Aunque es a mediados del Siglo XX cuando comienza a utilizarse el término desarrollo, el concepto es tan antiguo como lo son las comunidades humanas. Hace referencia al camino que éstas deben seguir para lograr mejorar las condiciones socioeconómicas de su población.

El desarrollo es un concepto dinámico/orgánico que está sujeto a las condiciones del contexto. Por lo tanto, su manera de ser concebido varía a lo largo de la historia.

De una manera simplificada, pueden identificarse tres momentos en el proceso evolutivo “moderno” del término desarrollo. Inicialmente, en el auge de la revolución industrial, se concibió como sinónimo de crecimiento. Vinculado directamente a la producción de recursos, se trataba de un constructo puramente económico.

 

Seguidamente, se introdujo el concepto de cambio en el desarrollo. El crecimiento debía estar acompañado de ciertos cambios en las estructuras sociales y en la vida de las personas.

Por último, en los años 60/70 comenzó a cuestionarse la pertinencia de crecimiento para el desarrollo. Debido a las consecuencias medioambientales y a la falta de sostenibilidad de las políticas de desarrollo ejercidas hasta el momento. El desarrollo pasó a ser entendido como un proceso de cambio sostenible.

 

¿Qué significa sostenibilidad?

Asegurar las necesidades del presente sin agotar los recursos de futuras generaciones.

 

La comunidad intelectual ha dedicado grandes esfuerzos para intentar comprender y abordar el tema del desarrollo sostenible. Se han producido avances sustantivos en la materia, tanto a nivel práctico como teórico. Pero basta una simple ojeada a nuestro alrededor para darnos cuenta de que estos esfuerzos no son suficientes. No lo son para lograr una distribución de recursos equitativa ni para aliviar la pobreza y el sufrimiento humano.

¿Existe un hiperdesarrollo de los países del primer mundo?

Hay una tendencia general a considerar a los países del “primer mundo” como países desarrollados. Pero la realidad es que se está haciendo un uso abusivo y descontrolado de los recursos. Un uso insostenible.

 

¿Entonces, puede hablarse realmente de progreso?

Visualicemos el concepto de desarrollo dentro de un continuum. El subdesarrollo estaría en un extremo. El hiperdesarrollo estaría en el extremo opuesto. El desarrollo estaría en el centro, simbolizando el equilibrio. En este sentido, sólo el desarrollo sería una posición sostenible.

Si todos los países adoptásemos un estilo de vida como el europeo, los recursos naturales se agotarían rápidamente. Estaríamos ante una situación insostenible a nivel mundial.

Por lo tanto, es necesario reflexionar acerca de la soberbia primermundista. Sobre las consecuencias que nuestros excesos conllevan. Sobre la relación directa entre nuestros hábitos de consumo y el estancamiento de los países subdesarrollados y la violación de los derechos humanos de sus habitantes.

 

Junto con un progreso humano de los países “tercermundistas” debe darse de forma paralela un retroceso en términos de uso de recursos, en los países “del primer mundo”. Solo de esta manera podremos empezar a hablar de desarrollo sostenible.

 

No solo debemos centrar la atención en el progreso de los países pobres. Es hora de poner en evidencia nuestra falta de responsabilidad humana e introducirnos en una etapa de decrecimiento. 

Decrecimiento del primer mundo para poder acercarnos de manera realista a un mundo en equilibrio. Un mundo donde los recursos estén justamente distribuidos. Donde los derechos básicos humanos sean respetados, independientemente de la latitud o del continente en el que hayamos nacido.

La última palabra es tuya… ¿Quieres seguir alimentando la desigualdad y la injusticia? ¿O prefieres que tus acciones sirvan para crear un mundo justo y sostenible?