En casa de Paula y Marc los niños reclaman la atención a grito de mami o mamá. Así llaman a Lidia y Montse, sus madres. Ellas son pareja y hace ocho años decidieron tener hijos. Ser un matrimonio homosexual no les impidió tenerlos a pesar de las dudas de algunos: ¿sufrirán siendo una familia homoparental?

 

Con sus pizpiretas sonrisas y sus ojazos azules, Marc y Paula responden: no cambiarían nada de su familia, porque no creen que sea diferente. Su familia homoparental está fundamentada para ellos en el amor, el que se tienen sus madres y el que les profesan a ellos: ser un tesoro, dice Paula.

Estos niños no se han librado de los ataques de la sociedad. Ella sufrió la burla de alguno de sus compañeros, pero supo atajar ese escarnio con la mejor de sus armas: ignorarlo. A Marc le han preguntado en alguna ocasión si es adoptado y a los dos les han llegado a decir que es “asco” tener dos mamás. Pero a ellos no les importa que les miren quienes no ven más allá de la familia tradicional. Esos ataques los vemos reflejados en este experimento social en el que una niña finge tener dos papás y otra le ataca. La reacción de sus compañeras es sorprendente, a pesar de su corta edad, los argumentos son fantásticos y siempre basados en la normalización. Entonces, ¿en qué momento se desvirtúa el concepto de familia?

 

LOS TESOROS

Yo me quedo con el consejo de Paula y Marc a quienes no se atreven a apostar por una familia homoparental:

“No tienen que temer porque si tienen un hijo es como tener mucho amor con él, es como si fueras su mayor tesoro para ella o él”.
“No las cambiaríamos por nada, dice Marc, es como un tesoro tenerlas a ellas”.

Así se libra la batalla social, administrativa y laboral: con la normalización.