Debería ser sagrado proteger la inocencia de un niño. Es tarea de todo adulto, no solo de sus padres. Infancia debería significar protección, seguridad, amor. Tendría que ser considerado un deber de cualquier sociedad, bajo cualquier circunstancia. Tampoco unos padres deberían perder a un hijo, es anti natura. De ninguna manera, bajo ninguna enfermedad o coyuntura política o económica.

Desgraciadamente hay demasiados niños que pierden la inocencia diariamente. Tantos como padres que pierden a sus hijos. Sin embargo cuando la consecuencia tiene su origen en la maldad humana, el mundo se convierte ciertamente en un lugar deplorable para vivir porque su sociedad está enferma.

Voy camino de convertirme en madre, y me aterra el mundo que tengo que presentarle. Soy de las que piensan que el mundo es de los buenos y siempre esperan de corazón un final feliz. Y en días como hoy los esquemas se me derrumban.

Porque no sé como sabré explicarle que un niño, que tal vez sea como él, no podrá crecer porque alguien se ha atrevido a apagar su luz. Que unos padres se han quedado con un agujero en el corazón y un amor que no podrán compartir jamás. Que le han arrebatado la posibilidad de un futuro, no solo a un niño sino a sus padres. Unos padres que lo único que han hecho es intentar hacer de su mundo un lugar mejor para vivir. No sé como evitaré que no pierda la inocencia el día que se entere que quizás el mundo no es ese lugar seguro y lleno de amor que sus padres le han presentado hasta ahora.

Debería ser sagrado proteger la inocencia de un niño. Debería estar prohibido que unos padres aprendan a vivir sin un hijo.

Ocho años, una sonrisa infinita y la ilusión de convertirte en biólogo. Por eso a tu madre se le ocurrió que España entera podría buscarte a través de un pececito de color azul. Azul como esa bufanda que en su afán por encontrarte tu madre no se quitaba. Porque sabía que era tu favorita y quería devolvértela en cuanto te viera.

Hemos esperado de corazón un final feliz cada uno de estos 13 días Gabriel. La tierra se ha convertido hoy sin embargo en un lugar un poco más triste para vivir.

Espero que a partir de ahora el cielo se haya convertido en un lugar infinito para nadar.  

Descansa en paz pequeño