La mente es poderosa y el cerebro solo es un “músculo” más que podemos ejercitar, pero también engañar. Es el doctor William James -filósofo y psicólogo con una brillante carrera en Harvard- quien establece que las percepciones del sistema nervioso ante algún estímulo crean las emociones. Por lo tanto, si creo estímulos que generen una emoción de felicidad,  por muy triste que me halle, el cerebro lo va a interpretar como positivo y me sentiré mejor, de esta manera podemos ejercer el control de las emociones. Y ¿cuál es el gesto por excelencia de la alegría y felicidad? Exacto, la sonrisa -ya desde el útero materno-.

Suena casi a “risa”, pero si yo sonrío, el cerebro no sabe diferenciar si es falso o verdadero mi gesto. Al no saber diferenciarlo, comienza  a segregar sustancias beneficiosas para mi salud, empiezo a sentirme mejor y sin quererlo las sonrisas se van convirtiendo en naturales. Es difícil controlar una carcajada o evitar sonreír cuando estamos radiantes de felicidad, ¿verdad? Pues es harto fácil fingir una sonrisa, solo hay que erguir un poco la comisura de los labios.

No solo los gestos pueden provocar esa sensación de bienestar.  Las palabras y el tono con el que se expresan también lo generan, de ahí la importancia de pensarlas y decirlas con consciencia. A diferencia , los denuestos o las palabras asociadas con situaciones conflictivas como “guerra”, “muerte” o “pobreza” segregan una sustancia denominada cortisol, la cual provoca estrés, ansiedad o ira.

“Sonríe: es una terapia gratuita”. (Douglas Horton)

Los pensamientos también juegan un papel fundamental. Recordemos los últimos pensamientos que hemos tenido, nos daremos cuenta que, probablemente, la mayoría de ellos son negativos. No nos alarmemos, es bien sabido que desde el génesis,  los humanos  hemos tenido una capacidad innata para recordar los pensamientos negativos mejor, ya que nos alertan ante futuras situaciones de peligro. Sin embargo, no nos será nada nuevo percatarnos que estos pensamientos,   casi siempre, son fruto de una imaginación harto fértil. Nos regodeamos en fantasear en situaciones que jamás han ocurrido y en miedos que no se darán nunca -infidelidades, enfermedades y una larga retahíla de etcéteras- es casi una acto “masoquista”.

Sea como fuere, nosotros somos “capitanes” de nuestros pensamientos y “dueños” de nuestras palabras. Tenemos la opción -siempre existe la opción- de decidir cómo actuar. Antes comentábamos lo fácil que resulta sonreír, sin embargo,  es más difícil  controlar un pensamiento o expresar un tono adecuado en cada palabra, pero no imposible. Necesitamos unos cuantos ingredientes:

  • una pizca de voluntad
  • un puñadito de actitud
  • consciencia al gusto

 

Si somos conscientes de cómo actuamos y de los efectos que nos genera, ¿por qué no intentamos elaborar esta receta?.  Empecemos por los más sencillo: sonreír, el resto, vendrá rodado.

 

 

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