Aguas declaradas muertas por contaminación, putrefactas montañas de basura y espesas capas de niebla que ciegan los ojos en las que pululan moscas y personas. Bienvenidos a la realidad diaria de los denominados “niños rata” o “niños basura”.  

Según datos del Banco Mundial, unos 15 millones de personas viven y trabajan en la basura. Se reparten generosamente entre Latino América, África, China y la India. Solo en Latino América, 500 000 niños recorren los vertederos para ganar de entre uno a siete dólares al día. En 2014, se generaron 41,8 millones de toneladas de basura que se vertieron ilegalmente en los países pobres y en las que abundan materiales tóxicos y cancerígenos como el plomo o el mercurio.

Armados con sus pinchos, un ejército de “niños basura” escarba entre los desechos en busca de bolsas y botellas de plástico, latas de aluminio, cables de cobre y cualquier otro artículo que luego puedan reciclar o vender por precios irrisorios. Para los demás, tan solo son restos inservibles pero, para ellos, suponen su único sustento y la garantía de que su familia podrá comer hoy.

Entre estas criaturas olvidadas encontramos a dos habitantes de la favela de Timbau (Río de Janeiro): Jonas, de 11 años, y Leleco, de 13, que pasan su vida dragando lo que pueden de la bahía. Ambos niños perdieron a sus padres por el tráfico de drogas. Jonas nos cuenta:

La mayoría de mis amigos fueron a las bandas de narcotraficantes para ganar más dinero, pero por lo que le pasó a mi padre yo no quise. Así que recolecto basura de la bahía.

Leleco, que quiere ser futbolista cuando sea grande, declara:

Si pasamos cuatro días recolectando botellas de plástico, podemos obtener lo suficiente como para venderlas por unos 5 dólares. Le damos el dinero a nuestras madres. También lo usamos para comprar lápices para la escuela y cometas para jugar.

Además, cuentan que han hecho algunos hallazgos sombríos mientras se adentraban en las aguas turbias:

Perros, cerdos, caballos muertos. Y a veces personas. Dijo Jonas.

Y, con una mezcla de admiración por la fuerza del ser humano y tristeza por una realidad desgarradora, escuchamos el testimonio de este <<niño basura>> que es capaz de encontrar un rayo de felicidad entre la mugre:

Una vez que estábamos en un bote en la bahía, saqué una bolsa con 80 dólares. Nunca me he ido a casa sintiéndome tan feliz como ese día.

La moneda tiene dos caras: las enfermedades infecciosas y el absentismo escolar que, a veces, lleva a estos niños a caer en las garras de la prostitución y el narcotráfico.

La destrucción del medio ambiente tiene, desde hace décadas, un impacto horriblemente nocivo sobre la vida de estas personas. Lugares como Kibera, La Chureca, Río de Janeiro y Camboya son ejemplo de ello. Estos niños están expuestos a unos niveles de contaminación 100 veces por encima de lo tolerable, alterando su desarrollo. Además, sufren un gran riesgo de padecer cáncer o enfermedades infecciosas. Las aguas envenenadas casi le causaron la muerte a Leleco cuando contrajo leptospirosis, una bacteria transmitida a través de la orina de ratas que causa dolores musculares, fiebre y sangrado de los pulmones.

La otra cara la protagoniza el absentismo escolar:

Me gusta más el colegio. Cuando crezca, quiero ser maestra para enseñar a las nuevas generaciones, sueña despierta la pequeña Tat Cho, una niña de diez años que vive en un vertedero en Camboya.

Pocos son los “niños basura” que tienen la posibilidad de asistir al colegio y algunos cuentan que van a la escuela por las mañanas, pero suelen faltar a las clases por trabajar en la basura.

Ante esta terrible situación, ya se han tomado acciones que arrojan un rayo de esperanza. La ONU instó a tomar medidas urgentes contra el grave problema contra el medio ambiente y la salud pública. Por otro lado, Manos Unidas colabora, junto con otras asociaciones, a favor del desarrollo en las comunidades de recolectores de basura, promoviendo la integración en la sociedad y ofreciendo a estas criaturas una oportunidad de estudiar. Según UNICEF, velar porque todos los niños y niñas vayan a la escuela y reciban una educación de calidad es responsabilidad de cualquier gobierno y es la clave para prevenir el trabajo infantil y una manera de garantizar que no se conviertan en los pobres del mañana.

Son muchos los interrogantes que aún requieren respuestas y ya es hora de que las personas responsables del cambio encuentren soluciones con el fin de salvar vidas.