“Las desgracias nunca llegan solas”, dicen y yo, que he tenido un fin de semana desafortunado, ando asustada, vigilando de no tropezar, cruzando la carretera con pánico y suplicando que no caiga una maceta y me rompa la crisma. Tal es mi estado de ansiedad que cualquier contratiempo me vence, se me quiebra la taza de café, me ensucia el vestido y, víctima de la situación, me revuelco en mi mala suerte y le doy la razón al dicho.

Más tarde, durante el análisis nocturno con la almohada, me doy cuenta de que no era para tanto: las tazas se compran y los vestidos se lavan. Sin embargo, mi predisposición a sentirme desgraciada era tan grande que me he dejado llevar. La próxima vez, pienso, cambiaré de dicho: “al mal tiempo, buena cara”.

Desde que nacemos, pensamientos y dichos moldean la actitud que tenemos ante la realidad. Los hay de sociales, algunos nos vienen de familia, otros los adquirimos a través de las experiencias vividas. Algunos nos ayudan a vivir mejor, pero otros nos cortan las alas y boicotean la vida, ¿los identificas?

El “no puedo”

Es el pensamiento boicoteador por excelencia y, a veces, está tan arraigado que a la mínima dificultad sale disparado: “¡no puedo!”, chilla la voz y nos rendimos (¡o ni lo intentamos!). Pero, ¿qué hubiera pasado si personajes como Abbás Ibn Firnás, precursor de la aeronáutica, se hubiera creído esa historia de que los humanos no podemos volar? Quizás no se hubiera fracturado las dos piernas tras un mal aterrizaje con sus alas de madera, pero tampoco hubiera inspirado a otros inventores que, a su vez, inspiraron a otros y estos a otros y, gracias a todos ellos, hoy en día volamos.

“Ha sido establecido científicamente que el abejorro no puede volar”, cita la psicóloga chilena Paulina Readi Jofré. “Su cabeza es demasiado grande y sus alas demasiado pequeñas para sostener su cuerpo. Según las leyes aerodinámicas, sencillamente no puede volar. Pero nadie se lo ha dicho al abejorro. Así es que vuela”.

Foto de Егор Камелев

Otros pensamientos boicoteadores

A diferencia del clásico “no puedo”, fácilmente identificable, también hay otras voces más sutiles que resuenan en nuestro interior, casi sin darnos cuenta.

Hace poco identifiqué una de estas voces, la cual me sugería prudencia que “después de un tiempo bueno, siempre viene una mala temporada”. Aunque este no es un pensamiento nuevo para mi, hasta ahora no lo había identificado ni dado cuenta de lo perjudicial que es para mi salud: además de no disfrutar de lo que tengo, me pre-ocupo por algo supuestamente malo que aún no ha ocurrido, ¡menuda estupidez!

Nuevas voces

Cansada de estos pensamientos boicoteadores, he decidido cambiarlos. Sé que la tarea no es fácil, pero nada pierdo en intentarlo. Ahora, cada vez que aparece el “no puedo”, pienso en el abejorro, confío en mis capacidades y busco caminos de cómo acercarme a lo que me propongo.

Por otro lado, cuando mi mente reclama prudencia ante la alegría, sobrepongo un nuevo mantra al antiguo pensamiento: “los buenos tiempos llaman a otros de mejores”.

Imagen de Marielo Garcia

 

Y a ti, ¿también te limitan pensamientos boicoteadores?