Mi amiga Elena, psicóloga, siempre dice que la curiosidad, en psicología, es una ventaja. Dice, con otras palabras, que los niños curiosos se aburren menos que los que no lo son, y que esa curiosidad les ayuda a comprender el entorno y a adaptarse a nuevas situaciones de forma más amable, menos traumática y sin duda, más rápida.

La explicación de cómo pasamos de ser “niños curiosos” a  ser “personas cotillas”, o de cómo diferenciar a una persona, simplemente curiosa, de otra claramente cotilla, no es fácil, pero vamos a intentar hacerla:

Según la RAE:

Curioso: Inclinado a aprender lo que no conoce. Persona aficionada a enterarse de las cosas ajenas.

Cotilla: Persona amiga de chismes y cuentos.

Realmente, parece que comparten significado y que la única diferencia está en ese matiz negativo que se aprecia en la definición de “cotilla”. Matiz, en el que a mi modo de ver, asoma una “intención”.

La curiosidad es un rasgo intrínseco al ser humano. Gracias a esa curiosidad el hombre ha ido aprendiendo, aplicando conocimientos y en definitiva evolucionando a lo largo de la historia. Los niños preguntan constantemente porque todo les es nuevo y quieren, necesitan, saber para comprender, “dominar su entorno” y “crecer”.  Según vamos haciéndonos mayores, la curiosidad hace que nos interesemos por muchas cosas o que nos convirtamos en especialistas de una sola, optando por el infinito camino hacia el conocimiento, la investigación. Científicos, arqueólogos, médicos, historiadores,… son un claro y breve ejemplo de a lo que me refiero.

Pero la curiosidad no sólo tiene, o ha tenido, un fin tan noble como el de la evolución, también ha ayudado, y de forma notable, al desarrollo social del ser humano. Compartir confesiones propias o ajenas (y aquí comienza el cotilleo), no sólo aporta una sensación de complicidad, confianza y afianzamiento de lazos afectivos sino que ayuda a socializar.

Siempre se ha dicho que las personas cotillas suelen tener poca vida interior y que necesitan hablar de otras personas porque el recorrido por sus intereses e inquietudes es limitado, y puede que sea cierto, pero además, algunas de esas personas con sus conspiraciones y secretillos, se convierten en una fuente de conocimiento de alto valor y es que, ¿quién no ha escuchado alguna vez la frase “la información es poder”? Efectivamente, por ahí van los tiros.

Podemos cotillear de forma trivial de personas que no son cercanas a nosotros y con las que no nos sentimos identificadas, lo que nos amenizará las tardes, pero también podemos cotillear con otras intenciones como la de tener el poder para sacar provecho de una situación, la de desacreditar a un competidor o la de manipular a alguien, por lo que podríamos decir que:

  • Ser curioso te dará conocimiento.
  • Cotillear de cosas triviales te dará tardes de conversación.
  • Cotillear con fines oportunistas o de desacreditación, quizás te ayude a conseguir lo que quieres pero la falta de ética que ello conlleva, me parece un precio elevado a pagar.

Por lo que a la pregunta de “si somos peores personas por ser cotillas“, NO la vamos a responder nosotros, pero OS la planteamos para que la próxima vez que alguien os cuente un “chisme”, penséis: ¿por qué me cuenta esto?¿Por qué a mí?¿Hay alguna intención aparte de la de informarme?¿Intenta desacreditar a alguien?¿Quiere conseguir algo?

Estas simples preguntas seguramente nos ayuden a identificar a los cotillas malintencionados de los que no lo son, a seleccionar mejor a nuestros confidentes y a dar la credibilidad justa a lo que nos cuenten.

Reflexionad, que yo me voy a curiosear…

 

 

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