Es muy común encontrarnos en nuestro día a día, de frente contra la trágica y absurda realidad de la desigualdad socioeconómica. Tal vez por esta misma razón, todos los años por esta época se genera la misma discusión mediática sobre la desigualdad en la distribución de la riqueza global, una discusión enfrascada en argumentos cíclicos y de extremos dicotómicos, tan amplios como los que separan a ricos y pobres.

La tragicomedia va más o menos así, Oxfam publica su informe de desigualdad global, el cual coincide con el Foro de Davos (World Economic Forum) encuentro con tintes filantrópicos donde la élite de ricos y poderosos se reúne para discutir sobre temas como el cambio climático, la desigualdad y la pobreza.

De inmediato voces radicales salen a lamentarse de esta situación sin ofrecer más que soluciones superficiales, otros como el columnista Thierry Ways del diario Colombiano El Tiempo defienden las grandes riquezas y se esfuerzan por normalizar este paradigma que contrasta el lujo y el exceso contra la más absoluta miseria, pero por supuesto ni el señor Ways, ni el español Juan Ramón Rallo, quien ha denunciado “las mentiras del informe Oxfam”, ni el editor económico del Financial Times, Chris Giles, quien también criticó fuertemente las estadísticas y metodologías del informe, se preocupan por analizar esta condición social en su esencia, porque sin lugar a dudas y sin importar cuantos argumentos de miedo y manipulación psicológica utilicen, vemos que lo que pasa es que unos pocos disfrutan de estilos de vida estrafalarios mientras millones sufren en la desesperanza total,  es imposible no percibir lo absurdo e inhumano de esta realidad.

“En la medida en la que (narrativas sensacionalistas como la de Oxfam) alimentan el populismo catastrofista de ultraizquierda que repite con estridencia que el mundo va hacia el abismo, nos desvían “del camino correcto”. Y nos invitan, en su lugar, a seguir por la vereda de los tontos: la de preocuparse más por redistribuir riqueza, a como dé lugar, que por crearla, que fue lo que condujo a la ruina a naciones como Cuba y Venezuela.” (Thierry Ways, El Tiempo)

He aquí la máxima arma de aquellos que defienden el statu quo, esta poderosa arma es “el miedo” un elemento fundamental para ejercer control en las sociedades disciplinarias como explica el escritor y activista político Mike Davis en Ecology of Fear: Los Angeles and the Imagination of Disaster (1998).

Pero no solo el miedo hace que aceptemos el hecho de que personas como Jeff Bezos ganen cientos de millones de un día para otro, o que MacKenzie Tuttle, la futura ex señora Bezos, pronto tendrá una fortuna personal del tamaño del PIB de Costa Rica. Hay otra razón más preocupante y es que en el fondo admiramos y respetamos a los ricos, ¿a quien le importan las polémicas prácticas laborales de Amazon?, lo que nos deslumbra es ver el estilo de vida de estos individuos y la cifra de su riqueza.

Es la suma de estas y otras preconcepciones culturales que nos han incrustado en la base del cráneo, lo que consigue que la gran mayoría de trabajadores no duden en justificar que los ricos se merecen su fortuna, porque después de todo, tuvieron una buena idea y de eso se trata el progreso ¿no es así?

Pero ¿es esta realmente la única forma de alcanzar el progreso? Y además te has puesto a pensar ¿qué es lo que nos venden por progreso?

Progreso= Comodidad y confort + lujo y exceso

 ¿Es esto realmente todo lo que puede ofrecer el mal llamado progreso moderno? y ¿Qué precio pagamos por él?

Antes tenías más posibilidades de ser autónomo, así fuera cultivando un pedazo de tierra, ahora esto es prácticamente imposible y estas sometido a la precariedad de los mercados laborales.

Antes podías ahorrar y poseer bienes contantes, ahora tu dinero (que no tiene más respaldo que la fe de sus fieles creyentes) ni siquiera está en tu banco, pues solo una mínima fracción es guardada y el resto es usado para crear nuevas deudas y especular, sin mencionar que ese dinero “totalmente virtual” y que ni siquiera esta ahí, se deprecia y pierde valor día tras día, pues hace parte de un sistema monetario estructuralmente inflacionario.

Al observar el pasado muchos parecen ver solo violencia y precariedad y por eso justifican nuestro estado actual pensando que por lo menos estamos mejorando poco a poco. Pero la verdad es que la violencia no ha hecho más que acentuarse, el hecho de que ahora sea más sutil no significa que no está allí, latente desde las políticas de nuestros gobiernos hasta nuestras mismas prácticas urbanas, está en nuestros trabajos, hogares y escuelas. En La Metamorfosis Kafka ya profetizaba como en la época moderna ni siquiera la familia, ese núcleo más elemental y más sagrado de la sociedad, se libra de la degeneración de los principios bajo la ética del mercado.

No podemos permanecer intimidados por el miedo y encarcelados entre el inhumano capitalismo depredador y su déspota contraparte absolutista, como ya he dicho anteriormente “estas no son las únicas posibilidades”, es más, no son más que parte del mismo paradigma, del mismo sistema.

La verdad es que estamos listos para dar un salto abismal y crear una sociedad simétrica y justa, pero a la vez incentivadora y promotora de un verdadero bienestar individual y colectivo, una sociedad de abundancia y armonía para todos. Posiciones como la del historiador y escritor Rutger Bregman, quien abogo en Davos por que los ricos dejen a un lado la filantropía y comiencen, “por lo menos”, a pagar sus impuestos, son importantes, porque realmente ya es el colmo que tras de todo se burlen de los sistemas de recaudo a través de instrumentos financieros y paraísos fiscales a los cuales solo ellos tienen acceso.

Pero no debemos conformarnos con esto. Sí es posible eliminar estas grandes asimetrías sin comprometer los incentivos al progreso, creando condiciones más justas y humanas, y no estoy hablando de socialismo ni de comunismo, estoy hablando de algo totalmente nuevo y radicalmente diferente, hablo una nueva creación, una construcción colectiva y verdaderamente democrática.

Hablo de aprovechar las nuevas tecnologías para crear Sistemas simétricos de Auto-gobierno, inspirados en la biología e incluso en la música, hablo  de trabajar con base en iniciativas que ya se están llevando a cabo y necesitan ser apoyadas como el Buen Vivir, la Transformación socio-ecológica y el De-growth, entre tantas otras.

El futuro está a la vuelta de la esquina, se revuelve vibrante en su estado cuántico entre terribles desenlaces distópicos marcados por los mismos ideales que nos guían hoy en día, y verdaderas utopías de paz, amor, fraternidad y verdadero desarrollo multi-dimensional, no un pobre progreso hacia la decadencia. ¿Qué realidad estas ayudando a construir tanto con acciones concretas como con tu pensamiento?