Suena el despertador y el miedo vuelve a invadirlo todo ¿Qué me harán hoy? ¿Será peor de lo que me hicieron ayer? Y si hoy no me hacen nada ¿Me harán más mañana?

Este es el pensamiento que 1 de cada 5 niños y adolescentes tendrán cada día a lo largo de todo el curso. 1 de cada 5. El acoso escolar hace tiempo que dejó de ser “cosas de niños” y actualmente se estima que más de 21.000 niños conviven con esta pesadilla cuotidiana y en la mayoría de los casos, silenciosa.

Mordiscos, insultos, palizas, intimidación y ciberacoso han dejado de ser términos raros o casuales para entrar a formar parte del ideario popular y no podemos no preguntarnos por qué ¿Qué estamos haciendo mal los “adultos” para hacer creer a pequeños desalmados que tienen el derecho de semejante aberración? ¿Qué tan solos están nuestros niños, que vagan sin control ejerciendo sus propias leyes a costa de la integridad ajena? ¿Qué dicen sus acciones de nuestro papel como antecesores?

dakari acoso

Las víctimas de hoy, los acosadores del mañana

Anorexia, ansiedad, autolesiones, baja autoestima y en casos fatídicos el suicidio, son algunas de las consecuencias de la ya bautizada como lacra del siglo XXI. El Bullying arraiga, el terror a sufrir daño devasta y el miedo a morir se convierte en una realidad.

Sin embargo, hay algunas víctimas, o hermanos de víctimas que una vez sobrevividos eligen, por miedo o por simple subsistencia, pasarse al bando de los malditos y convertirse en aquello que un día odiaron: El acosador.

Quizá aquel director de tu departamento que convirtió tu vida laboral en un infierno fue en su tiempo el “gordito” que vivió su infancia entre insultos, mofas y canciones crueles. La que fue víctima es ahora verdugo, porque el acoso escolar deja cicatrices profundas y cargas demasiado pesadas para aquellos que las tuvieron que sostener sobre sus hombros durante demasiado tiempo.

Los que fueron acosados ahora acosan, pero a eso no se le llama Bullying si no Mobbing, y eso, es otra historia.

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 La individualidad, caldo de cultivo

Cientos son los testimonios como cientos los estudios que concluyen que una de las características que comparte la mayoría de las víctimas es la individualidad. Ser diferente parece ser la causa más común en los casos de Bullying y no podemos caer en la hipocresía de no aceptarlo ya que vivimos en una sociedad donde lo diferente incomoda, lo destacable asusta y en consecuencia, nos debemos a la mediocridad del rebaño para combatirlo. El Gordito, La Larguirucha, El Gafotas, La Bizca, El Rarito, La Facilona, La Empollona o El Maricón nunca fueron palabras inocentes, pero nuestros niños las escuchan, las aprenden y las usan sin ápice de compasión.

No le faltaba razón a aquel que dijo que “Largo es el camino de la enseñanza por medio de las teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos” porque los padres, los educadores y toda la sociedad, deberíamos cuestionarnos la educación que estamos dando a nuestros hijos, empezando por la nuestra propia. Fomentar el pensamiento crítico individual y por extensión el colectivo, debería ser un pilar para las generaciones futuras. La inteligencia emocional, la autoconfianza y la individualidad asignaturas obligatorias, no sólo en las aulas sino también en la vida.

¡Tú puedes!

Por fortuna, aquellos que se mantuvieron en silencio ahora gritan a los 4 vientos que ya basta. Porque el Bullying se puede combatir, se puede eliminar de nuestros colegios, nuestros institutos y nuestras universidades. Cada vez son más los protocolos de tolerancia cero y padres de ambos bandos y docentes, reconocen la importancia y la transcendencia de dar tijeretazo de una vez por todas. Así que, amparándome en las palabras de un testimonio real sólo queda algo por decir:  Si eres víctima de Bullying grita, cuéntaselo a todo aquel que te quiera escuchar y recuerda que nunca serás merecedor de ese trato, nunca.

Ser diferente no es malo, ser uno mismo nunca es razón para el maltrato. Si eres acosador despierta… piensa por ti mismo si aquello que haces merece la pena, si tus problemas se solucionan así, si tu inseguridad lo es menos por tratar de semejante modo a aquel del que tanto envidias. Y por último a ti espectador, si eres testigo de un maltrato, no te rías, porque créeme, no tiene ninguna gracia.