Por qué es tan importante hablar en positivo… Quizás hayáis visto el experimento realizado por una empresa internacional de muebles nórdicos muy conocida, ¡sí!, ¡justo esa!, la que ha hecho que medio mundo sepa qué es un tornillo svinden o haya puesto en su casa la mesita de café flisat; para los que no sepáis de lo que os hablo, os dejo un video resumen, que muestra y demuestra gráfica y espectacularmente, he de decir, los efectos devastadores de la agresión verbal y los beneficios de las palabras amables, en un sencillo e impactante experimento. ¡Un genio al que se le ocurrió la idea!

Con este video, no intento deciros que habléis bien a vuestras plantas, que también, yo lo hago a diario, y aunque debe ser un espectáculo verme acariciar sus hojas y agradecerle que siga viva, llevan muchos años oxigenando mi vida; lo que intento deciros, es:

“Si hablar amablemente a las plantas les hace crecer, imaginad qué puede hacer con las personas”.

Y es aquí, donde vamos a empezar a hablar no sólo de los beneficios de las buenas palabras sino de cómo podemos hacer un ejercicio diario para expresar cualquier opinión, discrepancia o argumento, aunque sea negativo, de forma amable, poco dañina y que facilite el entendimiento, haciendo eficaz la comunicación y nuestras relaciones sociales y personales, más armoniosas.

Una de las necesidades básicas del ser humano es la de pertenecer a un grupo y sentirse aceptado. No serlo, no sólo nos produce desubicación social e inestabilidad emocional, con las consecuencias psicológicas que ello conlleva, sino que además, experimentos realizados con resonancias magnéticas funcionales, (aquéllas que señalan qué partes del cerebro se activan según que estímulos reciba), nos muestran, como el rechazo que sufre una persona por su entorno, el cual, normalmente, va acompañado de comportamientos, gestos y palabras poco agradables e  incluso agresivas, produce la misma actividad cerebral que aquélla que se registra cuando sufrimos dolor físico. Ahí es nada.

Si ya sabíamos que el maltrato psicológico existe y que es igual de dañino que el maltrato físico, la demostración empírica de que el primero activa los mismos espacios cerebrales que el segundo, es la prueba definitiva. Cuidad vuestras palabras.

Para ello, para cuidar nuestras palabras, y para que nuestra comunicación sea efectiva sin ser agresiva o frágil, debemos educarnos en la ASERTIVIDAD.

De acuerdo a la RAE, este término nos lleva a la denominación ASERTIVO, que define como:

Asertivo: Dicho de una persona, es aquella que expresa su opinión de una forma firme.

A mi entender, esta definición es algo incompleta y no refleja el significado global del termino, que no es otro que la capacidad de comunicar de forma no agresiva nuestras ideas, respetando la de los demás.

Para ello, lo único que hace falta, que no es poco, es capacidad de reflexión antes de hablar, que exista un “filtro” racional y no “vomitemos” lo primero que nuestro cuerpo nos pida, según la situación en la que estemos. Normalmente, y sobre todo en las situaciones tensas, nos dejamos llevar por el estado de ánimo que sentimos y no nos paramos a reflexionar y elegir nuestras palabras o a controlar el tono, lo que provoca que lo realmente importante, el mensaje, se pierda en el modo en que nos comunicamos, lo que suele empeorar la situación y deteriora, obstaculiza y en muchos casos impide, la comunicación eficaz.

Buena compañera de la asertividad, recordad entrenarla, es “hablar en positivo”.

En cualquier libro de “comunicación con niños y adolescentes” dirigidos a padres, docentes, o cualquier otro perfil que trabaje con ellos, se sugiere que se hable siempre en positivo para llegar a un entendimiento y los pequeños y adolescentes, comprendan y acaten las normas que se establezcan, con mejor talante. Por ejemplo, es mejor decir: “bajad las escaleras con tranquilidad” que decir “no se corre por las escaleras”, es mejor decir “en clase se habla en voz baja” que “no se grita en clase“, o “te agradecería que bajaras el tono de voz” es preferible a “¡no me grites!”. Esta última es un buen ejemplo de asertividad y de cómo hablar en positivo.

Acostumbrarnos a algo nuevo y educar nuestro cerebro y nuestro carácter a comportarse de forma distinta a la habitual nos llevará, sobre todo al principio, algún tiempo, (segundos, en realidad, para buscar la calma y las palabras), pero el ser humano aprende con facilidad y somos personas de hábitos, por lo que en poco tiempo la forma de comunicarnos mejorará, no nos costará tanto esfuerzo como al principio y como recompensa, obtendremos una mejoría en nuestras relaciones personales y profesionales.

¿A qué esperas para ponerlo en práctica?

¡Uy! Os dejo, ¡me acaban de invitar a tomar un té!

Por cierto, no soy nada “tetera”, pero evitaré decir: “no me gusta el té”,  y diré: “acompaño tu té, con un café”.