En nuestra cultura crecemos pensando que las emociones hay que ocultarlas. Ser emocional es sinónimo de debilidad y mostrar las emociones, de desequilibrio.

Muchos de nosotros hemos crecido con mensajes que nos han separado de las emociones. Mensajes como “no llores delante de la gente”, “llorar no es de hombres”,“será que estás con la regla”, “que no se enteren que te lastimaron”, “no te rías tanto que luego vas a llorar”.

Estos mensajes van quedado en tu inconsciente y cada vez que aflora una emoción tu reacción natural es anularla.

Sin embargo, las emociones no son algo que podemos borrar de un plumazo y hacer de cuenta que no existen. De alguna u otra manera siempre vuelven a nosotros. Si no tenemos la capacidad de gestionarlas y hacemos el intento de controlarlas, se pueden volver en nuestra contra. No sólo podremos pasar por situaciones psicológicamente complejas, sino que nos perderemos el gran regalo que implica abrazar a nuestras emociones.

Las emociones son un regalo

Si, ¿No lo habías oído? Son un regalo maravilloso que te puede servir para muchas cosas. Conocerte, identificar que emociones son más habituales en ti y cuáles no, pasar de lo racional a lo intuitivo. Elegir el camino de integrar en tu vida lo racional, emocional y espiritual te convierte en una persona mas balanceada y por tanto mas feliz.

Las emociones nos ponen siempre en movimiento, nos impulsan. No hay emociones buenas o malas, aunque hay emociones que en un momento de la vida te abren posibilidades y en otro momento te cierran posibilidades. Cada vez que te das el permiso de conectarte con alguna emoción, de abrazarla y comprender porque está allí, verás que hay un mensaje mucho más certero y significativo que el que te puede decir tu cabeza.

¿Que mensajes me están dando las emociones?

Podríamos decir que en términos generales, te están diciendo:

  • Compasión: Es una emoción que nos permite pasar del tu /yo al nosotros. Me dice que estoy conectado y que no soy impávido frente a tu dolor sino que tu dolor es también mío. Me está hablando de mi disposición a ayudar.
  • Rabia: Me dice que lo que está pasando es injusto o que lo vivo como una injusticia. Ahí surge esa emoción que busca el castigo del otro. La rabia/enojo/ira son emociones muy necesarias en nuestras vidas si las sabemos gestionar. Estas emociones también nos sirven para poner límites (decir que no) y para ser resolutivos. Sin embargo, si dejamos que el enojo nos invada podemos caer en la agresión a otros o a mi mismo.

  • Tristeza: Nos dice que perdimos algo que nos importa muchísimo. Nos lleva a conectarnos con nuestro dolor y nos permite duelar lo perdido. Si negamos la tristeza nunca pasaremos página y seguiremos arrastrando e incrementando el dolor.
  • Miedo: Conectarme con el miedo me permite identificar los peligros que puedo enfrentar en la vida, saber que frente a determinadas situaciones es bueno ser cauto. Pero, cuando miramos la vida desde el miedo, vemos peligros donde no los hay y podemos quedarnos paralizados o nos puede llevar a huir continuamente de las situaciones.
  • Resignación y Frustración: Las colocamos juntas por que van de la mano. La resignación me dice que lo que pasa está fuera de mi control y posibilidad de cambio. Que no puedo hacer nada y que me quedo desarmado frente a esa situación. Llegamos muchas veces a la resignación desde su amiga la frustración. La frustración me viene a decir que aunque quiero hacer algo y controlar la situación, no lo logro. Me deja en un lugar de imposibilidad, que considero injusta y que repetidamente me lleva a la frustración.

Algunas ideas para sacar partido de estos mensajes

Si sabes escuchar estos mensajes y aprender de lo que están diciéndote las emociones, podrás lograr poco a poco gestionarlas, usarlas a tu favor e integrarlas a tu vida.

1º- Distínguelas

Muchas veces sentimos la emoción, la sensación en el cuerpo y en la cabeza, pero no sabemos ponerle nombre. Esto nos pasa muy a menudo, sobre todo cuando empezamos a conectarnos con nuestro mundo emocional. ¿Qué podemos hacer para distinguirlas? Conéctate con lo que te pasa frente a esa emoción. ¿Qué sensaciones te llegan? ¿Cómo está tu cuerpo? ¿Qué ideas te llegan a la cabeza?. A partir de allí puedes ir haciendo el trabajo de identificar que es lo que te pasa, si estás triste, alegre, enfadado, etc. y poner nombre a tus emociones.

2º- Contextualízalas

Registra en que momentos del día te pasa y que situaciones gatillan tus emociones. Lleva un diario y dale seguimiento al menos una semana a esto para ver que te están diciendo las emociones frente a esa situación. Por ejemplo, en distintas situaciones cada vez que alguien no reconoce lo que hago bien me enojo. ¿Qué me dice la emoción? Qué siento lo que pasa como una injusticia dado que he puesto todo de mi para cada uno de los logros que he tenido. Ponerle contexto a lo que siento me permite comprender cuál es el sentido de esa emoción en ese momento y poder hacer algo con ella en lugar de engancharme a ella.

3º – Re-diséñalas

Tal vez podrás creer que es imposible, pero no. Podemos re-diseñar la forma en que vivimos cada una de nuestras emociones e incluso traer emociones en nuestra vida. Siguiendo el ejemplo anterior, el enfado me dice que siento una injusticia. Desde la sensación de injusticia no puedo cambiar la situación que tanto me molesta. Sin embargo, puedo usar esa emoción para poner límites y para iniciar conversaciones que antes eran imposibles por estar atrapados por la rabia. De esta forma, no sólo aprendes de tu emoción sino que también puedes usarla para responder a las situaciones de otra manera. Y así ampliar tu abanico de acciones posibles.

Recuerda: al ir reconociendo tus emociones, sus mensajes y usándolas desde su lado constructivo y positivo, podrás desarrollar mas tu lado intuitivo y lograr una vida mas integrada entre mente, emoción y cuerpo. Anímate!