¿Te emociona la música en directo,

un espectáculo de danza, un cuadro o cualquier representación artística?

¿Te fascina el aleteo de una mariposa?

 ¿Se te eriza la piel con una sonrisa, una mirada, un momento de conexión?

¿Te hipnotizan las motas de polvo flotando en un rayo de luz?

Si alguna de estas cosas te remueve por dentro de algún modo, posees un don: la inteligencia estética. Probablemente percibas belleza donde los demás ven cotidianidad, rutina, hábito. Tus ojos tienen una sensibilidad especial. Si no es así, no te preocupes, al final del post encontrarás algunos consejos para desarrollar esta maravillosa capacidad humana.

La inteligencia estética es una habilidad ampliamente estudiada por el filósofo, profesor y psicoterapeuta Piero Ferrucci que se define, en sus propias palabras, como la facultad para percibir lo bello. En su libro Belleza para sanar el alma, el autor reflexiona sobre la capacidad de la belleza para inducir felicidad, plenitud, bondad y satisfacción, entre otros.

Cuando hablamos de belleza, es importante entender que el concepto va más allá del arte en su sentido más formal. Se trata de un sentido de lo estético que puede aparecer en los lugares más insospechados e insignificantes, desde una puesta de sol hasta el movimiento de las burbujas en ebullición dentro de una tetera.

Aspectos de la inteligencia estética

Ferrucci se ha dedicado a investigar de qué depende que unas personas perciban o no belleza ante una misma situación, así como la experiencia subjetiva de lo bello. El autor concluye que la inteligencia estética se conforma de los siguientes aspectos:

  • Gama estética: se define como la capacidad de percibir belleza en distintas situaciones. Las personas con mayor gama son capaces de detectar belleza en un espectro más amplio de situaciones, por ejemplo, en una pieza musical, en un atardecer, en la distribución de los muebles de una habitación, etc. Desde lo puramente artístico hasta lo más banal aparentemente.

  • Profundidad estética: se describiría como la sensación de que lo bello nos invade. Lo acogemos en nuestro ser y nos tiñe hasta lo más hondo. Nos sacude. Sin embargo, algunas personas con menor profundidad pueden experimentar esta sensación de forma más sutil y temporal.

  • Integración estética: integrar la experiencia estética significa elaborarla, permitir que nos transforme de algún modo y que nos cambie la perspectiva. Nos conecta con otras facetas de la vida y nos ayuda a reflexionar. Cuando la belleza nos toca de verdad, nunca volvemos a ser los mismos.

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Fotografía: Francesco Sambati

Potencia tu inteligencia estética

Si bien no hay una fórmula mágica para desarrollar esta capacidad, hay ciertas cosas que sí podemos tener en cuenta. Una vez emprendemos el camino de lo bello, nuestra atención cada vez estará más dirigida a detectarlo en cualquier lado. Aquello a lo que atendemos cobra fuerza. Aquí algunas ideas:

  • Déjate sorprender: no lo fuerces, la mayoría de las veces lo bello es percibido como tal porque llega sin que lo esperemos. Nos atrapa sin querer.

  • Busca donde otros no han estado todavía: explora lugares, formas o experiencias fuera de lo común. Acércate sin ideas preconcebidas, con mente abierta y curiosa.

  • Observa, permanece en el momento presente: si atendemos a la experiencia del aquí y el ahora es más fácil que seamos conscientes de lo que nos rodea. Como la belleza está en todas partes, estaremos más predispuestos a abrazarla si permanecemos conectados con el presente.

  • Conecta con tu cuerpo: las sensaciones son el mejor indicador de lo que nos gusta, son un radar que nos confirma lo que nos sienta bien y nos emociona. Siéntete.
  • Experimenta: afortunadamente, lo bello lo inunda todo, y para cada uno se encuentra en un lugar distinto. Descubre el tuyo. Pinta, dibuja, escribe, canta, toca, cocina, planta, cose, baila, planifica, juega, decora, viste, viaja, come, ama. O inventa otros modos de acceder a la experiencia estética.

Inspiración – Belleza a tu alcance

Por último, aquí dejamos una recopilación de imágenes de la fotógrafa Ami Podrebarac que demuestran que muchas veces la belleza reside en lo cotidiano y que no siempre es necesario recurrir al arte para conectar con la experiencia estética. Enjoy it 🙂