Todos hemos tenido la oportunidad de observar el comportamiento de nuestros amigos, por ejemplo, ante una película triste o una situación estresante. Habremos podido observar, por tanto, como ese amigo que siempre llora, lo ha vuelto a hacer; ese amigo que suele estar contento ha comenzado a reírse a carcajadas en el mejor momento; pero también como ese amigo, al que siempre vemos con una cara neutral, la ha mantenido durante la hora y media, de modo que no hubiéramos podido adivinar si acababa de ver una boda o un entierro. Esto es así porque la manera de enfrentarse a las diferentes emociones varía de unos individuos a otros.

¿Qué es la supresión emocional?

Lo conocido como “supresión emocional” es una estrategia de afrontamiento de las situaciones o emociones, que consiste en que el individuo se esfuerza por no expresar lo que verdaderamente está sintiendo. En ocasiones no tenemos otra opción que suprimir nuestras emociones; ¿Quién no ha estado en una sala de cine y, tras sentir un nudo en la garganta ha pensado: “No puedo llorar, que hay más gente”?, ¿Qué imagen daríamos, por ejemplo, si perdemos los nervios cuando en una entrevista de trabajo nos dicen que no nos han contratado? ¿O si nos reímos de un modo estridente en un evento, digamos, serio y formal? En estos casos, solemos tratar de disimular, bien por vergüenza o porque la situación lo requiere. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando extendemos esta actitud a otros ámbitos de nuestra vida?

No expresar una emoción, no quiere decir que no la sintamos. Tampoco quiere decir que la sintamos en menor intensidad, pues el grado en que cada uno siente puede variar entre distintas personas, y no solo por el contexto. Simplemente estamos haciendo un esfuerzo para que las personas de nuestro alrededor no lo noten. Al realizar este esfuerzo, estaríamos gastando tiempo y recursos en tratar de que los demás no sepan lo que pensamos; tiempo y recursos que podríamos estar dedicando a otras tareas como por ejemplo… ¡enfrentar lo que nos ha provocado esta situación!

¿Qué consecuencias tiene la supresión emocional?

El hecho de no expresar lo que sentimos puede traer consecuencias negativas para nosotros mismos, como una mayor sensación de estrés y de ‘inautenticidad’, además de que no reduciría nuestros impulsos, sino que haría que estos fueran acumulándose hasta que, como suele decirse, estos explotaran. Unas emociones llaman a otras, por lo que cuanto más nos guardemos, más sensaciones negativas experimentaremos, lo que no dejara espacio para los sentimientos positivos. Las personas que evitan la manifestación de lo que piensan, suelen estar menos satisfechos con la vida, y tener autoestima menor y actitudes más pesimistas sobre la vida.

Aparte de a la propia persona, esta tendencia a no expresar lo que sentimos o pensamos también afecta a como nos relacionamos con los demás. Las personas con tendencia al uso de esta estrategia, tienen una peor calidad en sus relaciones interpersonales; según el testimonio de diversos entrevistados, sería más estresante mantener una conversación con una persona que no expresa sus emociones (a todos nos gusta saber si nuestro compañero está disfrutando de la charla o por el contrario espera ansioso a que dejemos de hablar, ¿o no?), y sería obvio para ellos cuando el otro está tratando de ocultar algo, aunque no llegue a saberse el qué.

Por otro lado, si lo que intentas es que los demás no puedan saber cómo eres realmente, qué hay en tu interior, ¿Cuál sería la acción más instintiva? No establecer relaciones cercanas con otros, que no lleguen a conocernos del todo. Y esta es la opción que escogen la mayoría de las personas con este comportamiento.

¿Qué debemos hacer?

Las personas que expresan sus sentimientos tienen relaciones más cercanas con los demás, pues se sienten libres para mostrar sus emociones, tanto positivas como negativas. Esto hace que la gente de nuestro alrededor se sienta cercana, cómoda y segura en nuestra presencia.

Así que, no solo por ti, sino por toda la gente que quiere compartir su vida contigo… ríe y sonríe cuando estés alegre, llora si lo necesitas, habla con alguien si estás enfadado… ¡no te cierres en ti mismo!