La melodía es conocida. Te despierta con los párpados pegados, una fuerte somnolencia que no te deja abrir los ojos mientras haces esfuerzos por moverte hacia la mesita de noche. Alargando el brazo buscas tanteando con esfuerzo mientras en tu cabeza empieza a activarse esa alarma fruto de la urgencia, el deseo y el apego. Lo encuentras, desenchufas el cable que lo alimenta e instintivamente marcas los cuatro dígitos que dan acceso a tu reino mas preciado.

Lo primero es facebook, un repaso corto, moviendo los dedos de manera rítmica y apenas deteniéndote en cada comentario 3 segundos. Acto seguido tu mano busca el pájaro que puso voz al alcance de cualquiera, no más de 50 segundos a movimientos frenéticos.

Y al fin llegas, el paraíso en un móvil. Instagram. Aquí tu dedo baila la danza que llevas a todas horas en la cabeza y tu mirada cae presa de los nervios en los likes de la ultima fotografía que subiste ayer. Apenas 10 y ningún nuevo follower. Apático y desilusionado empieza el ritual del inconsciente. Fotos y más fotos de playas paradisíacas, chicas guapísimas con el último grito en moda, madres fantásticas con hijos maravillosos, o trillizos ¿por qué no? Todo es posible en este mundo que impregna nuestras realidades del más falso espejismo virtual.

Dicen que ha existido toda la vida y posiblemente así haya sido. Una manera de rentabilizar el negocio de la comparación, del estatus social, del sentirse aceptados en un mundo donde la soledad quema como hierro al rojo vivo. Quizás antes se trataba del cine, las revistas, e incluso del temido boca a boca de las comunidades pequeñas. Donde todo el mundo se conoce. ¿Cuáles son las claves de que ya formen parte inseparable de nuestras vidas?

1. CAMBIO VERTIGINOSO

Las redes sociales han cambiado nuestras vidas en un tiempo vertiginoso, la expresión de la noche a la mañana se hace patente y se cumple a la perfección. Sin darnos cuenta, nuestra situación política, social y consumista se ha canalizado entre las distintas formas de interacción en la red de una manera aplastante. Hemos llegado a un punto en el que no recordamos nuestra vida sin Whatsapp.

2. Y LOS BENEFICIOS FINANCIEROS SONRIERON

Este barco lo dirigen capitanes de la más fluida melodía, donde los cantos de sirena se introducen en los oídos de los jovenes más debiles, más expuestos, más frágiles. Estamos ante complejos instrumentos de ventas de grandes corporaciones en un mundo marcado por los resultados anuales de ventas y facturaciones. Sin marineros el barco no avanza y los llamados influencers forman parte de una nueva tripulación que hace las delicias del nuevo marketing. Se trata de guerreros de la influencia, maestros de la utopía que no forma parte de la realidad de nadie y mucho menos de la de ellos mismos. Desde viajes paradisiacos, modas que duran menos de una estación, menos de un mes, apenas unas semanas, hasta mercados, restaurantes, recomendaciones para exponerte al mundo en forma de maquillaje, de organización, y sin que nadie se dé cuenta en exceso, de valores.

3. Y LA REALIDAD LLORÓ

¿Cómo podemos fiarnos de un mundo donde la fotografía se elige constantemente según su popularidad? No es popular estar solo, sin planes un viernes cualquiera. No es popular llevar ropa que no esté en la lista de novedades de este verano. No es popular el fracaso de haber suspendido un examen o de no haber podido pasar la entrevista de trabajo. Y nunca vemos esas fotos, nadie las cuelga, nadie quiere verlas. Y a base de seleccionar solo momentos populares, nos llevamos una imagen de la vida que es absolutamente irreal. Esas personas que mueven miles de personas con cada playa, cada baile, cada regalo, tienen miles de momentos de sufrimiento en la vida, de frustraciones y de tristeza. Como todo el mundo, ni más ni menos. Hace poco el suicidio de una famosa influencer conmocionó las redes sociales. Siempre sonreía en las increibles fotos, lo tenía todo. ¿O quizás no?

4. LA RESPONSABILIDAD O COMO ABRAZAR LA ESPERANZA

No nos derrumbemos en la desesperanza, las redes sociales son un invento investido de un poder atroz. Se pueden usar para curar el alma, para mejorar la vida de millones de personas. Para transformar el mundo.

No dejan de ser un instrumento que debe ser usado de manera responsable, como tantos otros.

Podemos elegir entre la avaricia y la solidaridad, entre la simpleza y la abundancia, entre valores sólidos o realidades líquidas. Entre ser un producto o una realidad.

Si poco a poco compartieramos los mensajes de altruismo y bondad el mundo cambiaría con la fuerza de una tormenta que todo lo barre. Solo con nuestras decisiones ya podemos influir en mover poco a poco los cimientos de una cultura que podemos recuperar.

Está en nuestras manos, abracemos la esperanza, toquemos el vals de una melodía basada en la realidad y el amor.