Avram Noam Chomsky, más conocido cómo Noa Chomsky, es un lingüísta, filósofo, historiador, crítico social y activista político, co-fundador de la denominada ciencia cognitiva y autor de más de 100 publicaciones, aunque entre ellas NO se encuentre la obra “10 métodos de manipulación mediática“, que ERRONEAMENTE se le atribuye y cuyo verdadero autor, es el escritor francés SYLVAIN TIMSIT.

Con esta necesaria puntualización, comenzamos a explicar y descubrir la ciencia cognitiva y a hablar de la manipulación mediática de masas.

Según la RAE, se denomina ciencia cognitiva al estudio científico de la mente desde un punto de vista multidisciplinar, cuyo objeto es describir y entender los mecanismos de la cognición (conocimiento) y los fenómenos psicológicos en general. Se estudian, concretamente, facultades como la conciencia, la percepción, la emoción, la atención, la memoria, el razonamiento, la conducta, la comunicación y el lenguaje. 

Analizando lo expuesto en el párrafo anterior, podría considerarse a esta ciencia, que estudia al individuo en cada uno de los aspectos básicos de su comportamiento, como el método perfecto para controlar a  una sociedad más bien pasiva y unidimensional, tal y como la define Herbert Marcuse en su libro El hombre unidimensional, quien, en pocas palabras, nos dice que el pensamiento individual ha sido absorbido por la comunicación y el adoctrinamiento de masas, es decir, que nos guían como a borregos.

Añadiendo en una coctelera unas palabras de Chomsky, unas hojitas de Marcuse y las 1o revelaciones de Timsit, que a continuación os detallamos, os invitamos a analizar y si fuera necesario actuar en pro de la recuperación de la individualidad de pensamiento que es lo que enriquece a una sociedad.

Las 10 revelaciones de Timsit

  1. La estrategia de la distracción. Consiste en desviar la atención de la población de los problemas importantes y de las decisiones controvertidas que los sectores políticos y económicos pudieran tomar, mediante la continua emisión de distracciones e informaciones irrelevantes.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método, también denominado “problema-reacción-solución”, consiste en crear un problema, en realidad “situación” prevista, para hacer reaccionar a la población y que ésta demande una serie de medidas que ya se pensaban implantar.
  3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepten medidas inaceptables, sólo hay que aplicarlas de forma gradual.
  4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como necesaria aunque no de forma inmediata, obteniendo su aceptación hoy para implementarla en el futuro.
  5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de los mensajes dirigidos a la sociedad se hacen con cierto paternalismo utilizando argumentos y tonos infantiles, y es que, cuanto más se pretenda convencer al interlocutor de algo, más paternalista serán el discurso y tono a usar.
  6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. El ser humano es un ser emocional y podemos llegar a hacer cosas realmente absurdas si nos dejamos guiar por la emoción en detrimento de la razón, por lo que es un buen método de influencia.
  7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Se consigue combinando la estrategia de la distracción, punto 1 de este decálogo, y el punto 8, a continuación.
  8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Si hacemos tolerable e incluso, exitosa la mediocridad, incluyéndola en nuestra rutina, por ejemplo con programas mediáticos dirigidos y participados por personas mediocres que copan los horarios de máxima audiencia tratando temas banales en detrimento de otros programas que pudieran estimular intelectualmente a la sociedad, matamos, como se suele decir, no dos, sino tres puntos del decálogo, de un tiro.
  9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es el único culpable de su desgracia por sus carencias intelectuales y de capacidad, lo cual, aunque parezca una contradicción con el punto 8 anterior, que pone de “moda” la mediocridad, funciona.
  10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. Y es que teniendo en cuenta todas y cada una de las disciplinas que participan de la ciencia cognitiva, que os recordamos resumidamente, consiste en el estudio científico de la mente desde un punto de vista multidisciplinar, parece fácil conocer totalmente al individuo y por consiguiente, deducir su comportamiento social.

Esta exposición, va más allá de querer demonizar a nadie, entre otras cosas, porque todos somos ángeles y demonios, y sino… ¿Quién no ha intentado alguna vez manipular a alguien para conseguir lo que quiere?¿Tú no?¿Seguro?

Os planteamos unas situaciones cotidianas e inocentes: (I) un niño pequeño te pide un juguete y le dices que sólo se lo darás a cambio de un beso, (manipulación); (II) un niño pequeño llora desconsolada e irritantemente, porque quiere algo que no puede tener y distraes su atención, punto 1 del decálogo, con otro objeto para que así deje de llorar; (III) un niño no quiere comer la verdura y tú lo intentas una y otra vez alabando las virtudes del alimento y diciéndole, con un paternalismo típico del punto 5 del decálogo, lo mucho que le va a gustar, aún sabiendo que no es cierto.

Sí, todos somos manipuladores, pero estas estrategias sólo funcionan cuando se usan con “personitas” a las que les falta formación intelectual, curiosidad y sentido crítico. Funcionan, porque se aplican con “personitas” de las que conocemos sus razonamientos y comportamientos mejor que ellos mismos, usando el lenguaje y tono adecuados para conseguir el objetivo deseado, aunque éste sea a largo plazo, gradual o diferido.

Por todo lo anterior os ANIMAMOS a que no seáis, ni os dejéis  tratar cómo “personitas”. Os animamos a que seáis INQUIETOS y CRITICOS, y a que MANTENGAIS VUESTRO PENSAMIENTO INDIVIDUAL en PRO de una SOCIEDAD RICA DE IDEAS Y POCO MANIPULABLE.

Porque, parafraseando a Chomsky:

“Nunca fui consciente de  cualquier otra opción que no fuera la de cuestionarlo todo”

En mi caso, no fue Chomsky, sino mis padres, los que me han educado en esa creencia.