Definición

La RAE define el miedo como:

1. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.

2. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

¿Por qué sentimos miedo?

Desde un punto de vista fisiológico, véase puramente anatómico, el ser humano tiene un “centro del miedo” que es la amígdala, situada en el cerebro.

Cerebro

Tenemos tres tipos de cerebros, independientes en cuanto a funciones. El más primitivo es el cerebro reptiliano que regula las funciones involuntarias del ser vivo como la respiración, el control de la temperatura corporal, el nivel hormonal, la sed, el hambre, etc. Un segundo cerebro es el denominado cerebro límbico, donde se guardan todos nuestros recuerdos y emociones y un tercero y último, el cerebro racional o neocortex, donde se encuentra la conciencia que controla las emociones, por lo que, se podría decir que es donde está la parte consciente de la persona tanto física, como emocional.

Si consideramos el miedo como una emoción,  llegamos fácilmente a la conclusión de que su gestión es competencia del cerebro límbico y que es en él donde se encuentra amígdala, la cual se encarga, no sólo de la emoción del miedo sino también de otras como el amor, la rabia, la tristeza,…En definitiva, de cualquier tipo de emoción.

Fue Joseph LeDoux neurocientífico del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva York, el primero en descubrir el papel desempeñado por la amígdala en el cerebro emocional y de su toma de control del comportamiento, de acuerdo a la emoción recibida, hasta que el cerebro racional o neocortex toma la decisión conductual, es decir, la consciente.

Antes se tenía la creencia de que los sentidos captaban información del exterior y que a través del tálamo, (cuerpo calloso entre los dos hemisferios cerebrales que gestiona las emociones  enviándolas a otras áreas del cerebro con las que está conectada), llegaban al neocortex, quién tomaba la decisión de actuación. Fue el propio Jospeh Le Doux quién observó que había una especie de “atajo” entre el tálamo y la amígdala y que ésta última tomaba el control de nuestro comportamiento hasta el momento en que el neocortex  daba la respuesta racional, lo cual no ocurre siempre y podría explicar por qué a veces nuestro comportamiento es más emocional que racional y que da cierto sentido a frases tan populares como “el amor es ciego” o “la emoción, a veces, nubla la razón”.

Partes de la amígdala y sus funciones

La amígdala se podría dividir en:

Núcleo corticomedial, muy relacionado con el control hormonal y el apetito sexual tanto masculino como femenino.

Núcleos basolaterales, entre otros está relacionado con el aprendizaje y aplicación de respuestas emocionales por experiencias.

Núcleo central, es el responsable de las respuestas emocionales a los estímulos y sensaciones recibidas, tanto a nivel físico, siendo el causante, por ejemplo, de los temblores, palpitaciones y sudores fríos que el miedo puede provocar, como conductual, es decir, es el responsable del comportamiento final que nos provocan esas emociones.

Nosotros nos centraremos en las dos últimas divisiones, no desde el punto de vista anatómico, pero sí funcional.

Entonces, ¿quiere eso decir que la amígdala, tiene almacenados recuerdos por experiencias y por lo tanto asocia un comportamiento al estimulo recibido según el recuerdo asociado a ese estímulo?¿Hay tras esa “acción -reacción” un aprendizaje?

Efectivamente, hay un aprendizaje emocional. La amígdala recibe un estímulo o sensación  y “tira,” por decirlo de alguna forma, de su recuerdo emocional, recordemos que es el hipotálamo el que almacena los recuerdos como tales y donde se encuentra nuestra memoria tal y como comentamos en nuestro artículo El silencio, el gran aliado de nuestra salud , es decir, recuerda qué emoción le produjo anteriormente ese estímulo y cómo reaccionó. Ese recuerdo emocional se asocia a un comportamiento, que se afianza en su repetición y por lo tanto se produce un aprendizaje.

¿Ha sido la amígdala la gran salvadora de la especie humana a lo largo de la evolución?

Se podría decir que a lo largo de la evolución de nuestra especie, la amígdala ha analizado en su “base de datos” todo lo que nuestros sentidos percibían para analizar si existía alguna situación de peligro que amenazara nuestra integridad física, nuestra seguridad y por lo tanto nuestra supervivencia, derivando en un comportamiento, ya fuera de lucha o de huída, que la garantizara. Actualmente, sigue funcionando de igual manera, quizás por eso busquemos calles iluminadas en barrios desconocidos y evitemos situaciones potencialmente peligrosas que no podemos controlar.

Lo anterior puede explicar el miedo físico, pero, ¿qué pasa con el miedo emocional?¿Qué pasa cuando el miedo no es a algo externo, si no que lo genera el propio individuo?

Véase por ejemplo, el miedo de los estudiantes a suspender un examen, el miedo al fracaso, el miedo al rechazo, el miedo a perder lo que uno tiene…

Pues bien en muchos casos ese miedo nos avisa de algo, si se tiene miedo a suspender quizás sea porque no se ha estudiado lo suficiente; el cerebro evalúa las consecuencias y te pone alerta. Quizás la solución sea tan simple como estudiar más para que ese miedo provocado por la inseguridad desaparezca. El miedo al fracaso, es una ansiedad que produce una potencial situación que se puede dar o no y que sinceramente, no merece la pena dejar que domine tu ánimo mermando tus posibilidades de éxito debiendo  focalizar el comportamiento en hacer todo lo posible para que esas situaciones potenciales, y por lo tanto, no reales, no lleguen a producirse.

Podríamos analizar uno a uno los miedos antes mencionados, pero la verdad es que yo soy muy fan de “sentir”, incluso miedo, y tengo una frase, que no sé donde la oí, pero he crecido con ella, y la comparto con vosotros para que reflexioneis y por qué no, para que os de una perspectiva distinta a la hora de enfrentaros a esos miedos que nosotros mismos nos creamos:

“El miedo es bueno si te mantiene alerta y malo si te paraliza”

¿Quiere eso decir que se puede acabar con el miedo, simplemente bloqueando la actividad de la amígdala?

Enhorabuena si has llegado tú solo a esa pregunta que me temo no sé responder, pero efectivamente yo me planteo esa y otras  muchas como:

  • Personas con  fobias que le impiden tener una vida normal, ya sea fobia sin trauma (agorafobia por ejemplo, miedo a los espacios abiertos ) o postraumática, ¿podrían tener una mejor calidad de vida si se bloqueara o estirpara la amígdala?¿Qué pasaría con el resto de las emociones que se supone la amígdala gestiona?Siendo el cerebro un órgano plástico, ¿podría especializarse otra zona del cerebro en esa función ?
  • Una persona con una amígdala de tamaño inferior al estándar, ¿siente menos miedo, o cualquier otra emoción, que una persona con una amígdala de tamaño regular?
  • Una persona con una amígdala de tamaño mayor al estándar, ¿es una persona más emocional que racional?
  • Las personas que aman realizar actividades de riesgo, ¿ de qué tamaño tienen la amígdala?

Y tú, ¿tienes miedo a algo?¿Te alerta o te bloquea?