema. Por ello hay que darle la prioridad que se merece y promover medidas urgentes dirigidas a la prevención, la detección y la concienciación.

 

Prevenir como sociedad

Para ello, la propaganda a difundir debe luchar contra los estereotipos hacia este colectivo. Está en manos de cada uno de nosotros mejorar la percepción de los ancianos y promover un trato enraizado en el respeto y en la capacidad de empatizar con ellos. ¿Cómo…?

Impartiendo en las escuelas asignaturas y actividades que potencien la relación con las personas mayores y que ayuden a derribar las barreras del estigma social.

Trabajando la tolerancia y ayudándolos a tomar conciencia de las distintas enfermedades que los llevan a esas situaciones de dependencia. Mostrarles una visión de su propio futuro en el que contemplen cómo les gustaría que les tratase la sociedad cuando lleguen a esa edad y circunstancias.

Impartiendo talleres en centros de ocio dirigidos a las personas mayores, en los que se fomente su autonomía, su autoestima, su bienestar emocional y psicológico y sus relaciones sociales. En conclusión: un envejecimiento activo.

Prevenir desde nuestro entorno próximo

Cada vez vemos más extendido el estilo hiper permisivo en la educación de las nuevas generaciones. Pero se deben establecer límites desde muy pequeños y enseñarles a través de nuestra conducta cómo se debe tratar a las personas mayores (sean sus abuelos o desconocidos). Debemos ser el mejor ejemplo para lograr transmitir un modelo de ética  adecuado que perdure en las generaciones venideras.

Esto se consigue educando entre todos, sin hacer recaer todo el peso sobre los padres; toda la familia debe participar en la educación de los más peques.

Prevenir desde el voluntariado

Existen asociaciones en las que se ofrece ayuda a las personas mayores, desde ayudar con la limpieza o la cocina a simplemente hacerles compañía y mantener con ellos unos momentos de charla. El aislamiento es una de las peores opciones por las que optan los ancianos, pero el establecimiento de vínculos afectivos y actividades sociales que los obliguen a salir de casa es algo fundamental en la mejora de su salud mental y física.

 

Detección y denuncia

Estos pasos son clave cuando la prevención no ha surgido efecto. Impulsar un programa especializado que involucre a las personas mayores,  familiares, cuidadores y demás plantilla de las instituciones debería ser uno de los primeros pasos.

Programas que adviertan de las señales de alarma y de cómo aprender a detectarlas; las pautas a seguir cuando se observen estos signos en ancianos y también las pautas a seguir cuando los propios ancianos perciban las primeras señales.

En los casos en que la persona no puede denunciar el caso por su situación de enfermedad mental o demencia, deben contar con sistemas de videovigilancia externa que no estén controlados por el personal de la institución. En ocasiones no se denuncia por miedo a las represalias a manos de la dirección.

En una encuesta realizada en EEUU, el 36% de los enfermeros reconoció haber sido testigo de uno o más incidentes de maltrato físico en el año anterior; el 10% admitían haber cometido ellos mismos al menos un acto de maltrato físico y el 40% reconoció haber maltratado psíquicamente a pacientes (Colomar, 2018).

Para los ancianos con alto grado de dependencia que vivan en sus domicilios se deberían aumentar las visitas de los asuntos sociales e inspecciones más repetidas al mes.

Se debería mejorar la actual Ley de Dependencia y destinar más recursos y financiación para aumentar la red de personas beneficiarias. Por otra parte también debería de seguirse una inspección de las auxiliares de ayuda a domicilio para prevenir casos de maltrato.

¿Cómo actuar si sospecho de un posible caso de maltrato?

En el siguiente enlace se detallan algunas actuaciones eficaces en caso de sospechar de maltrato: https://www.aesfas.org/como-denunciar-el-maltrato-o-abuso-a-las-personas-mayores/

No hay actualmente un número centralizado especializado, pero en Aragón y Andalucía han comenzado con la iniciativa poniendo a disposición de los ciudadanos los siguientes: 900-25-26-26 (Aragón),  900-85-83-81 (Andalucía)

Si no hay un número todavía en tu ciudad, alerta al 112 y ellos te indicarán dónde debes dirigirte o, si la gravedad de la situación lo requiere, acudirán al domicilio/institución.

 

Si ellos no pueden luchar por sus derechos, luchemos juntos por ellos. ¡Seamos su voz!