Decía el poeta Escandar Algeet que mirara donde mirara siempre veía a una mujer luchando. Y es que las mujeres hemos tenido que luchar siempre por nuestros derechos, por no ser el anexo de un hombre, por ser tratadas desde la igualdad y todo ello con normalidad.

En España la Constitución del 78 fue la primera en reconocernos esa igualdad, en liberarnos de las ataduras al hombre para cualquier cosa que quisiéramos hacer: abrir una cuenta bancaria, sacarnos el carné de conducir, independizarnos o, incluso, trabajar. Las que hemos nacido en la libertad a veces nos olvidamos de esa licencia marital necesaria para cualquier trámite. Ahora ya viajamos al extranjero y ejercemos nuestra profesión sin recordar que hubo tiempos en los que no era posible. A partir del 2 de mayo del 75 se acabó ese permiso del hombre para trabajar o para comprarnos una casa, hasta entonces nuestros bienes les pertenecían a ellos.

Tampoco podíamos estudiar, la formación universitaria era exclusiva del hombre. En 1849 Concepción Arenal tuvo que vestirse de hombre para poder asistir como oyente a las clases en la Universidad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Se coló cortándose el pelo, vistiendo levita, capa y sombrero. Años después, en 1872, María Elena Maseras conseguía ser la primera mujer en matricularse en una universidad española. Todo gracias al permiso especial del Rey Amadeo de Saboya. Obtuvo su título, pero no pudo ejercer la medicina hasta años después que su obstinación le permitió hacerlo. Tal día como hoy, en 1910, una orden ministerial permitía a las féminas acceder a un título universitario, hoy somos el 61% de los estudiantes, pero seguimos topando con un límite a pesar de ello. De las 77 universidades españolas, solo 11 están dirigidas por mujeres.

El techo de cristal

En este intenso poema Marwan reivindica el papel de la mujer y no se olvida del techo de cristal que no nos deja avanzar, llegar a lo más alto. Que nos pone una losa encima para que hagamos lo que hagamos, tengamos la valía que tengamos, nuestros nombres no estén en los puestos directivos de empresas e instituciones. No se trata de paridad, sino de justicia.

 

“Mujeres a las que les clavan los codos para que no asciendan en el orden social fijado por los hombres porque se deben al hogar. Mundo de hombres, mujeres frenadas, mundo patriarcal, mundo enfermo, mujeres lanzadas afuera, mujeres sin edén. Limitándose a amar, a ver la distribución desigual del poder y a seguir amando. Mujeres que aman, división sexual del trabajo, mujeres que aman, obstáculos para avanzar, trabajos no remunerados (querer y callar), mujeres que aman, competentes pero que no destaquen, mundo patriarcal, mundo enfermo, mundo enfermo, mundo enfermo”. Marwan

 

Dicen que si nosotras gobernáramos, no habría guerras y apostilla Marwan que no existirían porque ninguna se ve capaz de matar al hijo que otra mujer ha llevado en el vientre. Pero hoy la mujer toma las calles, hace la guerra, la guerra sin más armas que sus voces y sus gestos. Porque aunque hemos ganado en muchos ámbitos, nos quedan muchos retos por delante. Uno de ellos, la brecha salarial. La mujer española cobra entre un 15 y un 20% menos que el hombre por el mismo trabajo, y dice el Foro Económico Mundial que esa igualdad, la salarial, la de los puestos, la del reparto de tareas, llegará en 2188. ¿Tanto queda? Quizá esos 170 años hoy se vean reducidos con las manifestaciones en las calles de 177 países.

Hoy el rumbo vira con la fuerza de un grito unánime. Un grito contra la violencia, contra la explotación, contra la desigualdad laboral, contra la brecha salarial, contra el patriarcado, contra los límites de la sociedad. Gritos como los de nuestras predecesoras, Emilia Pardo Bazán, Simone de Beauvoir, Concepción Arenal, Victoria Kente, Clara Campoamor, Carmen de Burgos de Segui, Virginia Woolf, Indira Ghandi o Teresa de Jesús, que marcaron la senda a seguir.

“Yo solo quiero que descansen, que las dejemos descansar, que este siglo poco a poco les devuelva lo perdido, sus horarios, que dejen de limpiar nuestro camino, de resolver nuestro crucigrama, que ya tienen bastante con los suyos, sus fantasmas, que olviden ya los míos, los tuyos”. Marwan

 

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