Hay que correr riesgos por el simple hecho de que el peor de los peligros en la vida, es no hacerlo. Aquellos que no arriesgan nada o no tienen nada, siguen sin hacer nada. Es una manera eficaz de evitar el sufrimiento y la tristeza, pero no logran prosperar, aprender, sentir, crecer, cambiar, vivir. Quedan encerrados en sus propios temores, esclavos que decidieron renunciar a una libertad plena.

Los pesimistas huyen de la lluvia, mientras los optimistas saltan charcos. Al arriesgar, en ocasiones se puede perder, pero… ¿te has parado a pensar en todo lo que puedes ganar?

 

Solo es cuestión de hacerte las preguntas correctas:

 


¿Por qué?

¿Por qué no?

¿Por qué no tú?

¿Por qué no ahora?

 

 

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