¿Qué pasa si juntamos a refugiados con ciudadanos europeos? Este experimento social  de Amnistía Internacional remueve conciencias. Dice el psicólogo Arthur Aron que cuatro minutos de contacto visual acercan más que cualquier otra cosa, así que estas personas fue lo que hicieron, mirarse durante cuatro minutos a los ojos.

 

En ese tiempo afloraron las lágrimas, el dolor, la empatía. En ese momento los europeos pudieron ver en los ojos de los refugiados las situaciones por las que habían pasado. Las historias crueles fruto de la sinrazón afloraron. Como esa que relata que un hombre perdió a toda su familia y viaja solo. Y a pesar de los golpes, a pesar del maltrato de la vida, solo acierta a decir:

 “La vida a veces es linda, pero a veces no es buena”

Foto: Santi Palacios

En cuatro minutos uno puede sentir el dolor que lleva sufriendo una persona durante años, las dificultades por las que ha tenido que pasar, y es entonces cuando las lágrimas caen por las mejillas como punzones. Cuando uno se da cuenta de las atrocidades de la raza humana, de las desdichas que familias enteras han padecido, mientras había quienes les cerraban las fronteras o  de cómo hay quien tiene que intentar aparentar lo que no es para ser aceptado.

Foto: Muhammed Muheisen

Hoy no vamos a hablar aquí de la insolidaridad de Europa que no es capaz de abrir sus puertas y acoger al que sufre; no vamos a hablar de leyes como las húngaras que castigan a quien ayuda a los que huyen del terror; no hablaremos de quien intenta condenar a quienes rescatan a los que están a punto de morir en el mar. Hoy vamos a hablar de los sentimientos, de las personas. De como dos niñas, sin conocerse de nada, terminan jugando al pilla pilla; de como un hombre invita a una mujer al zoo; de la necesidad de un abrazo, de una mano tendida, de la capacidad que tiene una mirada.

En el mundo hay más de 21 millones de refugiados. Solo hay que pararse a pensar por qué alguien decide abandonar todo lo que tiene para huir con su vida reducida a una maleta, para vivir en un campo de refugio un sufrimiento sin parangón. Solo es cuestión de voluntad.

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