Muchas veces a lo largo del día nos repetimos mentalmente, tengo que hacer esto o debería estar haciendo esto otro, también lo habremos dicho infinidad de veces a lo largo del mes y lo habremos escuchado de otras personas, todos disfrutamos diciendo a los demás que tiene que hacer (algunos disfrutan mucho más que otros).

Muchas veces esos deberes que nos ponemos y nos ponen impiden o dificultan que hagamos cosas que realmente nos apetezcan y queramos hacer, llegando a no disfrutar plenamente nuestro día a día.

Tener que  hace referencia según la RAE a estar en precisión de hacer algo u ocuparse de ello (acepción 8) y también habla de la necesidad o intención de hacer aquello que se dice (acepción 17). Deber que se emplea para referirnos cuando tenemos la obligación de hacer algo. Estas imposiciones y obligaciones tanto internas como externas pueden llegar a causar malestar en la persona, sobre todo si no llegamos a cumplir con las expectativas que existen hacia la tarea.

Todos tenemos una serie de expectativas de como queremos que sea nuestra vida, tanto actual como futura y para conseguir cumplir nuestros sueños cogemos una gran mochila, para irla llenando de obligaciones y objetivos que debemos cumplir. Hay momentos en los que estamos tan concentrados en nuestro objetivo final (viendo que cada vez queda menos para conseguirlo) que realmente no vemos que no estamos disfrutando de nuestro día a día y la mochila va pesando más y más, llegando a un punto en el que no podemos movernos, se produce el temido quiero pero no puedo, nos hemos llenado de tantas obligaciones que necesitamos días de 48 horas.

Demasiadas obligaciones pueden llegar a generar malestar en las personas, generando ansiedad y frustración si no alcanzamos todos los propósitos planteados, provocando que nos caigamos por el camino, aunque en ocasiones esos tropiezos pueden ayudarnos a mejorar.

Aligerar la carga de la mochila

Tener obligaciones es parte de nuestra vida adulta, según vamos madurando van aumentando (trabajo, hijos, …) y éstas no son malas, lo malo es estar constantemente preocupado por cumplir tanto las expectativas de los demás como las propias, dejando a un lado nuestros deseos y necesidades. Cuando las obligaciones se convierten en algo que nos hace sufrir debemos plantearnos modificar las cosas.

Cambiar el tener que y el deber que por el quiero hacer, puede llegar a provocar en nosotros un sentimiento transformador en nuestra forma de pensar, que acabará generando un proceso liberador. Habrá algunas que no podamos dejar de hacer, pero podemos intentar cambiar el método que empleamos para realizarlas siempre que sea posible. Para ello debemos plantearnos: ¿Por qué realmente lo estoy haciendo? ¿Es bueno para mí? ¿Lo hago sólo por agradar a los demás o por que quiero? ¿Qué gano con ello? ¿Podría hacerlo diferente?

Encontrar el equilibrio entre el tener, el querer y el poder es la clave para llevar una vida lo más satisfactoria posible. Los límites se los pone uno mismo que nadie te diga donde acaban tus sueños.