Enero es el mes de los hábitos y las dietas. Tras las fiestas navideñas y aprovechando el dicho de “año nuevo, vida nueva”, iniciamos este mes con todo tipo de propósitos para mejorar nuestro bienestar y salud. Hoy, desde la sabiduría tolteca, compartimos cuatro acuerdos o hábitos que prometen una vida más armoniosa y amorosa con uno mismo y con todo aquello que nos rodea. ¿Aceptas el reto?

La sabiduría tolteca

Los toltecas fueron “mujeres y hombres de conocimiento” del sur de México. En Teotihuacán formaron una comunidad de maestros, los cuales se encargaban de conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados.

El conocimiento tolteca no es una religión, sino una forma de vivir. Gracias a la transmisión oral y, posteriormente, a autores como Miguel Ruiz, hoy en día podemos acceder a estos conocimientos a través de textos y ensayos como el que resumimos en este artículo: “Los Cuatro Acuerdos”.

1. Sé impecable con tus palabras

Las palabras tienen un gran poder. Mediante ellas nos expresamos y comunicamos, pensamos y creamos. Las palabras son la herramienta más poderosa que tenemos como seres humanos. Pero son una espada de doble filo: pueden crear belleza o también pueden destruir.

La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Pero, así como existen semillas de amor, también existen las de miedo.

Historieta de Lunarbaboon

Ser impecable con las palabras es no utilizarlas contra uno mismo ni contra los demás. Establecer este hábito es difícil, porque hemos aprendido a hacer de la mentira y del chisme un hábito al comunicarnos con los demás. Asimismo, cuando nos comunicamos con nosotr@s mism@s la cosa no mejora. Nos hablamos constantemente y la mayor parte del tiempo nos auto-fustigamos diciéndonos cosas como: “Soy fe@. Me hago viej@. No soy suficientemente buen@. No puedo hacerlo…”.

“Sé impecable con tus palabras” es el primer hábito. Utiliza tus palabras apropiadamente. Empléalas para sembrar amor, empezando por ti. Dite que eres una persona maravillosa, fantástica. Dite cuánto te amas. Utiliza las palabras para romper todas esas creencias que te hacen sufrir y crear puentes de armonía con los demás.

2. No te tomes nada personalmente

Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te lo tomes personalmente. Si alguien te da su opinión y te dice: “¡Oye, estás muy gordo!”, no te lo tomes personalmente, porque la verdad es que se refiere a sus propios sentimientos, creencias y opiniones. Esa persona intentó enviarte su negatividad, y si te lo tomas personalmente, la recoges y se convierte en tuya.

Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores. Les resulta fácil atraparte con una simple opinión, después te mandan toda la negatividad que quieren, y como te lo tomas personalmente, te la tragas sin rechistar.

Imagen de peoplecreations

Imagen de peoplecreations

Sea lo que sea lo que la gente haga, piense o diga, no te lo tomes personalmente. Si te dice que eres maravilloso, no lo dice por ti. Tú sabes que eres maravilloso. No es necesario que otras personas te lo digan para creerlo.

Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida. No necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan los demás. Bastará con que confíes en ti mismo para elegir y actuar con responsabilidad.

3. No hagas suposiciones

Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos una suposición, comprendemos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama.

Hacer suposiciones en nuestras relaciones significa buscarse problemas. A menudo, suponemos que nuestra pareja sabe lo que pensamos y que no es necesario que le digamos lo que queremos. Suponemos que hará lo que queremos porque nos conoce muy bien. Si no hace lo que creemos que debería hacer, nos sentimos realmente heridos y decimos: “Deberías haberlo sabido”.

Ilustración de Nuria Díaz

Si los demás nos dicen algo, hacemos suposiciones, y si no nos dicen nada, también las hacemos para satisfacer nuestra necesidad de saber. Incluso si oímos algo y no lo entendemos, hacemos suposiciones sobre lo que significa, y después, creemos en ellas. Hacemos todo tipo de suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar.

Si no entiendes algo, en lugar de hacer una suposición, es mejor que preguntes y que seas claro. El día que dejes de hacer suposiciones, te comunicarás con habilidad y claridad, libre de negatividad. Cuando ya no hagas suposiciones, tus palabras se volverán impecables.

Este es, pues, el tercer acuerdo: No hagas suposiciones.

4. Haz siempre lo máximo que puedas

Sólo hay un hábito más, pero es el que permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados. Bajo cualquier circunstancia, haz siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos.

Siempre que haces lo máximo que puedes, actúas. La acción consiste en vivir con plenitud. La inacción es nuestra forma de negar la vida y consiste en sentarse delante del televisor cada día, durante años, porque te da miedo estar vivo y arriesgarte a expresar lo que eres. Expresar lo que eres es emprender la acción.

Si emprendes la acción por el puro placer de hacerlo, sin esperar una recompensa, descubrirás que disfrutas de cada cosa que llevas a cabo. Las recompensas llegarán, pero no estarás apegado a ellas.

No necesitamos saber ni probar nada. Ser, arriesgarnos a vivir y disfrutar de nuestra vida, es lo único que importa. Di que no cuando quieras decir que no, y di que sí cuando quieras decir que sí. Tienes derecho a ser tú mismo. Y sólo puedes serlo cuando haces lo máximo que puedes. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tú mismo.

Cuando haces lo máximo que puedes, aprendes a aceptarte a ti mismo, pero tienes que ser consciente y aprender de tus errores. Eso significa practicar, comprobar los resultados con honestidad y continuar practicando. Así se evoluciona.

Imagen de freepik

Los tres primeros acuerdos sólo funcionarán si haces lo máximo que puedas. No te juzgues, ni te sientas culpable, ni te castigues por no ser capaz de mantener estos hábitos. Cuando haces lo máximo que puedes, te sientes bien contigo aunque todavía hagas suposiciones, aunque todavía te tomes las cosas personalmente y aunque todavía no seas impecable con tus palabras.

Recuerda: la práctica hace al maestro. Todo lo que sabes lo has aprendido mediante la repetición. Aprendiste así a escribir, a conducir e incluso a andar. La acción es lo que importa.

Los Cuatro Acuerdos

Estos son los Cuatro Acuerdos de la sabiduría tolteca. Si decides honrar estos cuatro hábitos, tu vida se transformará. Pero para mantenerlos, necesitas una voluntad fuerte, porque vayamos donde vayamos descubrimos que nuestro camino está lleno de obstáculos.

Si te caes, levántate. Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día, descubrirás que estos cuatro hábitos se han instaurado en tu vida.

No te inquietes por el futuro, mantén tu atención en el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día y haz siempre lo máximo que puedas por mantener estos hábitos. Ponte en pie, honra a la persona que eres y pasa a la acción.