Vivimos inmersos en un ritmo de vida brutal para nuestro bienestar físico y psicológico. Miles de pensamientos pasan a lo largo del día por nuestra mente. En muchos casos, ni siquiera los reconocemos como nuestros. Son producto de influencias externas o, simplemente, no se corresponden con el tipo de persona que creemos ser.

 

 

Desbordados por nuestra propia actividad mental, no invertimos tiempo ni esfuerzos en frenar y reordenar nuestros pensamientos. Solo el sueño parece resetearnos y darnos energía suficiente para comenzar una nueva batalla llamada “día”.

Sin embargo, existe una práctica milenaria que puede ser utilizada para paliar los efectos negativos provocados por nuestro estilo de vida occidental. Hablamos de la meditación, y puede ayudarnos a liberar nuestra mente de las cargas externas. Aunque existen múltiples formas de meditar, todas persiguen el mismo objetivo;  a través de la relajación y de la concentración, separar nuestro verdadero yo de las influencias externas y liberarnos de nuestra carga mental.

¿Pero qué quiere decir “liberarnos de nuestra carga mental”?

En estado de consciencia, tenemos activas nuestras llamadas funciones neurocognitivas superiores. Estas no son más (ni menos) que las funciones necesarias para mantenernos alerta, tener consciencia de nosotros mismos y poder interactuar de manera exitosa con nuestro entorno. Estas son atención, percepción, memoria, lenguaje, coordinación y funciones ejecutivas.

Pero mantener activas tales funciones puede resultar agotador. Más aún dentro de nuestro estilo de vida moderno, en el que hay que hacer frente a una cantidad irreal de tareas. Además, estamos continuamente bombardeados por excesos de información y juicios de valor, los cuales tenemos que evaluar, clasificar y ubicar. En definitiva, un gasto energético que muchas veces  excede nuestras posibilidades y nos sobrecarga mentalmente.

Todas estas influencias externas, permanecen rumiando en nuestro pensamiento durante prolongados periodos de tiempo lo cual nos causa angustia y estrés.

¿Qué puedo hacer para deshacerme de los pensamientos intrusivos?

En este sentido, la meditación es una herramienta muy útil. A través del entrenamiento de la mente, es capaz de separar y controlar el contenido de nuestros pensamientos. Esto hace que se eliminen los efectos negativos de la sobre-estimulación que sufrimos.   

 

Existen ciertos mitos y falsas creencias acerca de la meditación. Hay que dejar claro que aunque ciertas religiones utilizan la meditación para llevar a cabo sus prácticas, religión y meditación son dos conceptos distintos e independientes. Pueden practicarse el uno con independencia del otro. Históricamente, los beneficios de la meditación han estado teñidos o enmascarados  por su componente místico o espiritual. Esta característica ha sido rechazada por los occidentales más escépticos y ortodoxos. Hoy día, gracias a la ciencia, se está indagando progresivamente en los maravillosos beneficios de la meditación y se está imponiendo cada vez más como terapia preventiva. 

Beneficios de la meditación:

  • Favorece el control de nuestras emociones y pensamientos; Nos libera de las influencias externas y nos conecta con nosotros mismos.
  • Favorece el funcionamiento de nuestras capacidades mentales (atención, percepción, memoria, concentración y toma de decisiones).
  • Favorece el autocontrol y la disciplina.
  • Nos ayuda a desarrollar valores tales como la paciencia, el amor, la empatía, el perdón o la tolerancia, favoreciendo así las relaciones interpersonales.
  • Previene y/o reduce los síntomas de estrés y ansiedad.
  • Previene y/o reduce los síntomas de depresión, favoreciendo la aparición de pensamientos positivos.
  • Estimula el correcto funcionamiento de nuestro organismo, aumentando nuestra salud y bienestar.
  • Aumenta la tolerancia al dolor.

 

Existen diversos tipos de meditación y dependiendo de cuál decidamos practicar, podremos hacer un uso más específico de los diferentes beneficios.

¿Voy a notar estos maravillosos beneficios en mi primera sesión de meditación?

Por desgracia, la respuesta a este interrogante es un rotundo NO. Los beneficios de la meditación van apareciendo con la práctica regular de la técnica. Al inicio no seremos capaces de mantener nuestra mente en blanco. Nos costará mucho esfuerzo mantener la concentración y tendremos que aprender a respirar debidamente. Pero con la práctica regular de la técnica y con la estimulación de nuestras poderosas facultades que tenemos como seres humanos, pronto podremos disfrutar del universo de beneficios que esta práctica nos ofrece.