«El miedo hace que nos aferremos hasta a lo más dañino. Tan solo déjalo marchar»

Rafael Vidac

 

El trastorno límite de la personalidad (TLP) es el más frecuente y el más temido de los trastornos de la personalidad. Aproximadamente el 50% de los pacientes con trastornos de personalidad hospitalizados corresponden al TLP.  Posiblemente hayas oído hablar de él o conozcas a alguien que lo sufre, pero ¿sabes realmente qué supone el día a día para estas personas?

 

Breve introducción sobre TLP

Un trastorno de personalidad consiste en un patrón de comportamientos y rasgos estables perjudiciales que conforman nuestra personalidad y que se desvían de la «norma social«. Esto afecta la forma en que percibimos el mundo,  cómo nos relacionamos y  cómo controlamos nuestros impulsos.

El trastorno límite de la personalidad, o borderline, está definido por los siguientes síntomas:

  • Esfuerzos constantes y desesperados por evitar el abandono (real o imaginario)
  • Relaciones que siguen un patrón inestable e intenso. Se alterna continuamente entre el extremo de la idealización y el extremo de la devaluación. Esto provoca numerosas relaciones y de corta duración
  • Inestabilidad persistente de la autoimagen y de la identidad
  • Impulsividad con carácter autodestructivo (abuso de drogas, conductas sexuales de riesgo, gastos excesivos) y estado de ánimo cambiante. Oscilaciones continuas que van de la tranquilidad a los ataques de ira y ansiedad.
  • Rabia desproporcionada y dificultad para controlar la agresividad
  • Pensamientos y conductas recurrentes de intentos de suicidio y automutilación. La tasa de suicidio consumado es del 10%, 50 veces la tasa de suicidio de la población general (Montero G. et al, 2018)
  • Sentimientos crónicos de vacío que desembocan en episodios depresivos
  • Ideas paranoides transitorias provocadas por periodos de estrés o desesperación y síntomas graves disociativos

 

¿Cómo es el día a día para una persona que sufre TLP?

Dos palabras que podrían acercarnos a definir su día a día son SUFRIMIENTO y CAOS. Viven las emociones de manera extrema, sin saber cómo llegar a un punto medio. Consecuentemente, tienen explosiones continuas de ira y ansiedad y una nula tolerancia a la frustración.

Su excesiva dependencia emocional de los demás los lleva a lesionarse cuando consideran que alguno de sus allegados va a abandonarlos. La manera en que lo afrontan y su diálogo interno para atribuir causas a los acontecimientos fomentan un círculo vicioso que suele culminar en el acto de infligirse dolor físico como vía de escape para no sentir dolor emocional.

También utilizan las conductas de riesgo, como abuso de sustancias o conductas sexuales indiscriminadas, como consecuencia de esa sensación de vivir al límite que tienen a diario. Es un medio que, según en qué momentos, utilizarán a modo de anestésico para encubrir el sufrimiento.

 

Por otro lado, sus mecanismos de defensa unidos al miedo excesivo al abandono se fusionan en un cóctel explosivo que los llevan a reaccionar de manera exagerada e impredecible. Estos comportamientos originan sentimientos de culpa y pesar que solo sirven para alimentar el tornado emocional, minando su autoestima.

En sus relaciones normalmente también se evidencian los extremos: perciben a los demás como santos o como demonios. Cuando parece que está satisfaciendo sus necesidades, ven a la persona como un superhéroe; cuando perciben que les ha fallado, la convierten en un malvado villano (Mason & Kreger, 1998).

Factores de riesgo

  • Separación o pérdida de alguno de los progenitores
  • Desarrollo de un estilo de apego inseguro y ambivalente
  • Relación conflictiva o distante con los padres durante la infancia
  • Abusos o maltrato en la niñez
  • Componente hereditario
  • Disfunciones neurofisiológicas o bioquímicas
  • Experiencias traumáticas vividas en la infancia

 

Tratamientos que mejoran la calidad de vida

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta antes de comenzar el tratamiento es tener claro que el autosabotaje y la eficacia del tratamiento van de la mano y en direcciones opuestas. La remisión de los síntomas irá viéndose con tiempo y paciencia, pero la cooperación y el compromiso son claves para conseguir resultados.

El 72% de los pacientes borderline mejoran significativamente con un programa específico que integre la Terapia dialéctica conductual, la Psicoterapia focalizada en la transferencia y la Psicoterapia centrada en la mentalización.

 

La más utilizada y replicada en estudios científicos es la Terapia dialéctica conductual. Es altamente eficaz con las tendencias suicidas y autolesivas, con las conductas de ira, impulsividad  y agresión. Su eficacia se ve incrementada en combinación con los psicofármacos Olanzapina y Fluoxetina (Cuevas, López, 2012). Asimismo, es especialmente beneficiosa en pacientes TLP con trastornos comórbidos por abuso de sustancias.

La terapia dialéctica se compone de cuatro módulos que se concentran en el desarrollo de: habilidades de conciencia, habilidades de efectividad interpersonal, habilidades de regulación emocional  y habilidades de tolerancia al malestar.

Prevención

Aunque  su prevalencia entre la población clínica abruma, su visibilidad en la sociedad no es proporcional. Hay un gran desconocimiento del trastorno y una desinformación que obstaculizan la concienciación social. Aunque esto no contribuya a lograr una prevención directa como tal del TLP, sí ayudaría a prevenir los episodios más graves, que provocan el alto número de hospitalizaciones de los pacientes.

Debería ser una medida de primera necesidad poder disminuir tanto el número de conductas que acaban en suicidio como también el número de intentos. Está demostrado que los pacientes que acaban consumando el suicidio lo intentan en numerosas ocasiones con anterioridad. Por ello, debemos divulgar números de prevención del suicidio (910 380 600) y pautas de intervención en crisis tanto para los afectados como para los familiares.

Otra medida podría enfocarse en la implementación de protocolos, pautas de actuación y profesionales especializados en los centros de atención primaria. Para evitar un sobrediagnóstico de TLP por conductas autolesivas o intentos de suicidio, es necesario formar a los profesionales de la salud en el diagnóstico diferencial del TLP, ya que su alto nivel de comorbilidad hacen de este trastorno un auténtico desafío a la hora de lograr un diagnóstico correcto.

 

 «Yo siempre había temido el silencio[…] ¿Por qué? Porque quedarse a solas con uno mismo da miedo, porque no quieres escuchar todo lo que pasa por tu mente, porque no te conoces y te asusta… Y por eso actualmente me encanta pasar largos ratos conmigo misma, escucharme y aprender a descifrar lo que siento, lo que necesito, lo que quiero.»

                                                                                                                                                       Paciente en remisión del TLP