El mundo femenino también lo es de los hombres. Que el título no os confunda. Este no es un artículo feminista dónde vaya a reivindicar la igualdad de derechos para las mujeres, donde grite la igualdad salarial para los mismos puestos de responsabilidad, donde reclame que la mujer deje de ser vista como objeto sexual o como simple tentación del “ser” masculino sólo por llevar una minifalda o llevar las domingas, (¿se puede decir domingas?) al aire, (quiero decir sin sujetador). No, este no es un artículo más de feminismo que parece que sólo se escriben, publican y leen a principios del mes de marzo. Este artículo va más allá. Este artículo quiere hacer reflexionar sobre algunas de las formas en que las mujeres estamos pidiendo la igualdad y que difuminan la intención final, aunque por supuesto, defiendo y reivindico todo lo mencionado anteriormente.

No sé vosotros, pero por lo menos en mi entorno, aprecio que la “liberalización” de la mujer, en muchos aspectos, consiste más en la imitación del rol social masculino que otra cosa. Nosotras, que durante generaciones hemos estado recluidas en nuestras casas, educadas en el recato, la prudencia e incluso la sumisión; nosotras, que durante generaciones hemos sido educadas para ser una buena compañera inculcándonos además una capacidad de sacrificio tal, que hace que nos olvidemos de nosotras mismas para dedicarnos al cuidado de los demás y sorprendernos cuando conocemos a un hombre que se sabe cuidar solo..¡ohhh milagrooo!; nosotras, que ahora tenemos acceso a una vida social y profesional antes destinada sólo a los hombres y que vivimos situaciones sociales que generaciones anteriores de mujeres no han experimentado, hemos, de forma automática, imitado el comportamiento masculino en vez de desarrollar uno propio.

¿Os suenan anticuadas y/o exageradas estas afirmaciones?

¿Cuántas veces en una pareja heterosexual es la mujer la que sacrifica su proyección profesional para la cual ha dedicado años de formación académica y años de exigente dedicación profesional, no sólo en calidad sino en tiempo, en pro del cuidado de la familia (y no por decisión propia, que podría ser, sino porqué es lo que se espera socialmente)? ¿Cuántas veces las madres dicen a la hijas, “pero, ¿cómo que te gusta el fútbol? ¡Elige otro deporte que con ese se te va a quedar cuerpo de chicazo!” ó “cariño coloca tu ropa, mientras yo coloco la de tu hermano” y el hermano en el sillón… Esa educación que os comentaba antes y que se nos antoja arcaica y lejana, está tan enquistada en nuestra sociedad, que seguimos teniendo comportamientos machistas sin apenas darnos cuenta.

Todo lo anterior, hilado con la frase “a veces parece que la liberalización de la mujer…. consiste… en imitar el rol masculino social”, viene a decirnos que en vez de mostrar al mundo que somos distintas, nos hemos limitado a imitar los comportamientos masculinos más liberales pensando que eso es igualdad. Que ellos beben, nosotras también, incluso más, porque podemos, ¡claro que podemos! pero no es un rol a imitar. Que ellos fuman, nosotras también fumamos, incluso más, porque podemos, ¡claro que podemos!, pero eso, eso no es igualdad. Que podemos ser igual de liberales que ellos, por supuesto, ¡claro que podemos! y si creemos que ese es el camino hacia la igualdad pues sigamos haciéndolo, pero estoy convencida de que muchos comportamientos que hemos adoptado como nuestros son tan sólo una imitación que parece que nos hace disfrutar del mismo nivel de libertad que ellos poseen, pero en verdad, ese comportamiento excluye el “cómo lo hubiera hecho una mujer” y ahí está la verdadera igualdad.

Porque sí queremos las mismas oportunidades pero no por mimetizarnos con el sexo masculino en una sociedad patriarcal, sino que queremos las mismas oportunidades poniendo de manifiesto que somos diferentes y que eso se considere, acepte y refleje en la sociedad para que deje de ser patriarcal.

Por ello, hago un llamamiento a todas las mujeres del mundo a que abran la puerta del mundo femenino y dejen entrar a todos los hombres que haya en su vida, padres, amigos, hermanos, novios, pareja, compañeros de trabajo, vecinos,  para que realmente pueda haber una igualdad haciendo que el mundo entienda que la población es diversa, que tenemos circunstancias distintas y que hay que considerarlas dando las mismas oportunidades a todos, teniendo en consideración esa diversidad.

¿El método? Pues no tengo la fórmula mágica, con educación por supuesto. Esta claro que las cosas funcionan cuando uno se conciencia y empatiza. Ahora les toca a ellos, sino adoptar nuestro rol, que parece que funciona, al menos en Hollywood y sus películas de“body swaps”,  sí, entre otras muchas acciones, haciendo caso al sabio Confucio:

Me lo contaron y lo olvidé
Lo vi y lo entendí
Lo hice y lo aprendí

Que también se puede aplicar a esta situación:

Bienvenidos hombres al mundo femenino, que también es vuestro.