Los Bebés adultos, también denominados ABDL (Adult Babies/Diapers Lovers), son personas que padecen lo que se denomina, parafilia. Y aunque la RAE define este término como una desviación sexual, en muchos de los casos estudiados, este comportamiento, el de llevar pañales o ropa de bebé y comportarse como tal, no tiene relación con «tendencia erótica» alguna, sino con la búsqueda de comfort emocional.

Es en este tipo de parafilia, la que no tiene connotación sexual*, en la que nos vamos a centrar en este artículo. Su denominación en el ámbito psicológico es autonepiofilia o infantilismo parafílico. 

La ABDL Community, (Adult Babies/Diapers Lovers Community), engloba, y por lo tanto distingue, entre personas con distintos comportamientos:

  • «Adult Babies» o Bebés adultos, que disfrutan actuando como bebés y quieren que se les trate como tal; y
  • «Diapers Lovers» o Amantes de los pañales,  que disfrutan con la sensación de bienestar y seguridad que les da llevar pañales.
  • Los dos anteriores también pueden darse juntos.

Qué lleva a personas adultas a tener este comportamiento y qué buscan en él, solo puede responderse desde la perspectiva de la psicología.

De acuerdo a las manifestaciones realizadas en diversos medios de comunicación por una de las pocos psicólogos especializados en ABDL en España, María Antonia Colom, entre ellas la emitida en el programa realizado en el canal Cuatro sobre este tema, este colectivo engloba muy distintos perfiles sociales y en apariencia, todos llevan una vida considerada»normal». Poseen habilidades sociales adecuadas, muchos de ellos, la mayoría son hombres, están casados y poseen un nivel cultural aceptable, pero también suelen ser personas con muy poca capacidad de gestión de la frustración, que han crecido en un entorno de sobreprotección o que padecen algún trauma por abandono en edades tempranas. Asimismo, se ha diagnosticado en personas con un alto grado de ansiedad.

Es un colectivo prácticamente «clandestino» por vergüenza social, pero no es, ni reciente, ni mucho menos, poco numeroso. Ya en los años 90, la fotógrafa Polly Borland, conocida como la «fotógrafa de lo poco convencional», hizo un reportaje sobre ellos. Su obra completa en pollyborland.

En España, hay unas 50.000 personas que sufren esta parafilia. Número muy inferior al de otros países europeos en los que este comportamiento está más extendido o al menos es más visible, teniendo incluso, su propio nicho de mercado. Holanda, por ejemplo, acoge la convención anual de mobiliario, moda y productos ABDL. Muebles infantiles a la medida de adultos, cunas, tronas,… pijamas infantiles «adult size» y otros muchos productos, se pueden encontrar en páginas especializadas cómo ésta, pero también se ha desarrollado todo un negocio en el sector «servicios» dirigido a ellos. Mujeres dispuestas a cuidarles como bebés, incluyendo cambio de pañales, polvos de talco, juegos (no sexuales), darles el biberón, alimentarles con potitos, e incluso con lactancia materna, están a un «click» en la red.

Este comportamiento, al igual que muchos otros, como el síndrome de hikikomori, del que hablamos en su día, no es más que otro refugio emocional para huir de la presión social, de la tristeza, de la ansiedad, de la depresión y del estrés que las responsabilidades de una vida adulta, cada vez más exigente, les provocan. Es, un refugio ante un abandono emocional que necesita ser compensado, el cobijo de un mundo en el que se sienten perdidos o no saben cómo afrontar, y es que se han identificado casos ABDL incluso, en adolescentes entre los 13 y los 15 años. Aunque en muchos casos las personas que padecen este síndrome pueden compaginarlo con su vida diaria, hay otras, que necesitan tanto del estado de comfort que este comportamiento les proporciona, que pueden llegar a ver afectada su vida laboral y social.

Se pueden buscar tratamientos para ayudarles, se puede y debemos ser una sociedad comprensiva, pero quizás la solución pase por realizar ciertos cambios en el actual «modo de vida» que frenen el azote de estos síndromes psicológicos provocados por un ritmo vertiginoso o por unas exigencias académicas, laborales y sociales que no todos pueden sobrellevar de una forma saludable.

Intentemos ser una sociedad preventiva, no curativa.

*Respecto de aquéllos a los que este comportamiento les produce excitación sexual, habría que puntualizar que NO SON pedófilos, ya que no tienen interés o atracción por menores.