La empatía se define como “la capacidad de percibir, compartir y comprender lo que otro ser puede sentir”. Por lo cual, esta cualidad nos permite mejorar nuestras relaciones interpersonales y solucionar conflictos. Además, aprendemos a “ponernos en los zapatos de los demás” antes de actuar.

Muchas personas confunden la empatía con la capacidad de identificar las emociones de quienes nos rodean. Pero para ser personas empáticas no basta identificar las emociones, sino que es necesario que estas influyan en nuestras acciones. Adquiriendo la capacidad de evaluar diversas situaciones desde otros enfoques.

Debido a que no nacemos siendo personas empáticas, es necesario que nos esforcemos por cultivar y desarrollar esta cualidad. Esto no siempre resulta fácil, especialmente porque vivimos tan exhortos en nosotros mismo que no pensamos en los demás. También está nuestra tendencia a buscar primero nuestros propios intereses, y a reconocer nuestra opinión como la correcta.

Tener una actitud negativa es otra barrera, debido a que nos impide ser compasivos con los demás. Esto debido a que consideraremos toda acción como malintencionada, siendo imposible que seamos empáticos. Más bien, desarrollaremos una actitud criticona e inflexible ante los errores ajenos. Esto no quiere decir que debemos aceptar como bueno todos los pensamientos y acciones, abandonando nuestros principios. Sino más bien, entender que tomarnos las cosas muy en serio solo influye en que nos ofendamos fácilmente y nos volvamos prejuiciosos.

Cultivemos la empatía

Demostrar empatía no es sencillo pero con dedicación podemos lograrlo. Podríamos compararlo con cultivar flores, es cierto que requieren esfuerzo, pero con cuidado constante obtendremos un hermoso jardín. De igual manera, para ser empáticos es necesario cuidar nuestros pensamientos y comprender los sentimientos de los demás.

Algunos puntos que nos ayudarán a desarrollar esta cualidad son los siguientes:

  • Evitar pensar que nuestros problemas son mayores que los ajenos.
  • Escuchar a los demás sin juzgar.
  • Ser tolerantes y pacientes con los demás y con nosotros mismos.
  • Aprender a comprender y respetar las diferentes opiniones de los que nos rodean.
  • Realizar solo críticas constructivas.
  • Mostrar respeto con los sentimientos y pensamientos de la otra persona.
  • Comprender la realidad de los demás desde su perspectiva.

Esta cualidad permite que seamos más sociables y disfrutemos de buenas amistades, impidiendo que nos volvamos personas egoístas, incapaces de sentir compasión. Además, incentiva el respeto a las opiniones diferentes a las nuestras, sin dejar de lado nuestras propias convicciones.

Por lo cual, es importante que nos evaluemos para determinar si demostramos esta cualidad o si debemos trabajar en ella. Si lo hacemos así, mejoraremos nuestras relaciones interpersonales, además adquiriremos la capacidad de entender los pensamientos y emociones ajenas.