Dejarse llevar por las páginas de un libro, nos abre ventanas a lugares fantásticos, entrañables personajes o, sencillamente, las puertas al conocimiento. Si ya son geniales estas ventajas, se ha demostrado que los ávidos lectores gozan de increíbles beneficios para la salud. Desde cómics hasta recetas culinarias, pasando por tratados filosóficos, la lectura es tan amplia como lectores que la disfrutan. Leer, por lo tanto, está al alcance de todos y sus beneficios a corto y largo plazo, también.

La lectura es una de las pocas herramientas de las que dispone el cerebro para ejercitarse y, por ende, progresar. Debemos tener en cuenta que la mente realiza un enorme esfuerzo para leer: fijar la vista en el texto, descifrar el significado de las palabras e, incluso, elaborar imágenes reproduciendo lo que leemos. El esfuerzo que requiere es muy elevado, por lo que una lectura recurrente favorece la capacidad de concentración en nuestro día a día. Este esfuerzo reduce toda nuestra atención en la lectura. Consecuentemente, leer reduce los índices de estrés más de un 50% en solo 6 minutos, disminuyendo el ritmo cardíaco y la tensión muscular. De esta manera, también es un gran aliado contra el insomnio.

La mente, al igual que el cuerpo, envejece y las rutinas que fueron fáciles antaño, se van viendo mermadas. Recordar el nombre de una calle o una cifra numérica -tareas cognitivas- se convierte en un ejercicio más complicado. La lectura podría ayudar a ralentizar y disminuir síntomas del deterioro cognitivo. Además, puede retrasar la demencia y minimizar las posibilidades de padecer alzheimer, por lo tanto, es infalible como método para mejorar la memoria.

La lectura no solo tiene importantes beneficios biológicos, sino también sociales. Leer una novela, por ejemplo, puede mejorar las habilidades sociales y empáticas de un individuo. Pensemos de todo lo que compone un libro, es un microcosmos: personajes, lugares, creencias, ideologías, sentimientos, etc. Al abrir un libro, nos adentramos en él, haciendo nuestras sus palabras y llegando a sentir como el propio personaje. Esto implica un mayor grado de empatía para con el mundo que nos rodea, llegando a ser más tolerantes con todo aquello que es ajeno.

Los libros, las revistas o cualquier otro medio de lectura se nos presenta con palabras, a veces desconocidas, por lo que aumenta nuestro vocabulario y reduce el uso de faltas ortográficas. Por lo que a la hora de comunicarnos es una buena baza a favor, pues quien domina el lenguaje, tiene más facilidades para conseguir lo que desee.

“A hablar no se aprende hablando, sino leyendo”. (Cicerón)

No nos olvidemos del motivo por excelencia de la lectura: el placer. Un buen libro engancha, te atrapa entre sus letras y cuando termina, casi te puedes sentir de “luto”, es un gran amigo ante la soledad. Una compañía permanente que puede ir en nuestro bolsillo, ibook o móvil y nos hará disfrutar de las horas muertas -y no tan muertas- desde un prisma mucho más bello.

Sea como fuere, leer enriquece, regocija cuerpo y alma. No es de maravillar que el 23 de abril esté enteramente dedicado a nuestros amigos de papel, pero no lo reduzcamos a un día, regalémonos vida a diario.