La soledad no buscada en un mundo lleno de gente, como lo es el nuestro, suele ser una de las circunstancias más tristes en la vida de una persona. Este sentimiento tiene repercusiones sanitarias especialmente peligrosas para las tercera edad.

¿Qué es la soledad?

  • Cuando hablamos de ella la imaginamos muchas veces como un concepto físico: no tener a nadie alrededor. Es una acepción válida y puede ser, por sí misma, causa de tristeza, aunque también puede ser algo buscado y de lo que se puede disfrutar. Es lo que llamamos soledad objetiva.
  • La soledad subjetiva, sin embargo, es aquella que nos causa aflicción, la que nos hace sentir solos aun estando rodeados de gente. Y es un hecho más que frecuente entre nuestros mayores que se ha convertido ya, en un gran problema de la sociedad actual.

¿Por qué es más frecuente entre los ancianos que entre el resto de la población?

  • Una de sus causas más habituales en la tercera edad es la ausencia de aquellos que los acompañaron durante la vida. La pérdida del cónyuge es un motivo muy común, especialmente entre las mujeres, que tienen una esperanza de vida mayor que la de los hombres.
  • La lejanía de los seres queridos es un factor muy importante a la hora de sentirse solo o no. Con frecuencia los familiares están demasiado lejos o no tienen tiempo para cuidarlos. Si no se suple esta ausencia con relaciones sociales en el ámbito no familiar, se inicia una situación de aislamiento muy peligrosa para ellos.
  • Otro de los motivos es la falta de autonomía derivada de la pérdida de facultades físicas y mentales, que acentúa el aislamiento y el sentimiento subjetivo de soledad.

Consecuencias para la salud

  • La soledad segrega cortisol, una hormona que provoca insomnio y eleva el estrés y la tensión arterial.
  • Puede provocar enfermedades cardiovasculares y afectar al sistema inmunológico y endocrino.
  • La falta de interacción propia de la soledad tiene como consecuencia la pérdida de agilidad mental y potenciales lapsus de memoria.
  • Es una posible causa de deterioro cognitivo, hecho que podría acabar provocando demencia.
  • Depresión.

¿Cómo evitarla?

  • Con compañía. Con algo tan sencillo como esto reforzaremos la autoestima de nuestros mayores y alejaremos su sensación de aislamiento. Dejarán de creer que no valen para nada y volverán a ilusionarse y a disfrutar de la vida.
  • Participando en actividades que faciliten la interacción con otras personas y contribuyan al mantenimiento de la agilidad mental. El simple hecho de hablar con los demás ya hace trabajar al cerebro y lo mantiene despierto.
  • Manteniendo rutinas que los obliguen a hacer ejercicio para mantenerse activos. Tan sencillo como dar un pequeño paseo, si tienen la mobilidad suficiente. Si no, cualquier actividad que implique un esfuerzo proporcional a sus capacidades.

No sabemos si la soledad es un problema que ha llegado para quedarse. Lo que sí está claro es que no es algo que vaya a desaparecer de la noche a la mañana; conocer sus causas es esencial para intentar evitarlo o, en el peor de los casos, remediarlo. Pongamos, pues, lo mejor de nosotros mismos para conseguirlo, ¿no?

Fuentes consultadas:
Asociación Americana de Psicología
Rubio, S. (2009) Envejecimiento en red.es. La soledad en los mayores. Una alternativa de medición a través de la escala Este. Universidad de Granada. http://envejecimiento.csic.es/documentos/documentos/rubio-soledad-02.pdf